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Relato de un amor prohibido

16/06/2012 01:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageLe fascinaba ir al cine. A diferencia de otros amigos, él no estaba interesado en las películas de Truffaut, Rohmer, Resnais o Godard. No les entendía a sus filmes y se le hacían aburridos. Sin embargo pasó cientos de horas sumergido en las salas agarrado a una butaca y dominado por la enorme pantalla. El séptimo arte no lo atrapó por el arte en sí, ni siquiera las historias le importaban. El motivo que lo sedujo tenía forma y nombre de mujer, Catherine Deneuve.

La belleza de la actriz francesa le robó varias noches de sueño. Pegado a la almohada se preguntaba cómo podía existir una diosa semejante en este mundo. Repasaba en su mente los diferentes mundos ficticios construidos con la diva. "Un día nos conoceremos y entonces sabrá cuánto la amo", se decía sonriéndole a la oscuridad de su recámara.

Los sueños infantiles y adolescentes junto a la amada pasaron a segundo plano en 1983 cuando firmó su contrato profesional con Montpellier. Tenía 18 años y era momento de ser el joven con hambre de trascender en el fútbol. Deneuve era una utopía, el balón una realidad.

Transcurrió el tiempo. Los años pasaron, pero hicieron una pausa en 1994. El fracaso de la selección francesa por no calificar al Mundial de Estados Unidos era el deleite de la prensa nacional. "Los búlgaros nos echan en casa, ¡una vergüenza", tituló un diario. Dentro de ese grupo de fracasados estaba él, ya convertido en todo un futbolista.

Tras la eliminación vio en la televisión una entrevista hecha a Catherine Deneuve. El sentimiento seguía intacto, solamente se había dormido. Al contemplarla, bella y tan joven como en el pasado, volvió a jurarse que un día la conocería. Sin embargo vino una declaración de su diosa que lo sacudió: "Fracaso francés es que nuestros niños no rían, que el mundo no sea igual para todos. El fútbol no vino a ayudarnos, sino a empeorar las cosas. Salga y vea todos los rostros sin aspiraciones".

Con brusquedad sintió el golpe verbal de la actriz. Para calmar la conmoción salió a recorrer calles parisinas. Quienes lo reconocieron lo insultaron e incluso Claude, un pequeño de seis años, se acercó a escupirle los zapatos. "Ella tiene razón, no hemos hecho nada", susurró.

Las palabras de la diva y el escupitajo de Claude lo acompañaron para lo que venía. En 1998, en la Copa del Mundo efectuada en casa, saldría campeón del orbe. Junto a Zidane, Djorkaeff, Thuram y Deschamps borró el trago amargo del 94′ y de paso sembró una alegría que tanto necesitaba el pueblo francés, la Francia triste y desigual que le reveló su amada. Dos años después se coronaría campeón de Europa en Holanda tras vencer a Italia 2-1.

Francia estaba en boca de todos. Los medios no hacían otra cosa que adular a los campeones, principalmente a Zidane. Mientras tanto, Deneuve promocionaba la película Dancing in the dark. Un reportero parisino le cuestionó qué pensaba sobre el auge de la selección gala, sobre los ídolos de la patria. "Me da gusto. Nos descubren que no todo en el país es tristeza y que se pueden vencer las barreras raciales con una pelota", respondió.

Al mismo tiempo pero en casa del entrenador Aimé Jacquet, Laurent Blanc cenaba con su mentor y como amigos le confesó que ya no tenía la ilusión de conocer a la diva. Jacquet lo paró en seco.

-A los sueños y a los amores, así sean prohibidos, jamás se renuncia.

-Pero ya estoy grande, ya soy un hombre.

-Entonces no sirves para entrenador.

-¿Por qué?

-La ambición de ganar la tenemos todos. Pero ese camino se moldea respetando las ilusiones propias y las de otros. ¿Qué sería de un equipo sin afición y viceversa? No tendría sentido. Y si no tiene sentido para qué seguir. ¡Deja de pensar como un hombre y vuelve a ser niño!, vuelve a encontrar tu sentido.

En 2010, tras otro fracaso galo, ahora en el Mundial de Sudáfrica, Blanc tomaba las riendas como nuevo director técnico de Francia. En su presentación dijo lo siguiente:

Cuando me puse el uniforme, una casaca con los colores azul, blanco y rojo con un animal en ella, sentí que estaba comenzando algo. A los jugadores les dije que estaban aquí para prepararse lo mejor que pudieran para jugar al futbol y, sobre todo, para divertirse.

Añadió que el objetivo inmediato era el "sueño de ganar la Eurocopa, el sueño de todos y cada uno de nosotros".

Semanas antes Jacquet intuyó, si no es que sabía, que Blanc sería el nuevo entrenador nacional. Con el pretexto de hablar de futbol lo invitó a comer. Para sorpresa de Laurent, en la mesa, junto al Profe, estaba Catherine Deneuve. Jacquet los presentó. Blanc se quedó mudo y su amada expresó: "Por fin se me hizo conocer al hombre que besaba la cabeza del portero calvo. Iba a decir que era, pero es usted un tipo atractivo. Quiero pedirle un favor. Sería usted tan amable de firmarme una playera, es para mi nieto". Acto seguido, Blanc firmó la camiseta del adolescente que lo idolatró en 1998 y en el 2000, el nieto de la mujer a la que no pudo decirle que amaba desde que era niño.


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elbuenfutbol.com
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