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Remembranzas del Consejo Popular por la Nacionalización del Golfo de California

21/07/2011 19:12 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

El guaymense Marco Antonio Murillo Lozano, ya muerto, fue su creador. Le conocí en 1975 en Cajeme. En mi bolsillo no pesaba ni una moneda. El encuentro fue casual: gané un concurso de oratoria. Fue una época de discursos incendiarios contra los "yanquis" y las transnacionales

Cuauhtémoc Mávita E./periodista

Hace unos días, el 20 de julio, el licenciado Marco Antonio Murillo Lozano, avecindado en Guaymas, cumplió cuatro años de muerto. Para muchos fue un soñador, para otros fue un litigante común que pretendía abrirse paso en el ejercicio de la política, pero encontró caminos que le estaban vedados, ya que no era parte de los grupos que además del dinero también detentaban el poder desde adentro y fuera del gobierno.

Lo conocí casualmente a mediados de 1975 en Cajeme. En ese tiempo, un adolescente el que esto escribe, arribé a esa ciudad en la búsqueda de una fuente de trabajo. En mis bolsillos no pesaba ni una moneda. Sin embargo, tuve la fortuna de leer un llamado en la antigua biblioteca municipal de ese poblado, en la cual el llamado Consejo Popular por la Nacionalización del Golfo de California convocaba a un concurso municipal de oratoria; el presidente de ese consejo era nada más y nada menos que Murillo Lozano. Me inscribí en el certamen y otro día, sin ser orador, me presenté a concurso. Gané el tercer lugar y por supuesto unos pesos que mucha falta me hacían. Posteriormente me adjudicaría el primer lugar en el concurso estatal.

Ese fue el comienzo de una buena experiencia. Conocí al guaymense, pero también a Juán Carlos Murillo Aispuro, hermano de Miguel Angel; a Jesús Zempoalt López, a Arturo Pinto Guerrero, el primero con la intención de abrirse paso en la educación, y los dos últimos en las ciencias del Derecho. Ignoro que hacen actualmente y donde residen. Pero ¡Qué tiempos aquellos! Fue una etapa de discursos incendiarios contra el capitalismo “yanqui” y las transnacionales que se robaban impunemente las riquezas del Mar de Cortes. Cuando no arengábamos a la muchedumbre en la plaza de Los Presidentes de Guaymas, era en la plaza 18 de Marzo (actualmente Lázaro Cárdenas) en Ciudad Obregón, o en Hermosillo, frente al Palacio de Gobierno.

La bandera de Murillo Lozano era hacer presión para que, según él, se nacionalizara el Mar Bermejo, y frenar a los barcos pesqueros con matrícula extranjera que avorazadamente se apropiaban del calamar gigante y de la totoaba marina.

En esa movilización involucramos a todas las organizaciones priístas y las no priístas. Al primero que tuvimos que “borrar” de la papelería fue al ahora ex alcalde de Cajeme, Sóstenes Valenzuela Miller. No quiso nada. Como si en esa movilización hubiera visto al “Diablo”.

Sin embargo, en noviembre de 1975 el entonces Presidente de la República, Luis Echeverría, envió al Congreso de la Unión una iniciativa, en la cual solicitaba la aprobación de los diputados y senadores para reformar el artículo 27 constitucional: “Ar tículo 27. . . . . . . . . . . . . .La nación ejerce en una zona económica exclusiva situada fuera del mar territorial y adyacente a éste, los derechos de soberanía y las jurisdicciones que determinen las leyes del Congreso. La zona económica exclusiva se extenderá a doscientas millas náuticas, medidas a partir de la línea de base desde la cual se mide el mar territorial. En aquellos casos en que esa extensión produzca superposición con las zonas económicas exclusivas de otros Estados, la delimitación de las respectivas zonas se hará en la medida en que resulte necesario, mediante acuerdo con estos Estados”.

"El Nacionalista" fue un tren que nunca existió. Me imagino las carcajadas de Murillo

Esa solicitud fue aprobada en enero de 1976, con lo cual se ampliaba el mar patrimonial a 200 millas marinas y con lo cual, cuando menos teóricamente, las riquezas, en este caso, del Golfo de California, quedaban protegidas. En abril de ese año ese ordenamiento empezaría tener vigencia.

En otras palabras, la movilización de Murillo Lozano, a lo mejor sin proponérselo, daba frutos. Eso le entusiasmó e ideó como “divulgar” ese logro que, ante los políticos que le dieron la espalda, lo encumbraba y subía sus bonos por la influencia de la investidura presidencial. Solo que el presidente Echeverría Alvarez estaba a punto de irse y se aprestaba para traspasarle la banda presidencial a José López Portillo. Era la época del presidencialismo y del carro completo para el PRI.

Pero la historia no termina en ese episodio. Estando en Cajeme, el comité en pleno por la Nacionalización del Golfo, recibió un comunicado, casi una orden, de Murillo Lozano, de juntar a todos los cajemenses que fuera posible para trasladarlos en tren a la Ciudad de México y realizar una concentración en el zócalo para darle las gracias al primer mandatario. Aquel tren, nos manifestó Lozano, se llamaría “El Nacionalista”. Nunca se me ha olvidado cuando, frente a lo que fue la estación del ferrocarril en Ciudad Obregón, las multitudes vitoreaban a Echeverría Alvarez, mientras esperaban impacientemente la llegada del tren.

Ya entrada la noche, y ante las presiones de la turba, una chispa divina proveniente de lo alto me hizo ir acompañado de dos o tres personas a preguntarle al jefe de la estación porque se estaba demorando la llegada de “El Nacionalista”. No supo que le preguntaba, pero atinó a contestarme que el tren no iba a pasar porque se había caído un puente cerca de San Blas en Sinaloa. Y eso fue lo que, desde el monumento al ferrocarrilero le hice saber a la gente, al mismo tiempo que les subrayaba que estuvieran al pendiente de la radio y los periódicos porque los llamaríamos de nuevo.

Seguidamente, como alguien que es sorprendido en una acción punible, me escabullí y me perdí entre la multitud.

Vale decir que Murillo Lozano nos “chamaqueó”, algo muy común en él, nada más por una cosa: el tren “El Nacionalista” jamás existió. No quiero ni hacerme a la idea como sería n las carcajadas de Murillo.

Vale también decir que desde entonces dejé que las cosas sucedieran por si mismas. Me dediqué de lleno al ejercicio del periodismo y más adelante a la docencia, por cierto las dos actividades que más me han apasionado en la vida.

Casualmente, en enero de 1976 se amplió el mar patrimonial a 200 millas náuticas


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Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
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Usuario anónimo (22/07/2011)

"El Nacionalista", en definitiva, nunca existió...

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Usuario anónimo (05/12/2012)

En el siguiente link encontrará una excelente crónica acerca del Lic. Murillo búsquelo en el hebdomadario Mtu Proprio...en el google