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Remodelan centro cultural que rinde homenaje a “El Nigromante”

14/06/2011 02:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El centro cultural “El Nigromante”, llamado así en homenaje al abogado, periodista, poeta, ideólogo, maestro y político liberal Ignacio Ramírez, recibe este año una inversión superior a los 11 millones de pesos para su remodelación. Los recursos de la Secretaría de Turismo del estado son destinados en la restauración de techumbres, cubiertas, cambio de instalaciones eléctricas, entre otras. En los trabajos, previstos para cinco meses, el Municipio participa como verificador y el INBA supervisa la obra, según se informó durante la presentación del proyecto, en el primer trimestre de este año. Considerado un liberal puro, que pugnaba por eliminar todo rastro del México Colonial y porque los indígenas exigieran el respeto de sus garantías, Ignacio Ramírez, mejor conocido como “El Nigromante”, nació en San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, Guanajuato, el 23 de junio de 1818. En Querétaro cursó la educación básica y a los 17 años ingresó al Colegio de San Gregorio, en la Ciudad de México, donde estudió artes. En 1841 se inscribió en la Universidad Pontificia Nacional en la carrera de jurisprudencia y cuatro años más tarde se tituló con honores. Desde los 19 años fue miembro de la Academia Literaria de San Juan de Letrán, pues ya en aquella época se distinguía por sus ideas radicales: en su discurso de aceptación, polémico como ninguno, sustentó su postura anticlerical y expresó su negación ante la existencia de Dios afirmando que los seres vivos se sostenían por sí mismos. Ingresó en el periodismo en 1845, cuando junto con sus amigos Guillermo Prieto y Vicente Segura iniciaron el tiraje de “Don Simplicio”, publicación que les permitió promover la reforma política, religiosa y económica que, desde como liberales puros, necesitaba el país. Fue en esas páginas donde comenzó a firmar sus colaboraciones con el seudónimo que ya no abandonaría: “El Nigromante”, nombre que hace alusión a la facultad de adivinar el futuro. Sus textos, desde el principio, se caracterizaron por las grandes dosis de sarcasmo, ironía y crítica que vertió sobre las posturas conservadoras del gobierno en turno. Como parte de la censura que dominaba en aquellos tiempos, se cerró el periódico y los editores fueron a dar a prisión. Ignacio Ramírez cumplió una breve sentencia, pero ya había descubierto que el periodismo era un poderoso instrumento civilizatorio y de divulgación ideológica. En el tiempo que le tocó vivir la creación artística estaba muy relacionada con la efervescencia política del momento, por lo que la mayoría de sus textos se ocuparon de los problemas nacionales; el suyo no fue tanto un ejercicio de creación, como de observación y crítica ante la realidad nacional. Fue llamado a colaborar en el gobierno del Estado de México y se trasladó a Toluca, donde, además de participar en la organización de la administración pública, litigar y colaborar en diversas publicaciones de corte liberal, fue fundador y se desempeñó como docente en el Instituto Literario impartiendo las cátedras de Literatura y Derecho. Ramírez Calzada tuvo como uno de sus más destacados discípulos a Ignacio Manuel Altamirano. Siempre creyó que el conocimiento científico y la instrucción libre y humanista serían las piedras angulares que sostendrían la reconstrucción de México. Entre 1848 y 1852 realizó diversas actividades políticas, principalmente en el norte del país, y para 1853 decidió trasladarse a la Ciudad de México, donde aprovechó cada oportunidad para criticar y descalificar, desde diversos espacios, el régimen dictatorial de Antonio López de Santa Anna; fue encarcelado por 11 meses, tiempo que permaneció encadenado. Libre con el triunfo de la Revolución de Ayutla, fue nombrado secretario de Ignacio Comonfort, puesto al que renunció para unirse al partido liberal con Benito Juárez, Melchor Ocampo y Guillermo Prieto. Fue diputado por Sinaloa de 1856 a 1857. En el Congreso destacó como orador y líder liberal, además que participó en la elaboración de las Leyes de Reforma. Se desempeñó como titular de la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública, en el cargo creó la Biblioteca Nacional y unificó la educación primaria en el país; en la de Fomento reformó la ley de hipotecas e hizo efectiva la independencia entre el Estado y la Iglesia. Combatió a los franceses durante la guerra intervencionista, defendió a los presos políticos y escribió para “La opinión” y “La estrella de occidente”; fue desterrado a Estados Unidos. Regresó a México aún durante el Imperio de Maximiliano de Habsburgo, quien ordenó su encarcelamiento en San Juan de Ulúa. Con el triunfo de la República fue nombrado magistrado de la Suprema Corte. Hombre de posturas definidas, criticó duramente la política reeleccionista de Benito Juárez, por lo que fue a parar a prisión una vez más, señalado por los juaristas. Ya en libertad, regresó a su magistratura y permaneció ahí por 12 años hasta que fue nombrado Ministro de Justicia e Instrucción Pública en el gabinete de Porfirio Díaz; en 1877 renunció al cargo, volvió a la Suprema Corte y murió dos años más tarde en la ciudad de México, el 15 de junio de 1879. Escribió también en “El federalista”, “El monitor republicano” y “El siglo XIX”, donde, además de tomar postura ante los conflictos militares y políticos más importantes de su tiempo, se ocupó de temas costumbristas y de la vida cotidiana.


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