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Rescatan arqueólogos del INAH cámara funeraria subterránea

07/09/2011 09:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

(Ampliación) (Material con apoyo fotográfico) * La cripta de mil 400 años de antigüedad posiblemente fue saqueada antes de la llegada de los españoles * La cámara funeraria fue localizada gracias a un reporte de los ciudadanos Chilpancingo, Gro. 7 Sep. (Notimex).- Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en la localidad de Chilacachapa, del municipio de Cuetzala del Progreso, rescataron una cámara funeraria subterránea de aproximadamente mil 400 años de antigüedad, profanada en tiempos prehispánicos. El hallazgo se registró en la calle Calvario de esa localidad, cuando habitantes del lugar desmontaban un muro de piedras sobrepuestas que corría el riesgo de colapsarse; debajo de éste encontraron un relleno que al ser removido dejó al descubierto la entrada a una cripta. Debido a ello, los vecinos acudieron al Centro INAH-Guerrero, para que especialistas constataran el descubrimiento y procedieran a su exploración. El arqueólogo a cargo de la excavación, Edgar Pineda Santa Cruz, aseguró que los trabajos de excavación fueron realizados con extremo cuidado, ya que la cámara funeraria estaba cubierta de aproximadamente metro y medio de relleno, compuesto por materiales depositados en el momento de la ocupación de la tumba, entre 600 y 900 d.C y de su saquero, entre 1400-1500 d.C. El experto del Centro INAH-Guerrero explicó que para poder acceder a este espacio, se excavó un pozo lateral de 1.60 metros, con el que se espera se puedan conocer los estratos arqueológicos y mantener la conservación de la o las osamentas, ya que este acceso protege la entrada original. Pineda Santa Cruz detalló que tras registrar capa por capa el relleno, se concluyó que el o los esqueletos, quizá correspondieron a un gobernarte y fueron extraídos seis siglos atrás, antes de la llegada de los españoles, cuando Chilacachapa —vía la provincia de Tepecoacuilco— tributaba a la Triple Alianza, conformada por Tenochtitlan, Tlacopan y Texcoco. El especialista apuntó que esta tumba de élite corresponde al periodo Epiclásico (600-900 d.C.), y fue probablemente creada por grupos de filiación chontal. Su profanación, siglos después, podría entenderse como una forma en que pueblos venidos del centro de México intentaron legitimar su poder tras el sometimiento de Chilacachapa. “La cámara se usó en dos ocasiones. La primera de ellas está marcada por un piso de arcilla cocida a manera de bajareque, y la segunda por un piso de estuco burdo que tiene una cavidad circular de 30 centímetros de diámetro y 40 centímetros de profundidad, en el que se encontró depositada una olla fragmentada con indicios de carbón” mencionó. El arqueólogo precisó que la cripta se encontró en buen estado de conservación y destaca por su arquitectura, la cual guarda similitudes con las tumbas del área maya, ya que posee una bóveda que termina en forma de arco, que fue hecha con lajas (piedras calizas) que soportan la techumbre de la estructura. Tiene una planta rectangular de dos metros de ancho por 3.70 de largo, y dos metros y medio de altura. El experto del Centro INAH-Guerrero mencionó que el sepulcro prehispánico está asociado a un edificio que debió tener nichos en sus fachadas, y que a su vez formó parte del centro ceremonial de la antigua ciudad. Asimismo, en las esquinas de la cámara había sahumadores y dos vasijas-rostro (antropomorfas) fragmentadas. Por su parte, el arqueólogo Antonio Hermosillo Worley, quien forma parte del equipo de investigación, subrayó que los materiales encontrados al interior de la cripta, remiten a que tras saquearla fue rellenada con lajas sobrepuestas y capas de tierra, y posteriormente le prendieron fuego, a manera de acto ritual, como lo sugieren los residuos de carbón encontrados. De los objetos encontrados, dijo que probablemente fueron parte de la ofrenda que acompañó al individuo sepultado, entre los que destacan lentejuelas de concha, un anillo de caracol (Strombus gigas), una cuenta de piedra verde, huesos de cánidos y aves, y cerámica de estilo teotihuacano, mientras que las piezas más valiosas, quizá fueron saqueadas en el periodo Posclásico. “La materia prima con que fueron hechas estas piezas son prueba del estatus social que tuvo el personaje que se enterró en la cámara”, aseveró Hermosillo. Añadió que “su origen foráneo señala que Chilacachapa formaba parte de una ruta comercial importante y que tenía una ubicación estratégica, debido a que se ubica en una zona serrana —a una altitud superior a los mil 600 metros sobre el nivel del mar—, lo que implicaba que fue un punto importante de vigía”. Sobre los materiales que tal vez corresponden al momento del saqueo, el investigador destacó el hallazgo de varios punzones de hueso y de navajillas prismáticas de obsidiana gris. Estos objetos son de carácter doméstico y no coinciden con los de tipo suntuario con que fue enterrado el individuo en un primer momento. Finalmente, con la ayuda de Alfonso Nájera, Jacinto Herrera y David Flores, habitantes de Chilacachapa, se trabaja en el apuntalamiento de elementos con grietas, como algunas lajas del techo, consolidación de algunas zonas con una mezcla de cal-arena y arcilla, y en la reintegración de volumen a la estructura que contiene la tumba. Todo ello con miras a dejar el espacio como una ventana arqueológica.


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