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Restauran obra de Zurbarán ubicada en el Monasterio de Guadalupe

26/08/2010 03:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Ministerio de Cultura de España dio a conocer la finalización de la restauración de un lienzo del pintor extremeño Francisco de Zurbarán, quien falleció el 27 de agosto de 1664, perteneciente al Monasterio de Guadalupe. La pintura, que representa la figura Fray Martín de Vizcaya mientras da pan a los pobres, se encontraba muy afectada por el ataque de termitas y humedad, informó en días pasados el Ministerio de Cultura. De Zurbarán demuestra, en esta pieza, sus grandes dotes para representar las telas, el mimbre del cesto y la superficie del pan, en un alarde perfeccionista de su excelsa capacidad para reproducir naturalezas muertas. Las pinturas del Monasterio de Guadalupe, ocho en total, es el único conjunto de Francisco de Zurbarán conservado in situ, las cuales desarrollan temas de la crónica de la orden de los Jerónimos. Esta galería será reabierta al público en septiembre próximo. El pintor español Francisco de Zurbarán fue el máximo representante del Barroco y el Naturalismo tenebrista, por el uso que hizo de los contrastes de luz y sombras en obras como “Crucificado”, “Santo Domingo en Soriano” y “La adoración de los pastores”. A pesar de la escasa información sobre los primeros años de su vida, se sabe que nació el 7 de noviembre de 1598, en Fuente de Cantos, España, en el seno de una familia conformada por comerciantes. En 1614 Pedro Díaz de Villanueva, pintor de Sevilla, lo tomó como aprendiz durante tres años. En esta época, el panorama artístico español era muy fértil y De Zurbarán fue coetáneo de los grandes pintores del llamado Siglo de Oro del arte español. Al terminar sus primeros estudios, no regresó a su pueblo, sino que marchó a Llerena. Sus primeros trabajos consistieron en pequeñas obras secundarias y algunos diseños urbanísticos, pero su talento comenzaba a ser reconocido. En 1626 recibió un encargo para el convento de San Pablo el Real de Sevilla, de 21 lienzos, el cual provenía de la orden de los dominicos, una de las órdenes más poderosas de Sevilla, que representó para de Zurbarán la posibilidad de penetrar en el hermético mercado sevillano. De los 21 lienzos aún se conservan intactos algunos, como la “Curación milagrosa de Reginaldo de Orleans”, “Santo Domingo en Soriano”, “Padres de la Iglesia”, “San Gregorio”, “San Ambrosio” y “San Jerónimo”. Tiempo después pintó el “Crucificado”, actualmente en el Art Institute de Chicago, Estados Unidos, obra con la que se enfrentó y apropió del llamado naturalismo tenebrista. Uno de los temas de mayor éxito en su obra, aseguran sus estudiosos, fue el de “Cristo en la cruz” (1630), modelo que contribuyó a incrementar la fama del pintor, pues lo llevó a colaborar en la decoración del Palacio del Buen Retiro, mandado a levantar por Felipe IV. Cuatro años después, firmó uno de los contratos más importantes en su carrera y del arte hasta el momento: la serie conventual del Monasterio de Guadalupe, única en su género que se ha conservado intacta in situ, siguiendo la colocación original desde el siglo XVII, de la cual fue restaurada recientemente una de las ocho obras que componen la galería. La década de 1640 es la más fructífera de su obra, cuando realiza varias pinturas para el monarca Felipe IV, a la que siguió un declive, pues no recibe tantos encargos como en épocas anteriores, aunque continuó con la elaboración de excelentes obras. Aunque De Zurbarán pintó historias e imágenes religiosas aisladas, sus obras principales fueron retablos y series de lienzos para conventos, como el ciclo de “Historias de San Buenaventura del Colegio Franciscano de Sevilla” y “Las dos visiones de San Pedro”, ambas exhibidas actualmente en el Museo del Prado. Las obras de los años siguientes reflejan lo visto y aprendido en Madrid, especialmente las composiciones de Bartolomé y Vicente Carducho, así como el color y el paisaje atmosférico de Diego Velázquez. La década siguiente se inició con un declinar de los encargos de importancia, puesto que se produjo una crisis económica general en toda España, además de una sublevación en Andalucía, capitaneada en vano por el duque de Medina Sidonia en 1641. Esta crisis forzó a los pintores a mirar hacia mercados alternativos. Aumentaron las series para América, lo que provocó una industrialización de los modelos, se fabricaban santos estereotipados casi en serie, con modelos de baja originalidad y calidad. En 1649 se produjo una epidemia de peste en Sevilla que redujo su población a la mitad. En ella murieron casi todos los hijos del pintor. Tal vez fue ésta la razón por la que De Zurbarán comenzó a plantearse cambiar su lugar de residencia. Su estilo, adscrito a la corriente tenebrista por el uso que hace de los contrastes de luz y sombras, se caracterizó básicamente por la sencillez compositiva, el realismo, el rigor en la concepción, exquisitez y ternura en los detalles, formas amplias y plenitud en los volúmenes, monumentalidad en las figuras y apasionamiento en los rostros realistas. Francisco de Zurbarán continuó con sus trabajos a pesar de las dificultades económicas que tuvo los últimos años de su vida, hasta su muerte, ocurrida el 27 de agosto de 1664.

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