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Resucitar el Mamut clonándolo, una aventura científica y humana al alcance de la mano

10/06/2013 13:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde los años 40 el hallazgo de restos de mamuts bajo los hielos de Siberia prendió la idea entre los científicos de clonar un mamut sobre todo después de la clonación de la oveja Dolly. Lo infortunio del desenlace de este experimento no ha impedido que la clonación siga

Tenían el tamaño de un elefante africano, y una cabeza defendida por un par de colmillos que usaban para raspar la superficie de la nieve y dejar a la vista la hierba y los líquenes que había debajo del hielo, para comer.

Su pelambre espesa, de color pardo oscuro o negro, les defendía del frío glacial. Los últimos mamuts, sobrevivieron en la tundra siberiana hasta hace pocos siglos. Las leyendas y mitos de Siberia afirman haber visto algunos recientemente en la espesura de la tundra. Durante el Paleolítico superior (hace 35.000-10.300 años) esta especie habitaba en toda Europa, incluida la península Ibérica, lo que prueban las pinturas rupestres en las cuevas de Cantabria, tan cuidadas en el País Vasco, aunque el totem vasco es el caballo no el mamut, según Oteiza. Su extinción total hace unos 15.000 años es todo un misterio; quedaron grupos aislados en espesor de la tundra y las estepas siberianas, de los que se tiene un recuerdo más o menos vivo.

Existen diversas teorías sobre la desaparición tan súbita de la especie y se ha descartado que fuera culpa de los cazadores prehistóricos, aunque este pudo ser un factor añadido no importante. Otras historias hablan de un extraño virus que afectó a la población y se propagó a gran velocidad por Europa como si se tratase de un virus de gripe humana o de ébola, teoría harto improbable que hasta la fecha no ha podido ser respaldada científicamente al no haberse encontrado rastros del ADN de dichos virus en los muchos exámenes realizados últimamente en los intentos por clonarlo...

La explicación más difundida de la extinción de los numerosos grupos (los mamuts no andaban en manadas), no fue una repentina subida de las temperaturas, una era polar (o bajada) sino una serie de inviernos muy extremos y las enfermedades. Son las causas más barajadas por los historiadores.

Los mamuts eran animales migratorios que se desplazaban lentamente hacia el sur en invierno, y volvían al norte en verano. Ciertamente, podían vivir bajo un frío extremo, con su espeso pelaje, y sus jorobas de grasa que, como las del camello, almacenaban energía. Pero quizá las olas de frío continuas en inviernos casi polares les impidieron rascar en el suelo y al no encontrar el alimento que necesitaban durante tanto tiempo, los grupos fueron disminuyendo y terminaron por desaparecer tragados por el hambre.

Un extenso estudio genético sobre el extinto mamut lanudo, ha revelado que la especie no era un gran grupo homogéneo, como los búfalos o los renos, cosa que muchos científicos habían asumido hasta hace poco, y no tenía mucha diversidad genética. La población estaba dividida fundamentalmente en dos clases de Mamut Lanudo y una de ellas se extinguió hace 45.000 años, mucho antes de que los primeros humanos empezaran a habitar la región. Se han analizado los genes en pelos obtenidos de los mamuts individualmente, con métodos nuevos hasta hace poco desconocidos en estudios realizados a partir del registro fósil.

Es la primera vez que los científicos han analizado con gran detalle la estructura de una población completa de mamíferos extintos, utilizando el genoma mitocondrial entero, es decir, todo el ADN que constituye los genes presentes en las estructuras de las mitocondrias dentro de las células.

Los cuerpos de mamuts encontrados en el norte de Siberia, descubren que el intervalo de las fechas de sus muertes llega a veces a 47.000 años, yendo desde hace aproximadamente 10.500 años, hasta hace unos 60.000.

Stephan C. Schuster, profesor de bioquímica y biología molecular en la Universidad Estatal de Pensilvania, y Webb Miller, profesor de biología y ciencias de la computación en la misma universidad, dirigieron el equipo de investigación internacional, que incluye a Thomas Gilbert de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, y otros científicos en Australia, Bélgica, Francia, Italia, Rusia, España, Suecia, el Reino Unido y los Estados Unidos. En el equipo también figuran expertos en el campo de la evolución del genoma, el del ADN antiguo y el de la paleontología de los mamuts, así como varios conservadores de museos de historia natural.

Cada cierto tiempo, el hallazgo de un mamut en buen estado, congelado en el permafrost de la tundra, salta a las páginas de los periódicos.

La secuenciación del material genético (ADN nuclear) del mamut lanudo, publicada en la revista Nature en 2008, despertó nuevas expectativas en la comunidad científica. ¿Será posible rescatar a decenas de especies que se creían desaparecidas para siempre?

Los descubrimientos de varios mamuts congelados inspira la idea de la clonación o resurrección de la especie

El mamut cuyos restos se encontraron en Berezovka (a principios del siglo XX) proporcionó a los científicos un material de trabajo muy original y valioso. Un detalle muy curioso: la hierba musgosa y líquenes de varias clases, además de ramas verdes de árboles de la tundra, como abetos y pinos y las flores que se hallaron en la boca de la criatura indicaban que había sufrido una muerte repentina... Y no por hambre. El doctor Herz, jefe de la expedición, pensaba que muchos otros mamuts pudieron haber muerto del mismo modo.

La presencia de ciertas semillas en su estómago indicaban que la muerte se había producido en otoño. Los ranúnculos sin masticar eran el síntoma de que el mamut debió de encontrarse con un desastre súbito. El animal debía estar pastando cuando pisó hielo demasiado delgado y cayó pesadamente en el profundo barranco, rompiéndose una pata y la pelvis. Al debatirse en el suelo hizo caer toneladas de nieve y fango semicongelado de los lados del barranco, y murió de asfixia.

Esto dio la pista sobre donde buscar cadáveres parcialmente preservados en el cinturón de permafrost. En 1948, por ejemplo, durante unas excavaciones que de empleaban una manguera de alta presión, en Alaska, pusieron al descubierto la cabeza y los cuartos delanteros de una cría de mamut, mientras un ejemplar aún mejor que el de Berezovka salió a la luz en la misma zona -Yakutsk- en el transcurso de unos trabajos de obras públicas en el verano de 1977.

El mamut de 1977 había muerto igual que el de 1900 como sugería Hertz. La escuela catastrofista del cambio climático del desastre colosal que causó un cambio brusco de temperatura y heló los desiertos siberianos, privando de su comida a los mamuts, resultaba ahora más improbable.

Ningún hombre de ciencia ha dado una explicación totalmente satisfactoria de las razones de la extinción del mamut lanudo, ya que las raíces, hojas y pinos-su dieta habitual, hallados en el estómago del mamut de Berezovka, todavía florecen en Siberia, y tomando en cuenta el testimonio de Gallon, existen posibilidades reales de que unos pocos de estos gigantes lanudos hayan seguido pastado en los enormes y casi inexplorados bosques de Siberia, lo que parece descartar la muerte por hambre.

Hay una evidencia, mucho más próxima a nosotros: el 28 de octubre de 1981, los titulares de los periódicos mejor informados de Moscú anunciaban sensacionalmente: "Mamuts vivos, vistos en Yakutia (Siberia)." Al parecer, un grupo de cazadores habían avistado a unos 300 m de distancia una manada de mamuts vivos. Fuentes militares soviéticas, aportaron como prueba moldes de las huellas. A partir de aquel momento, la Academia de Ciencias de la URSS tomó cartas en el asunto; pero no hubo el añadido de las pruebas fotográficas prometidas.

El japonés Akira Hiritani sabe bien todo esto, pues empezó su aventura antes del 2000 y ahora tiene 80 años y pico y sigue buscando.

El propio Hiritani, ha prometido varias veces durante una década "un milagro de la ciencia, resucitar el mamut", y está en ello hoy sin haber podido realizar el milagro. El científico nipón ha repetido tres veces el procedimiento exactamente y ha fracasado aún por qué, el material (el mamut hallado enterrado en el permafrost) le falló.

Un último hallazgo ruso puede llegar a cumplir el ‘milagro de la ciencia’ del profesor Akira Hiritani

Pero en fecha reciente el hallazgo de una hembra del extinto paquidermo, en la isla ártica siberiana Mali Liajovski, situada al norte la república de Yakutia, hizo movilizarse a los científicos rusos. El animal estaba en un extraordinario estado de conservación, con restos restos de sangre líquida.

Científicos de todo el mundo se centran ahora en el último hallazgo y hazañas del paleontológico ruso Semion Grigoriev. El renacimiento del mamut depende del material genético (ADN nuclear)

"Es la segunda vez en la historia que el hombre logra encontrar una trompa de mamut en perfecto estado. Además, también se conservaba muy bien la mitad del cráneo, las patas delanteras, fragmentos de los músculos, huesos y un trozo de carne del abdomen", dijo.

Semion Grigoriev, director del Museo del Mamut de la república siberiana de Yakutia, dice:"cuanto más trabajo en este terreno más fe tengo en que la clonación del mamut es posible, aunque sé que la mayoría de los científicos no creen en esa resurrección". El paleontólogo ruso trabaja pues en una isla científica porque cada vez son más los que creen que es virtualmente imposible hallar células en perfecto estado 10.000 años o más después de la muerte de un ser vivo.

‘Mi esperanza se basa en que éste que tenemos es el mamut mejor conservado de la historia.

Tras descifrar el genoma del mamut, del que por ahora sólo se conoce el 70%, habría que sintetizar su ADN, discernir su organización por cromosomas y poner en marcha el mecanismo de reduplicación. Y si no logramos reproducir sus células, siempre podremos descodificar su genoma (información genética) completo. Es una oportunidad única que no podemos desaprovechar’.

La historia de ese milagro es sin embargo una aventura científica apasionante y DIASPORA acomete hoy su reconstrucción.

La expedición científica rusa llegó el 9 de mayo 2012 a la isla ártica Mali Liajovski, la mitad de cuyo territorio se encuentra dentro del Círculo Polar Ártico, es decir, bajo hielos perpetuos. Gracias al inmenso congelador que es Yakutia, en los últimos cinco años se han encontrado restos de tres de los cuatro mamuts mejor conservados del mundo. La isla ártica se conoce entre los científicos como el mayor cementerio de animales prehistóricos del planeta, y es el escenario de la aventura de Grigoriev. .

El científico cree que la mamut cayó accidentalmente en un hoyo, lo que aprovecharon los depredadores, que le mordieron toda la parte anterior, ocasionándole heridas profundas."La mitad del cuerpo del mamut estaba bajo el hielo. ’Lo primero que hicimos fue picar el hielo a la altura del vientre. Llegado un momento, para nuestra sorpresa comenzó a correr sangre de las heridas de las patas delanteras", relata Grigoriev e insiste en que "era sangre de un rojo muy oscuro, casi granate, algo normal si tenemos en cuenta que han podido pasar entre 10.000 y 15.000 años desde la muerte del animal".

"Algunos lo dudan, pero yo creo que no puede ser otra cosa que sangre. Nadie había visto antes fluir la sangre de un mamut. De hecho, el hielo en el que estaba incrustado el mamut estaba totalmente ensangrentado", detalló. Dos muestras de sangre fueron trasladadas de inmediato al continente para su análisis, pero el resto del mamut de 2, 3 metros que murió a los 50-60 años fue guardado en un sótano a una temperatura ambiente de 15 grados bajo cero en el norte de Yakutia. "Ya en el continente pensábamos llevarla al museo pero por fin decidimos no hacerlo por el momento porque el mamut es muy sensible y el tejido adiposo puede estropearse", recordó.

El proceso detrás de la clonación del mamut de Yakuti va ser complicado. Participan en él científicos rusos, surcoreanos y chinos. También quieren ayudar sabios norteamericanos

Hace pocos días la Universidad Federal Nororiental de Yakutia firmó un acuerdo con el controvertido científico surcoreano Hwang Woo-suk, director de la Sooam Biotech (Fundación de Investigación Biotécnica de Seúl). Considerado en su momento un pionero en este terreno al clonar un perro en 2005, Hwang fue acusado en 2006 de falsificar pruebas científicas para confirmar sus atrevidas teorías sobre clonación humana. Los expertos de diversos orígenes consideran que clonar este mamut es posible porque pueden encontrarse células en él.

La Fundación surcoreana se ha comprometido a financiar la construcción de un laboratorio dotado de las más avanzadas tecnologías en la Universidad Federal Nororiental rusa, a cambio de poder colaborar en los experimentos científicos para la clonación de los mamuts.

La clave -en este intento- es la posibilidad única de encontrar tejido y células en buen estado en un animal que pereció, hace miles de años. La descodificación del ADN de la momia del paquidermo prehistórico, que es la que lleva la información genética sobre el animal, es una labor ardua que, en hasta ahora, ha concluido en fracaso al no hallarse ninguna célula viva.

Los mamuts aparecieron en África hace 3 ó 4 millones de años, dos millones de años atrás emigraron hacia Europa y Asia y llegaron a América del Norte hace 500.000 años, pasando por el estrecho de Béring.

Extinción de los últimos ejemplares siberianos hace 3.600 años

‘Queremos llevar a cabo una clonación somática, al insertar el material genético de un mamut que vivió hace miles de años en las células de una elefanta actual’ dijo un portavoz Instituto de Ecología Aplicada (IEA) de Siberia a la agencia oficial RIA-Novosti.

La fuente precisó que ‘las células madre serán trasvasadas al útero de un elefante procedente de la India, al tratarse de su pariente genético más cercano. Este animal gestará el feto durante 22 meses con el fin de que nazca una cría de mamut viva‘.

Si no se logra descodificar su información genética, los científicos podrían crear una célula artificial a partir de un paquidermo moderno, algo que algunos expertos consideran una utopía de ciencia ficción.

El Instituto Roslin, que clonó a la oveja Dolly, alberga serias dudas al respecto, ya que estima en un 1% la probabilidad de éxito de la clonación de especies prehistóricas no vivas, y opina además que, desde el punto de vista de la compatibilidad biológica, la mejor madre sustituta sería una vaca y no una elefanta, lo que plantearía graves problemas de tamaño.

Quince años después del anuncio de la clonación de la oveja Dolly, la técnica de la transferencia nuclear (en terminología científica) vuelve a estar presente en las mesas de laboratorio. Atravesó una época de incertidumbre tras la aparición de otra técnica para obtener células similares a las embrionarias (o iPS) sin necesidad de emplear óvulos ni embriones, los dos grandes handicaps éticos que estas investigaciones tienen para muchas personas. Pero los últimos análisis publicados en diferentes revistas científicas muestran las diferencias que las iPS tienen frente a sus 'primas', las embrionarias, lo que podría suponer una limitación para su empleo en humanos y un nuevo impulso para la clonación terapéutica.

Aunque se dio a conocer popularmente en todo el mundo con la aparición de la oveja Dolly el 23 de febrero de 1997, la técnica de la transferencia nuclear se conoce desde bastantes años antes, concretamente 60.

Juan Carlos Izpisua, investigador del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona y del Instituto Salk de Estudios Biológicos de La Jolla (California, EEUU), cree que "la transferencia nuclear al igual que los métodos de reprogramación a células iPS abren las puertas al establecimiento de la medicina personalizada. Estas células madre pueden diferenciarse a cualquier tejido que pudiéramos necesitar y además posibilitan el descubrimiento de nuevos fármacos. De igual importancia es el hecho de que las tecnologías de reprogramación permiten el estudio de enfermedades genéticas, que de otra forma sería imposible realizar, y lo que es más importante, la corrección genética y el reemplazo de células 'mutantes' en pacientes afectados".

Mientras, los ecologistas abogan por clonar no un paquidermo lanudo extinguido hace unos 3.500 años, sino especies en peligro de extinción, como el tigre siberiano, cuyo ADN es bien conocido.

Epigenética y Reprogramación Nuclear del Centro de Investigación Biomédica de Pennington (en Baton Rouge, Lousiana), "la tasa de éxito [de la clonación] es todavía baja, con una eficiencia global -que cambia entre las especies- de sólo un 1%, realmente viable sólo para especies tan importantes como el ganado".

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA


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