Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Cultura escriba una noticia?

Reúne libro a 32 líderes sumando por México

01/02/2011 04:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Coordinado por los periodistas Ana Paula Ordorica y Carlos Mota, el libro "Uno + Uno. 32 líderes sumando por México", que está próximo a salir a la venta, reúne textos y entrevistas con empresarios, políticos, deportistas, así como con gente que ha sobresalido en los ámbitos cultural y artístico. Con prólogos de Francisco Martín Moreno y de Klaus Schwab, la publicación da voz a líderes en diversos ámbitos, como Jorge Ballesteros, Alondra de la Parra, Kate del Castillo, Rafael Márquez, Lorena Ochoa, Sissi Harp Calderoni, Benny Ibarra De Llano, Carlos Loret de Mola, Diego Luna, Ninfa Salinas, Olegario Vázquez Aldir, Paulina Rubio y Alejandro Maldonado, por mencionar algunos. El trabajo parte de la premisa de que las generaciones que nos preceden no han hecho bien la tarea, pues el país está lleno de políticos de más de 50 años de edad que no han querido movilizar estructuras, frenando la competitividad del país; “estamos inundados de empresarios cuyas compañías funcionan con esquemas poco modernos, que se insertan muy mal en la realidad global”. Por si fuera poco, dice, hay ámbitos como el deporte, la gastronomía, el arte o la ciencia en los que México ha destacado más por esfuerzos individuales que por mérito de instituciones sólidas. En ese marco, estiman, México no tiene héroes contemporáneos para todas las capas de la población. Los pocos con los que cuenta son efímeros. Para los coordinadores, se carece de modelos de inspiración que trasciendan, lo cual sería un reflejo de la ausencia de líderes sólidos, lo que no queda claro, señalan, es si esta carencia de héroes se debe efectivamente a la inexistencia de éstos o a la falta de capacidad de la sociedad civil para reconocerlos. Es ante esa realidad que se les ocurrió la idea de cuestionar si nuestra generación -la nacida en la década de los 70 o alrededor de ella- tenía algo que decir al respecto. Quisieron saber si un empresario joven, un atleta destacado, un artista consolidado o un político visionario, en sus treinta y tantos años, quería expresar las razones por las cuales se motivaba a seguir adelante. La idea, exponen, es revertir la frase popular de “¿por qué si estamos tan bien, estamos tan mal?”, por la de "si estamos ´tan mal´ ¿por qué entonces hay gente que destaca, brilla, trabaja arduamente por salir adelante?”. Se preguntan qué genes tienen quienes destacan tanto y a pesar de las condiciones aparentemente adversas. La respuesta está en las páginas de este libro del cual se reproducen algunos fragmentos, con autorización de los autores: Diego Luna Actor y director. Canana Films Nos corresponde a todos Me tocó ser hijo de un padre que tuvo que jugar el rol de padre y madre. Perdí a mi madre cuando tenía dos años, la perdimos todos. Esto fue definitivo para convertirme en quien soy. A mí me tocó toda mi infancia estar muy cerca de mi papá y cuando me empecé a meter al mundo del teatro, fue siempre por el deseo de estar cerca de él y pertenecer a su mundo. Él es escenógrafo, iluminador y arquitecto, digamos que hace arquitectura teatral. Trabajaba en teatro y ópera, hizo algunas cosas de cine, pero básicamente en el mundo del teatro. Hacía teatro por gusto y amor mientras sobrevivíamos gracias a su trabajo como arquitecto. Crecí con él y empecé a trabajar de muy joven en teatro, luego en cine y televisión. El día que me pregunté qué era lo que quería ser, más bien me pregunté si realmente me gustaba lo que estaba haciendo; ya estaba metido hasta las narices en este mundo de contar historias. Había algo del teatro que me parecía muy atractivo, vivir en un laboratorio constante, con unos locos que se dedicaban a recrear distintas realidades, a vivir en un mundo mágico y de sueños. La verdad resultaba un viaje alucinante en todos sentidos. La ventaja que he tenido es que tengo claro desde hace mucho qué me gusta y dónde quiero estar. Desarrollé una especie de doble vida: era niño cuando iba a la escuela y luego me creía adulto cuando salía de la escuela y me iba al teatro; de alguna manera siempre fue más atractivo el estar rodeado de adultos. La sensación de pertenecer a una gran familia que se dedicaba a esto, sanaba la ausencia de mi madre. El teatro es el sueño de los huérfanos, un espacio libre donde de repente tienes una numerosa familia que comparte una pasión: contar historias. El teatro es una experiencia muy demandante e intensa, lo que genera relaciones muy poderosas con quien trabajas, es inevitable generar una cercanía casi como de familia, se generan dinámicas muy parecidas. Vivimos en un país donde ni la cultura ni la educación son prioridad; en un país que tiene, sí, un rezago educativo profundo, en el que el teatro, el cine, las artes plásticas, la música, sufren por eso; pero, cuando viajas un poco y ves cómo funciona en otras parte, te das cuenta también de la enorme tenacidad que hay en este país. Las estructuras están hechas para que desaparezcas rápidamente pero a pesar de todo hay talento buscando un público, a pesar de todo hay espectáculos que dices: "¡No puede ser, qué maravilla acabo de ver!". En México hemos aprendido a tener una doble personalidad o a veces triple, que nos ayuda a interactuar con una realidad inclemente donde no siempre poder ser quienes queremos ser. Este país te obliga a tener dos o tres caras para subsistir, donde un gran compositor en sus ratos libres hace ´jingles´, donde los actores que representan por las noches teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México, por el día pueden ser vistos actuando en una telenovela para subsistir. Hoy el arte en este país es un artículo de lujo. Alondra de la Parra Directora de Orquesta, Orquesta Filarmónica de las Américas Subí al podio y supe que ése era mi lugar en la vida Soy directora de orquesta porque estoy segura de que no podría ser otra cosa, porque la idea de no haberlo intentado, aunque sea muriendo en el intento, me entristecería enormemente. No es que haya nada de malo en otras profesiones pero, como dice el dicho, "zapatero a tus zapatos", y mi zapato es la batuta y el enorme placer y privilegio de dirigir orquestas. Esto lo supe desde que me subí al podio por primera vez, y aunque fueron escasos cinco minutos, supe que ahí pertenecía, que ése era mi lugar en la vida, aunque también intuí que para hacerlo bien, tendrían que pasar muchos años de estudio y dedicación. Afortunadamente, tenía 19 años y unas ganas enormes de aprender. La música siempre fue un magneto poderoso e irresistible en mi vida. Donde sonaba la música era donde yo quería estar. Cuando hay música dejo de escuchar palabras y sólo oigo ritmos, tonalidades, colores musicales. Desde pequeña la música me transformó y desde entonces nada me interesa más. En casa siempre había música sonando, y de todo tipo: ranchera, clásica, salsa, merengue, trova, ópera. Mis padres me contagiaron su amor por ella. En la familia de mi madre, toda reunión sucedía alrededor de un piano o de guitarras, y cantando con mis tíos aprendí muchas canciones. Siempre nos pedían a mi hermano Mane y a mí que cantáramos a dos voces. Mi papá, que también viene de una familia de artistas (mi abuela cantó en la radio con Agustín Lara), nos hacía cantar durante los incontables viajes que hicimos a Tepoztlán. Me pedía que cantara la segunda voz y creo que eso me desarrolló más aún el oído musical. Empecé a tocar el piano a los siete años y el chelo a los 13, y poco después llegó la curiosidad por dirigir. En la escuela siempre tenía algo que organizar, tocaba en varios grupos de rock y organizaba conciertos con mis amigos. Mi papá fue quien me dijo: "Tú deberías ser directora, porque tienes la capacidad, porque tienes muy buen oído y porque te encanta la música de orquesta". Tenía 13 años y se me quedó en la mente esa idea, pero sin ninguna esperanza clara de que pudiera convertirse en realidad. En la vida a veces nos abren puertas inesperadas, pero casi siempre hay que ir con el cerrajero imaginario de la intuición para que se abran, y cuando no existen puertas, pues a buscar ventanas, y si tampoco las hay, pues a ¡dibujarlas! Así fue mi experiencia al llegar a Nueva York a los 19 años de edad. No conocía absolutamente a nadie. Llevaba algunas partituras y mis manos al piano. Pero lo que me sobraba era la gran ilusión de convertirme en músico. Soñaba con unir talento, en colaborar, en aprender y así empecé a estudiar, e inicié la carrera de pianista en la Manhattan School of Music, donde encontré muchas puertas y ventanas, y ¡dibujé muchas otras! No hay nada más justo que darle a alguien el beneficio de la duda y eso admiro de la sociedad neoyorquina. Nunca recibí un "no" de entrada. Al contrario, siempre se me permitió demostrar mi trabajo y fui juzgada con base en él. Nunca hubo envidias, trabas, ni problemas burocráticos, sino apoyo y reconocimiento a mi esfuerzo. Existían juicios, claro, mas no prejuicios como en otros lados. Ana Paula Ordorica es egresada de Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, con maestría en Historia en la Universidad Iberoamericana. Es conductora de televisión y analista de política. Carlos Mota estudio Administración en el Instituto Tecnológico Autónomo de México, con maestría en el College Park de Maryland, Estados Unidos. Es periodista especializado en temas de negocios y finanzas.


Sobre esta noticia

Autor:
Cultura (17131 noticias)
Visitas:
507
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.