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Revelan perfil paternal del revolucionario Francisco Villa

16/03/2010 10:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Conocido por su imagen de mujeriego, bandolero y asesino, poco abordado por la historia ha sido el perfil humano de Francisco Villa (1878-1923), el de aquel que se preocupó por la educación de la niñez y el cuidado de sus hijos durante sus tres últimos años de vida, en la Hacienda del Canutillo, en Durango. Guadalupe Villa Guerrero, historiadora y nieta del Centauro del Norte, afirmó lo anterior, luego de advertir que se han escrito varios libros que han hecho mucho daño al personaje, sin mencionar el lado positivo de Doroteo Arango —nombre de pila del caudillo. "No quiero decir que no cometiera errores, pero hay que tomar en cuenta que el país estaba en guerra, y la guerra siempre saca lo peor de los hombres", señaló. Al participar en el Seminario Permanente de Iconografía, que desarrolla el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la descendiente del líder revolucionario señaló que Villa es un personaje inmenso, inabarcable para un estudioso, del cual aún quedan pendientes aspectos de su obra y de su personalidad sin abordar. En este sentido, Villa Guerrero, doctora en Historia por la UNAM, habló de los tres últimos años de la vida del general en la Hacienda del Canutillo, la cual le fue entregada por el gobierno de Adolfo de la Huerta, luego de conseguir el armisticio (convenio militar que determina la suspensión de las hostilidades). Así, acrecentó su familia y se hizo cargo de sus hijos, entonces la educación se convirtió en una de sus primeras preocupaciones. "Cuando Villa llegó a su hacienda estaba completamente en ruinas y aún con las huellas de un combate registrado poco tiempo antes, el zacate había crecido tanto que juntos con los árboles daba el aspecto de un panteón abandonado, pero con su voluntad y energía comenzó la reconstrucción. "En poco tiempo estaban las presas desazolvadas y listas para irrigar las llanuras desoladas, que de inmediato fueron sembradas y convertidas en campos cerealeros. Después de recuperar la hacienda, Villa emprendió la tarea de reunir a sus hijos a fin de cuidarlos y atender su educación", expuso Guadalupe Villa. Narró que Villa llegó a Canutillo con sus hijos Micaela y Agustín; después recogió en Ciudad Guerrero, Chihuahua, a Octavio, hijo de Guadalupe Coss —padre de la historiadora—; luego arribaron Juana María y más tarde Celia, cuyas madres habían fallecido; pero a la hacienda también acudieron las mujeres del general, como Soledad Seáñez, con su hijo Antonio, de sólo ocho meses de edad, y posteriormente se sumó Austreberta Rentería, con quien Villa concibió dos hijos más. Desde que llegó a Canutillo, una de sus primeras preocupaciones fue la educación de los niños. Mientras se construía la escuela del lugar, contrató a la maestra Magdalena Bueno para que se hiciera cargo de instruir a sus hijos. Existen testimonios de que seguido se le veía llevar a sus retoños a divertirse a una acequia. Todos sabían nadar, las niñas también, y los sábados los enseñaba a montar, y si el general tenía que salir al campo se hacía acompañar por ellos y cada quien llevaba su almuerzo. La historiadora perdió a su padre, Octavio, cuando tenía 11 años, pero recuerda cuando él le contaba cómo Francisco Villa lo enseñó a nadar y a montar a caballo, "con sus hijos muy pocas veces manifestaba su carácter explosivo, públicamente conocido; sin embargo, fue bastante exigente, terminante, no aceptaba errores, y no obstante de tener reglas estrictas, Villa fue un padre amoroso". La escuela de Canutillo era limpia, de buen tamaño y estaba pintada de blanco, advirtió la especialista con base en sus investigaciones. Para Villa, la solución de los problemas de México estaba en dar trabajo y educación, y valoraba mucho este segundo aspecto, por lo que solicitó al gobierno profesores normalistas para la escuela de la hacienda y exigió que cada niño en el rancho atendiera su instrucción, dijo. Su mayor orgullo fue el plantel "Felipe Angeles", que de acuerdo con un testigo presencial fue la primera escuela de concentración que se estableció en Canutillo. A ella acudían 250 niños de Torreón de Cañas, Torreoncillo, La Haciendita, Carreteña y Las Nieves, porque los menores de los alrededores se reconcentraban en la hacienda y vivían en las casas de sus compañeros; se les daba alimentos, vestido y calzado. "Asistían tanto hijos de campesinos, como de los antiguos revolucionarios y niños de lugares aledaños, además de los hijos de Villa; la educación era gratuita y había clases nocturnas para instruir a los adultos que lo desearan", precisó. El caudillo sabía por la prensa que los profesores se "morían de hambre", mientras muchos militares estaban ricos. "Pero en Canutillo logró que profesores y estudiantes estuvieran contentos. Los instructores recibían un sueldo de 10 pesos diarios y el director 12, a cargo del gobierno federal; en tanto que la hacienda les proporcionaba casa, comida y lavado de ropa, además de armas para cazar", comentó. Guadalupe Villa explicó que cuando llegaron los profesores a la propiedad de su abuelo tuvieron que crear un sistema educativo y se empezó con la enseñanza derivada de la acción. El acostumbraba a visitar casi todos los días a cada maestro para ver lo que estaba enseñando y les decía: "Tengo cifradas mis esperanza en mis hijos, así que vayan terminando sus estudios preparatorios, quiero mandarlos a los mejores colegios de Francia, España o Alemania", según Guadalupe Villa. Otra virtud que ve la historiadora en el personaje es no haber sucumbido al alcoholismo; ella advierte que posiblemente Villa fue hijo de alcohólico y por eso tal adicción le causaba tanta aversión, "seguramente vivió cosas terribles en su niñez". Aunque para la historiadora ser nieta de Villa ha significado una doble responsabilidad como especialista, asegura que su encuentro con el personaje histórico fue agradable; si bien no estudió esta disciplina por el caudillo, porque su encuentro con él se dio después de iniciar su carrera, sí ha resultado un reto abordarlo. "Yo trato de ser lo más objetiva que puedo, pero también es mi abuelo, y es un personaje histórico, y como tal hay que estudiarlo; me he metido a muchos archivos y puedo asegurar que el personaje es inabarcable. "No obstante, la biografía que hizo Frederick Katz, la que yo considero la mejor, se siguen descubriendo nuevos aspectos tanto de Villa como de la Revolución Mexicana, que por su complejidad tiene mucho de donde cortar", precisó. Francisco Villa pasó los últimos tres años de su vida en Canutillo, hasta que el 20 de julio de 1923 cayó víctima de una emboscada en Parral, Chihuahua.


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