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Rinde compañía española homenaje dancístico a Nijinsky

07/04/2011 03:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para recordar a una de las figuras más revolucionarias en el mundo de la danza, Vaslav Nijinsky, quien mañana cumple 61 años de fallecido, la compañía Transit Dansa de España ofrecerá el sábado una presentación en Buenos Aires, Argentina. El programa, dirigido por María Rovirá, forma parte de la gira que la compañía realiza por varios países con el programa “El salto de Nijinsky”. El espectáculo será presentado en el Anfiteatro Eva Perón, como un homenaje a los “Ballets Russes”, de Sergei de Diaghilev, a 100 años de su creación, y a quien fuera su máxima estrella: el bailarín ruso Vaslav Nijinsky. Nacido en Kiev, el 12 de marzo de 1890, Vaslav o Vaslaw Fómich Nijinski o Nijinsky perteneció a la cuarta generación de una familia de bailarines que adquirieron cierta fama gracias a su virtuosismo y a sus extraordinarios saltos. Cuentan sus biógrafos que su madre, Eleanora Bereda, fue hija de un acaudalado terrateniente que se suicidó de un tiro al perder su fortuna en el juego. Ambos eran propietarios de una compañía de danza con la que habían recorrido toda Rusia en sus giras. La niñez de Vaslav transcurrió en su mayor parte en el Cáucaso, bailando junto a sus hermanos Stanislav y Bronislava, en la compañía familiar. Su madre, tras haber sido abandonada por su marido, los inscribió en la Escuela Imperial de San Petersburgo, a fin de que pudieran salir de la miseria a la que la situación familiar les había condenado. Bajo la dirección de Nicolai Legat, Vaslav fue considerado a sus nueve años un niño superdotado para la danza, debido a sus asombrosos progresos que lo llevaron a graduarse a los 16 años de edad. Así, el 14 de julio de 1907 debutó en el Teatro Mariinsky con el ballet “La Source”, junto a la bailarina rusa Julia Sedova. Cuando finalizó su actuación, el público y los críticos prorrumpieron en entusiasmados aplausos, lo cual confirmó todas las predicciones de sus maestros. Al siguiente año bailó un pas de deux con la célebre Liudmila Scholar, lo que indujo a la bailarina Kchessinskaia, favorita del zar, a elegirlo como pareja especial. De acuerdo con sus biógrafos, su carrera en el Teatro Imperial fue meteórica, con interpretaciones memorables en los ballets “Eunice” (1907), “Le Pavillon d´Armide” (1907) y “Noches egipcias” (1908), todos con coreografías de Mikhail Fokine. En 1909 fue contratado en calidad de bailarín principal y coreógrafo para la presentación de la nueva compañía de Diaghilev. Éste era el principal asistente de los Teatros Imperiales rusos, y había sido comisionado por el Gran Duque Vladimir para organizar una nueva compañía de ballet con lo más granado del Mariinsky y el Bolshoi. La compañía, a la que llamó Ballet ruso, puso en escena los nuevos ballets de Fokine, “Las sílfides” (1909) y “Scheherazade” (1910). En 1911 llegaron “El espectro de la rosa”, “Narciso”, “El lago de los cisnes” y el estreno mundial del ballet “Petrouchka”, con música de Stravinsky. Nijinsky, junto a Tamara Karsavina y Anna Pavlova, protagonizó la mayor parte de estos montajes. Esta fulgurante carrera se vio interrumpida cuando fue despedido, supuestamente, por exhibicionismo (se dice que se masturbó en escena) en una representación ante la emperatriz. Según otras versiones, fue expulsado del Teatro Mariinsky por un desacuerdo sobre su vestuario en “Giselle”. Con todo, permaneció como miembro estable del Ballet Ruso de Diaghilev, compañía que por aquel entonces constituía la mayor sensación del mundo artístico. En 1912, Diaghilev decidió marchar con su compañía a Francia; allí se estrenaron “El dios azul” y “Dafnis y Cloe”, dos ballets que dejaron al público parisino boquiabierto. Sin embargo, la auténtica conmoción estaba aún por llegar: el 17 de mayo Nijinsky salió al escenario del Theatre du Chatelet para bailar “La siesta del fauno”, una de las pocas coreografías creada por él, con música de Debussy. La expresividad y belleza de su cuerpo, ligero como una pluma y al mismo tiempo fuerte como el acero, unidas a la increíble altura de sus saltos y al dramatismo de la interpretación deslumbraron al público. Las opiniones de los expertos fueron controvertidas; el periodista de “Le figaro”, Gaston Calmette, lanzó contra él furibundos ataques, en los que ponía en duda la calidad moral -cuando no la artística- de la actuación, mientras que el escultor Rodin, que se había quedado impresionado durante el estreno, se erigió en defensor de Nijinsky y le hizo una estatua. Comenzada ya su carrera como coreógrafo, al año siguiente preparó “La consagración de la primavera”, en la que estuvo asistido por Marie Rambert y que supuso una revolución en la utilización del complejo mundo sonoro y rítmico de Stravinsky. En 1913, tras concluir su relación amorosa y de negocios con Diaghilev, Nijinsky viajó a Buenos Aires, Argentina, y se casó con Romola de Pulszky, una bailarina húngara, integrante de la compañía. Tras su matrimonio, la carrera de Nijinsky empezó a declinar. Volvió a Londres y montó una pequeña compañía con la que bailó en el Palace Theater. Aunque trabajó sin descanso dando clases de danza en su propia escuela, no hizo fortuna. Su mujer fue responsable de ello en gran medida: extremadamente celosa, lo obligaba a pasar junto a ella todo el tiempo, hasta el punto de no permitirle poner en escena el ballet “El carnaval”, en el que había trabajado duramente. Poco después se dirigió con su esposa a Austria, donde les sorprendió la Primera Guerra Mundial. Por su condición de ruso, el bailarín fue recluido en Budapest y luego en Viena hasta que, finalmente, se le canjeó por el notable crítico de arte Meier-Graefe, que había sido internado en Rusia. En 1916 se incorporó de nuevo a la compañía de Diaghilev, que se disponía a emprender una gira por Estados Unidos y Sudamérica, durante la cual se presentaría el ballet antes mencionado, “Till Eulenspiegel”. Nijinsky tuvo una crisis nerviosa en 1919 y su carrera llegó efectivamente a su fin. Se le diagnosticó esquizofrenia y fue llevado a Suiza por su esposa para ser tratado por el psiquiatra Eugene Bleuler. Pasó el resto de su vida en hospitales psiquiátricos y asilos. También escribió entonces un diario en dos partes. Murió en una clínica el 8 de abril de 1950 y fue enterrado en Londres, hasta que en 1953 su cuerpo fue trasladado al Cementerio de Montmartre, en París, al lado de las tumbas de Gaetano Vestris, Théophile Gautier y Emma Livry.

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