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Rompió Pedro Infante en Mérida corazones y honores masculinos

15/04/2012 05:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

* "Pepe el Toro" se habría gestado en el Circo-Teatro Yucateco * Pese a sus papeles de borracho no tomaba, pues era diabético Por Juan Carlos Gutiérrez Castillo. Corresponsal (Segunda y última parte) Mérida, 15 Abr. (Notimex).- A 55 años de su desaparición física, Pedro Infante se encuentra ya perpetuado en las historias, leyendas e incluso descendientes que dejó en diversas partes del país, principalmente en esta ciudad, donde de acuerdo con uno de sus biógrafos fue más allá que un rompecorazones. En cuanto a las mujeres, el empresario radiofónico y primer comunicador que dio a conocer la muerte de Infante, Luis Alberto Rivas Aguilar, confirma lo que ya todo mundo sabe sobre la afición del artista al sexo opuesto y, además, añade bajando el tono de su recia voz: "Andaba con mucha casada". Sobre este punto, agrega que "muchos se hicieron tontos para evitar el escándalo", pues eran conocidas en la entonces pequeña Mérida las andanzas y travesuras del muy querido actor. "Parece que lo estoy viendo en la terraza de Julián Villarreal (empresario yucateco con el que trabó amistad y lo introdujo a la aviación), con su sombrero texano, a la vista de todo mundo y de las muchachas que daban vueltas repetidas por el sitio saludándolo, diciéndole ­Pedro, Pedro!". Una de las mujeres importantes en su vida, al menos en lo profesional, Blanca Estela Pavón, era en verdad, según Rivas Aguilar, muy apreciada por Infante. De acuerdo con el relato del empresario radiofónico expresado en 2007 a Notimex y retomado ahora con motivo de los 55 años de la muerte del actor, Infante una vez se trajo de Chetumal dos bicicletas desarmables, como las que usaban los soldados en la II Guerra Mundial y se las llevó a México, donde paseaba con Pavón en los Estudios Churubusco. "Su indumentaria habitual en Mérida era una camiseta blanca de mangas cortas, lentes de piloto, pantalón de mezclilla y sus botas negras", afirma. Era común ver a Infante departiendo por las mañanas en el ya desaparecido y muy famoso Café Louvre con sus amigos yucatecos, entre ellos el empresario de origen libanés Tufic Charruf, con quienes solía comer. Pedro, afirma Rivas Aguilar, era de muy buen diente y le gustaban guisos locales, aunque eso sí no tomaba una sola copa, "porque era diabético desde muy joven". Le gustaban guisos como el escabeche oriental, el frijol con puerco y el queso relleno, que "lo volvía loco". "Una vez saliendo del Circo-Teatro Yucateco -la más famosa arena de box en la historia de Yucatán- se comió 18 panuchos, con sus respectivas horchatas, para darle provecho a la viejita que los vendía. Era muy tragón", recuerda. Según el entrevistado, a Infante le gustaba mucho el box y asistía al Circo-Teatro Yucateco escondido en el palco de radio, acompañando al fallecido cronista de box, Raúl Castillo Cecías. Supone que en sus innumerables visitas a esa arena y a los trepidantes episodios boxísticos que en ella atestiguó, Infante dio forma al personaje de "Pepe el Toro". "La verdad es que a Pedro le gustaba todo lo que fuera deporte, y eso claro, incluía al boxeo", rememora Rivas Aguilar en 2007 en su oficina, rodeado de micrófonos y radios de todas épocas y en impecable estado. También asegura que las historias sobre la generosidad del actor, tampoco son cuentos, pues a él le tocó vivirlas. "Una vez se le propuso por el padre Efraín Serratos un festival artístico a beneficio de un orfanato de niños huérfanos, luego de un ciclón en Chetumal, pero declinó hacerlo. "Nos dijo que no podía, porque ya había firmado un contrato previo de actuaciones y eso lo metería en problemas, pero seguidamente, agarró y le entregó al padre Serratos de su propio dinero 10 mil pesos para ayudar a esos niños", señala. Agrega que ese capítulo fue en la casa del artista, ahora convertida en un hotel, donde Infante instaló un simulador de vuelo rudimentario y un receptor telegráfico, entre otras cosas. De tal forma, en la ciudad que escogió para residir tenía de todo y no sólo tranquilidad y buenos amigos como Ruperto Prado, quien fue como "un padre para él" y que un día, en un cumpleaños suyo, le regaló su primer avión, un Cessna. Para Rivas Aguilar, Infante era un tipo en verdad "muy simpático, genuino, agradable en su trato y muy, pero muy bromista. Tan bromista, que un día se trajo de Chetumal un cojín escandaloso y lo usaba para hacerle vaciladas a sus amigos", quienes al sentarse encima del artefacto se llevaban una sorpresa causando sus risotadas. Rivas Aguilar, Presidente y Director General de “Grupo Rivas”, toda una leyenda de la radiodifusión mexicana y que trabajó varios años dirigiendo medios electrónicos en México, Guanajuato y Jalisco, a sus casi 78 años guarda infinidad de recuerdos sobre Infante, algunos ya difusos. Pero todos lo llevan a concluir que con mucha razón, el sinaloense de carne y hueso que llegó a vivir y a morir en Mérida, es con toda razón la más grande leyenda del México moderno, más de cinco decenios después de su desaparición física.


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