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Santa Apolonia: El sueño que devora

28/02/2014 14:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ronaldo González Valdés

alt "Es imposible colocar las piezas para aquél que no tiene la forma del conjunto en la cabeza. ¿De qué le sirve hacer provisión de colores a aquél que no sabe lo que ha de pintar?", escribía el genial creador del género ensayístico Michel de Montaigne en el siglo XVI. Pues bien, he aquí la obra de un pintor que ha sabido disponer con orden y fecunda intuición de su paleta de colores. Porque eso es lo que hoy nos ofrece el experimentado periodista y, ahora lo sabemos, escritor de altos vuelos, Isaías Ojeda Rochín: un texto que es escritura y es color, que es historia y es arte, que se disfruta con el rigor de la razón y con la libertad de la imaginación.

Su libro, Los sueños también devoran y otras narraciones , es justamente eso: la obra de un acuarelista que llena de colores el lienzo de la geografía física y humana de un cacho de su solar sinaloense. Se trata de una magnífica acuarela, es cierto, pero se trata también de una pieza de la crónica y la literatura regional que nos pone frente a un espejo terrible; un espejo que nos devuelve una imagen de nosotros mismos que es sencilla, entrañable y querible, y al mismo tiempo compleja, cruda y atroz en su realismo.

De eso van los ocho relatos breves que retratan desde un redivivo costumbrismo, mezclado con pinceladas de un feliz impresionismo literario, los cruces históricos y biográficos que son la carne y la sangre mismas de nuestra historia más íntima, profunda y verdadera. Y de eso va también, y sobre todo, el aleccionador, impecable (e implacable) relato principal de su escrito: Los sueños también devoran .

Una mañana, apenas clareó el día, con sus "cigarros de torcer" en mano, Brígido relató a su amigo Atenójenes el sueño que acababa de tener. Un sueño premonitorio: "Vi que en un suspiro las calles se llenaban de matorrales y las casas empezaban a desmoronarse. Las paredes de la iglesia también se venían abajo. En algunas partes había sangre sobre la tierra. Fue impresionante ver cómo la vida de nuestro pueblo acababa bajo aquella sombra que todo lo cubría", contó Brígido al buen Atenójenes. Y eso fue lo que ocurrió: no mucho tiempo después, el pueblo de Santa Apolonia, situado en las estribaciones de la Sierra Madre Ocidental, en el municipio de San Ignacio, quedó convertido en un pueblo fantasma, desapareció, dejó de existir sobre la faz de la tierra.

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Sobre esta noticia

Autor:
De Sinaloa (2812 noticias)
Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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