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Saque de meta

26/11/2010 06:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ese día estrenamos uniforme. Hasta entonces habíamos vestido, orgullosos, las mismas playeras que obligatoriamente debíamos portar cada lunes en los homenajes escolares. El tono de la nueva indumentaria era rojo fuerte de tela algo brillante. El presupuesto no alcanzó para las calcetas así que cada quien llevó las más indicadas… nos pusimos de acuerdo para que fueran amarillas, pero al final, en la cancha, destellaban colores verdes, blancos percudidos, amarillos pollos y hasta negros. Yo, en cambio, estrenaba el nítido suéter de arquero. Gris el pecho, vivos multicolores -como rayos-, mangas y shorts negros. Calcetas blancas.

Nos tocó la cancha nueve del Cedem. Por la altura del césped parecía jungla por las orillas, aunque terregosa por el centro. De cuando en cuando uno que otro mechón de pasto interrumpía el toque raso de balón. Era de lo mejor en el Centro Deportivo Municipal, que contaba con varias hectáreas de amplitud donde se distribuían rectángulos de fútbol, rombos de béisbol, vastas hileras pavimentadas para el básquet, canchas de tenis, de frontón, pistas de patinaje y un río.

Los nervios se me hicieron de estropajo cuando silbó el árbitro, como de costumbre. Era lo más emocionante. Las previas, los minutos que antecedían el inicio de cada juego. Enfrente estaba Cementos Tolteca, rivales con los que regularmente desarrollábamos batallas épicas. Todo puesto para la inmejorable presentación de nuestro uniforme, que por si fuera poco nos daba fuerzas extras.

Disputados se escurrieron los minutos de un cero a cero entretenido. Ya había parado alguna, ya habíamos creado peligro, aunque sin concretarlo. Intenso y movido, con un sol apabullante. La tela brillosa del nuevo uniforme sumado a su color atractivo para los rayos del sol, ya me estaba deshaciendo. El que menos corría en la cancha, era el más desgastado: yo. Por fin llegó el medio tiempo. Tomamos agua. Los zapatos se cocían solos.

El cambio de lado derivó en frescura. Sombra, aire y el río atrás. Todo mejoró, cayó el gol de nosotros, no llegaban los rivales, todo controlado. Preludio inmaculado como anuncio de la catástrofe. Vino de su ataque derecho. Centro, nadie tapó y pum, disaparo. Seguí la jugada, abrí los brazos y me aventé con los ojos cerrados. La pelota se fue lejos, sin dirección a portería. No me enteré. Cuando esperaba el festejo contrario, los alaridos y las burlas, lo único que sonó fue un ¡splash!

El hermano del lateral de nuestros enemigos se había aventado al río, a rescatar la pelota y el juego en curso. Todos corrimos a orientar sus brazadas y esperar que lanzara el balón cuanto antes, para seguir en la contienda. Hasta los del futbol americano se acercaron, curiosos por la muchedumbre.

Sin tantos problemas el ‘ experto’ nadador cogió la pelota, estancada a la mitad del río. Era profundo según entiendo. Entonces sonrió y amagó con lanzarla, pero se guardó la emoción para, también, utilizarla como flotador. Le faltaba poco para llegar a la orilla, cuando se hundió de súbito. Pánico entre los rivales, incredulidad entre nosotros. El tipo se estaba ahogando. Manotazos, gritos y desesperación. Entonces su papá saltó a la salvación. Lo sacó de entre las algas que lo habían atrapado y nadó también, hasta que le dio un calambre. Otro poco y se quedan los dos ahí. Pero le aventaron una bola de básquet y con el alma a todo vapor pudo estacionarse en la orilla.

Todos estábamos paralizados, devastados por la adrenalina. El árbitro revisó al señor y a su hijo. El lateral lloraba desconsolado. Por fortuna no pasó a mayores. Vaya conmoción. Como todo se tranquilizó de a poco hasta llegar a las risas, el colegiado se acordó que íbamos ganando, que estábamos estrenando y que tenía que cobrar su arbitraje.

Se animó a reanudar el partido. Era saque de meta.


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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Tipo:
Reportaje
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