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Secuelas del triunfo de AMLO

03/09/2018 02:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En una sobremesa, luego de las elecciones de julio, con familiares políticos que defienden tanto al PRI como a la virgen de Guadalupe, llegó, en charola especial, el tema del triunfo de Andrés Manuel López Obrador cuya simpatía, para ellos, se sirve y se come platos en fríos

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En una sobremesa, de las muchas que he tenido después de las elecciones del pasado julio, con familiares políticos que defienden tanto al PRI como a la virgen de Guadalupe, llegó,   en charola especial,   el tema del triunfo de Andrés Manuel López Obrador cuya simpatía, para ellos,   se sirve y se come plato en frío. Como  otros que restan méritos al político tabasqueño, los aludidos argumentaban que el PRI perdió por errores del propio partido, no por el trabajo casi inhumano de López Obrador para convencer a más de 30 millones de votantes de que Morena era la mejor opción. Traté de argumentar que esas discusiones ya estaban fuera de lugar y que los datos duros, sin atender las causas, eran contundentes: Morena había “aplastado” al candidato del partido en el poder, y que ahora AMLO había dejado de ser un contendiente y era el nuevo presidente electo, es decir, el presidente de los mexicanos, de los que ellos formaban parte.

Sin embargo, cometí la torpeza de no tomar en cuenta que a oídos sordos y frustrados cualquier palabra puede ser ofensiva y violenta, y que alguien, debo confesar que estaba en casa de los agraviados, abriera las heridas por la derrota priista resultaba  no sólo una falta de respeto sino un atentado a los buenos modales y, supongo, una imprudencia porque el terreno que pisaba correspondía  a personas que pensaban diametralmente opuesto a la forma en que yo veía los acontecimientos recientes. Se dijeron ofendidos por el tono y el empleo del verboide “aplastado”, y contraatacaron con el origen político de López Obrador, es decir que como había salido de la cantera del PRI, mis argumentos carecían de validez y delicadeza.

No entendí la relación porque lo que yo entiendo, al menos eso quiero entender, es que los partidos habían quedado a un costado y era el momento de sumar para que la transición se diera,   tanto en el campo de la política como en  la vida cotidiana,   de manera cordial. Pero también entiendo que los priistas, principalmente, están haciendo todo lo posible para que López Obrador no lleve a cabo la transformación de un país que él imagina y los ciudadanos reclaman. De modo que agravé el diálogo de sordos  cuando comenté  que algunos se sentirían felices de un hipotético fracaso de las políticas de nuevo presidente electo, pero que la mayoría deseaba un rostro nuevo para el país, y que éste ya había comenzado a construirse.

Los simpatizantes del PRI no deben cargar con una derrota de la que no son responsables

Lo que vino después es lo de menos porque aunque la intolerancia es hija de la impotencia y la falta de autocrítica es hija de la soberbia, el silencio es su antídoto.

Pero lo pienso y lo digo ahora. No se vale que con la cantaleta de que se debe ser cortés en la victoria, uno deba tragar pinole cuando ve cómo le están vendiendo caro el triunfo a López Obrador, que aún cuando no se habla del fraude electoral por la enorme diferencia de votos entre el primero y segundo lugar, deba uno aceptar que fueron elecciones limpias. No se vale que mientras los priistas hacen hasta lo imposible para que no se sigan destapando más cloacas de corrupción, uno deba olvidar los cientos de luchadores sociales que han muerto gracias a la intolerancia de un gobierno que, aunque parezca inverosímil, algunos defienden. Tampoco se vale que uno deba callar su entusiasmo ante la posibilidad de un cambio real sólo porque quienes han estado gobernando durante décadas se sienten marginados y sin ánimos de sumarse a la lucha para que el cambio se dé lo más pronto posible.

Desde la lógica de los priistas y varios comunicólogos, el hecho de que el PRI haya reconocido que había perdido las elecciones por más de 20 millones de votos fue un acto casi  heroico, y siguen ensalzando la figura de José Antonio Meade, personaje, por cierto, que le gusta usar la piel de oveja.

Los simpatizantes de este partido no deben cargar con una derrota de la que no son responsables.


Sobre esta noticia

Autor:
Leonel Robles (505 noticias)
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Opinión
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