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“Seguiremos juntos”

07/08/2011 06:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Bandera de futbolSalió de casa con la única intención de ir al estadio para apoyar al equipo. No llevaba mayor cosa entre sus pertenencias. A lo mucho lo más llamativo eran sus tenis nuevos; ni reloj ni celular, lo más ostentoso era su bandera. Apenas caminó unas cuadras y en la esquina más próxima a la parada del autobús lo toparon.

Al ver el rostro de sus atacantes supo porqué iban por él. Ni siquiera intentó huir, seguro estaba de lo que hizo y no traicionaría lo que sentía. Sin oponer mayor resistencia dejó que los tres tipos lo sujetaran y treparan al carro. Emprendieron la marcha hacia el lote baldío donde días después encontraron su cadáver. La prensa amarillista informó que se trató de una víctima más de la delincuencia, que el joven había sido asaltado con lujo de violencia. Evidentemente alguien no se creyó esta historia, ella.

Sí, ella. Amor secreto e imposible del muerto, ella le correspondía de la misma forma. Sin embargo, su romance no podía ser. Estaba casada. Su marido, un joven posesivo y extremadamente celoso, se dio cuenta de lo que acontecía entre su mujer y el chico al que conocían como "el futbolero más futbolero de toda la colonia". Lo mató.

Como pudo, ella escapó del infierno, de la cárcel que representaba su casa a lado de su esposo. No ha podido llorarle al muerto, no ha tenido tiempo. Tampoco se armó de valor para ir al cementerio y abrazar la tumba. Mucho menos pensó en denunciar al asesino. Ella tenía un objetivo, un compromiso moral con el muerto.

Al hallar el cuerpo del occiso, su bandera no estaba. Este pequeño detalle que puede resultar irrelevante para ella fue de vital importancia. "¿Cómo darle cristiana sepultura a un hombre que fue enterrado sin su pasión?". A nadie se le ocurrió vestirlo con la playera de su equipo o ponerle un trapo con el escudo. No era para menos, en esos momentos nadie piensa en ello. Sin embargo, ella sí.

"Si algo amaba él era su fútbol", se repetía mientras caminaba por las calles pensando en cómo podía dar con esa bandera. ¿Quién se la pudo haber llevado? ¿Para qué quitarle un trapo? Su búsqueda fue incesante; semanas recorridas en balde. Al darse por vencida para dar con el paradero de la insignia se le ocurrió una idea: elaborar ella misma una bandera idéntica.

Terminado su trabajo, creyó que le faltaba algo más antes de ir al cementerio y ofrendarle ese trapo que tanto significó en vida para él. Había que cumplir lo que él no pudo el día que lo asesinaron. Cogió el trapo y fue al estadio. Sin saber nada de fútbol, se coló en la tribuna donde estaba la porra del equipo que tanto amó su muerto.

Ondeó como nunca esa bandera. Gritó como loca cada uno de los goles. Se abrazó con entusiasmo con otros aficionados. Y lo más importante, lloró. Sus lágrimas no fueron de tristeza, sino de una alegría indescriptible que le hizo sentir que se fundía en la eternidad con el alma de su muerto.

Al día siguiente fue al cementerio y colocó la bandera encima de la tumba. Se hincó frente al pedazo de piedra y exclamó en voz baja: "Seguiremos juntos. Te lo prometo".


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Tipo:
Reportaje
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