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Seis años sin el tigre

01/06/2011 01:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Era mi padre, pero mas mi cuateA mi amigo, a mi padre

Hace seis años recibí la llamada de mi madre. Con voz serena y una calma indescriptible me daba la noticia "hijo, tu papá ya falleció". Respiré tranquilo, por fin descansaba. Previamente al paro definitivo de su corazón, tuve oportunidad de cumplirle una promesa: avisarle que su América fue campeón. A pesar de estar en coma, sé que me escuchó perfectamente, como también imagino que partió contento por eso.

Han pasado seis años y mentiría si les dijera que no lo extraño. Pero más que añorar al padre, añoro al amigo. En ocasiones me hace falta la voz y el oído de ese hombre que me dejó crecer bajo la premisa del "let it be". Y en efecto, me dejó ser. Con él no existieron esas reprimendas del "porque soy tu padre" o "porque lo digo yo". Todo podíamos solucionarlo o discutirlo con el habla; jamás me puso una mano encima y cuando llegó a gritarme la pena le duraba semanas.

Bajo este tenor crecí. ¿Reglas o imposiciones?, nunca. El tigre (como le decían de cariño) creía mucho en la capacidad individual de cada quien sin opresiones y consideraba que regaños, prohibiciones y normas tradicionales únicamente servían para nada. En contraste, abogaba por la libertad en sus vertientes de pensamiento, conducta y expresión. Y esa libertad la aplicó para el fútbol.

Mi padre era un futbolero de hueso y americanista a morir, literalmente. Sin embargo, nunca se permitió influir en mis gustos y pasiones; el fútbol una de ellas. Decía ‘ aprende a ser tú. Lo mío es mío y lo tuyo es tuyo. Total, cuando uno crece hace lo que le venga en gana". Y mi camino, paradójicamente, me llevó a apasionarme por el fútbol.

Jamás fui a un estadio con él. Jamás fue a verme jugar en el llano. Jamás vimos juntos un partido de la Selección. En cambio, nos permitimos navegar libremente en una pasión que nos unía. Podíamos pasar horas escuchándonos mutuamente sobre lo que pensaba cada cual con respecto a un jugador, un gol o una jugada. Nuestro vínculo era más estrecho sin necesidad de estar pegados como moscas.

Han pasado seis años y cuando él se convirtió en ceniza cósmica yo repartía tiempos para guiones cinematográficos y análisis políticos. Ni él ni yo visualizábamos que tarde o temprano llegaría al ámbito deportivo y más precisamente en el fútbol. Probablemente ahora las charlas serían de otra manera, pero seguro estoy de que me diría "escribe la anécdota de cuando fui a golpear e insultar al Zully Ledezma como se lo merecía". Pero esa...es otra historia.


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Tipo:
Reportaje
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