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Siempre en el intento

10/09/2009 12:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No necesitamos más preámbulos, y las explicaciones están de más. Pensemos en aquello que nos hace feliz, y pongamos nuestras intenciones en hacerlo parte de nuestra perona

Una vez más tenemos ese sueño. Pensamos en el desenlace y suspiramos en lograrlo. Cierta mirada melancólica se asoma en nuestro rostro, irrumpiendo en nuestro mundo perfecto como si descubriésemos un hueco que en realidad nunca estuvo ahí. Pero hoy es irremediable.

Constantemente nos embarga una inquietud que, a diferencia de miles que se nos cruzan, no nos deja dormir. Nuestra tranquilidad se corrompe y nuestro ser no puede estar igual. Desea algo más. Algo que nos llegó por experiencia, convicción o por saberlo de alguien más, pero que se torna en algo que nos falta y queremos incluir como condición de nuestra persona. Lo vemos a lo lejos y lo queremos alcanzar.

Seguramente sabemos discernir entre nuestras aspiraciones y nuestras fantasías, y diariamente trabajamos con empeño en alcanzarlas. Fijamos planes de acción, rutas a seguir, conocimientos que aprender, y velamos por aquello que sentimos debe ser nuestro. Desde niños comenzamos a descubrir nuestras habilidades y buscamos explotarlas por el gozo que nos causa alcanzar un objetivo. Tal vez no tenemos el esquema y nuestros actos sean más impulsivos, pero sabemos que se puede e intentamos conseguirlo.

Así pasan una y otra actividad, algunas truncas y otras terminadas. Así llenamos nuestra historia con títulos, premios, satisfacciones, relaciones, y nos formamos una imagen de lo que podemos obtener. Nuestra experiencia nos informó hacia dónde debemos mirar, hacia donde entregar nuestro esfuerzo. Nos hizo comprometernos con algo que depende de nosotros tener en nuestras manos. Lamentablemente, también nos hizo correr de donde creemos no debemos estar. Quizá realidad, tal vez paradigma.

En ocasiones podríamos confundir la falta de capacidad hacia alguna actividad con la falta de esfuerzo, sobre todo si consideramos que hay cosas que se nos dan más fáciles y además son más reconfortantes. Es ahí donde el esfuerzo se transforma en entusiasmo, y ninguno de los obstáculos parece importarnos.

Llegamos al punto en donde todo se torna más sencillo, donde la convicción juega un papel clave en la consecución de lo que nos propusimos, la consumación de nuestros sueños. Estamos llenos de momentos en los que decidimos comenzar nuevo – tal vez el mismo reto por enésima vez – y cada uno tiene su sentimiento particular. Algunos son nuestra pasión, otros por amor y hasta por necesidad, pero siempre poniendo lo mejor que tenemos para tenerlos.

No quisiera recordar alguna ocasión en la que “a regañadientes” comencé con alguna nueva meta. Por lo menos durante los últimos años, cada inicio de algo se vuelve en una experiencia sublime, en la que cada etapa aporta una serie de sensaciones indescriptibles. Desde que se tiene algo en la mente y se vuelve una convicción, crecen las expectativas y el compromiso por lograrlo. No se sabe cómo hacerlo, pero el interés está, y el proyecto se llena de energía, misma que nos invade bañándonos de alegría y tranquilidad: vamos por todo.

Indagamos por distintos caminos cómo conseguirlo. Evaluamos métodos y sometemos cada paso a la balanza que define nuestro rumbo. Formalizamos un plan de acción y nos convencemos de poder materializarlo. Nuestra ilusión crece y el cariño al objetivo se convierte en querer: está para nosotros. Es hora de estar alerta y atrapar el momento en que debemos actuar.

Ningún plan es efectivo cuando te enfrentas con el enemigo. Y seguramente las cosas no eran lo que parecían. Pero nunca suponían serlo así. Si hablamos de una experiencia nueva, definitivamente necesitamos herramientas nuevas. Si se trata de retomar un plan fallido, el compromiso es doble: erradicar errores del pasado y además buscar un plan alternativo, ya que nuestra primera opción fracasó. Pero es ahí donde comienza el juego, y el único momento en donde podemos confirmar si lo que perseguimos es nuestro, si vale la pena y si realmente estamos dispuestos a todo para volverlo nuestro.

Explicar lo que se siente concretar está de más. Cada quién le da su propio significado y el valor al haberlo conseguido. A cada uno de nosotros nos costó diferente trabajo conseguir un mismo resultado, y tal vez sea por eso que es distinto el disfrutarlo. Pero a final de cuentas, hablamos de lo mismo: el éxito. Vencer en una pelea contra nosotros mismos y contra las condiciones que se nos han presentado. Aquí no hay nadie que resulte afectado, nadie que conspire en tu contra, ni nadie a quien debamos vencer.

Cada quien debemos buscar nuestra fórmula perfecta, nuestra inspiración. Recordar que en muchos aspectos he conseguido lo que me he propuesto es tal vez mi mejor carta; evocar los fracasos vendría de más si me apego a la idea de que no tendré cualquier cosa que no sea para mi crecimiento personal y espiritual, y que siempre espero obtener únicamente cosas que me hagan mejor persona. Bajo esa premisa perseguiré mis sueños, alimentando mis anhelos y entregando lo mejor. Así podemos saber que cada éxito es fruto de nuestro entusiasmo, mismo que solo vendrá si es que es lo más conveniente.

No puedo más que agradecer a Dios por todas las bondades y bendiciones que hemos recibido, pidiendo fortaleza para mantenernos en dichos principios. Esto es un reflejo de la confianza que he puesto en nosotros, y de la plenitud que siento al andar en el camino.


Sobre esta noticia

Autor:
Fabio Geneva (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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