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Sigue siendo Ignacio Aldecoa referente de las nuevas generaciones

14/11/2010 06:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La literatura es una actitud ante la vida, no un medio para vivir", aseguraba el escritor español Ignacio Aldecoa, fallecido hace 41 años, el 15 de noviembre de 1969, y quien es considerado un vitalista y el mejor cuentista de la literatura de su país durante el siglo pasado. Nacido en Vitoria (País Vasco), España, el 24 de julio de 1925, Aldecoa fue representante de la tendencia neorrealista en el marco de la novela de los años 50 en su país. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Siendo vasco de tierra adentro, admiraba de los vascos la vocación marinera. Le hubiera gustado ser viajero incansable con la literatura al hombro, silencioso navegante solitario. Según datos biográficos disponibles, se inició con "El fulgor y la sangre" que, junto con "Gran Sol", le valieron el Premio de la Crítica en 1958, como un ejemplo de la llamada novela-reportaje. Otras novelas dignas de mención son "Con el viento solano" y "Los pozos", así como libros de relatos y cuentos como "Espera de tercera clase", "Vísperas del silencio" (1955) y "El corazón y otros frutos amargos" (1959). Su producción incluye "Caballo de pica" (1960), "Cuaderno de Godo" (1961), "Los pájaros de Baden-Baden" (1965), "Parte de una historia" (1967) y "Santa olaja de acero" (1968). Conocedores de su obra destacan que pocas veces, como en el caso de Aldecoa, la vida de un escritor fue tan consecuente con su obra. Su muerte, desatenta e inesperada, significó la desaparición de uno de los narradores más honestos del país. Aldecoa, tan vitalista, tan ejemplar en su modo de asumir la difícil aventura de ser escritor en España, había declarado en 1954: "La literatura es una actitud ante la vida, no un medio para vivir". De su obra, dicen, nadie podrá considerar que se halla en trance de ser recuperada porque, nunca estuvo perdida, por el contrario, ha permanecido por sobre los nuevos estilos, los nuevos modelos, la nueva literatura de consumo, que no le han afectado. Aldecoa, explican, fue el mejor cuentista que la literatura española dio el siglo pasado; escribió muchos cuentos y de los buenos, en los ocho libros que publicó, Aldecoa levantó un mundo riquísimo de observación de la vida española de su tiempo, de solidaridad con los perdedores, con quienes padecen la historia y de desprecio por quienes la ejecutan. El proyecto de Aldecoa, quebrantado y roto por la muerte, se apoyaba básicamente en la realidad española; España como preocupación y experiencia vital; formar toda su narrativa desde los primeros poemas y cuentos de universitario bohemio y rebelde en Salamanca, hasta su última novela "Parte de una historia", publicada en 1967. La honradez vasca de Aldecoa, consideran, se ponía de manifiesto tanto en la autenticidad del testimonio, de la verdad contemplada, como en el estilo, a la realidad que se propone desvelar. Aunque publica dos libros de poesía: "Todavía la vida", en 1947, y "Libro de las algas", en 1949, su primera novela "El fulgor y la sangre", no aparece sino hasta 1954 y es ya una obra madura, controlada, sobria, precisa, que se apoya en varios años de dedicación severa a la escritura (poesía, narraciones cortas). Se inscribe así Aldecoa en una vieja tendencia de la novela moderna que intenta ocuparse de lo que Miguel de Unamuno llamaba intrahistoria, y cuyos antecedentes más cercanos bien podrían ser algunas narraciones del mismo Unamuno o de Baroja, de, por ejemplo, "Vidas sombrías". El escritor no pudo sacar adelante la novela "Los pozos", con la que se cerraba su trilogía de la España inmóvil, aquella que inició con "La Guardia Civil", "El fulgor y la sangre", y que continuaba con los gitanos de "Con el viento solano", que después llevó al cine su amigo Mario Camus. Ignacio Aldecoa vivió dedicado a la literatura todas las horas de su existencia; cuando vivía, cuando bebía y cuando reía. Teniendo muy presente, hasta su muerte, el 15 de noviembre de 1969, aquella frase de Ortega: "La vida, como la moneda, hay que saber gastarla a tiempo y con gracia.


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