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Silverio Cavazos y el “estado fallido” mexicano

03/12/2010 06:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La muerte del ex gobernador de Colima, Silverio Cavazos Ceballos, ocurrida el pasado 21 de noviembre, un día después de cumplido el Centenario del inicio de la Revolución Mexicana, vino a ponerle los puntos sobre las íes a la estrategia del gobierno calderonista contra la inseguridad pública

Por Roberto Díaz Ramírez

La muerte del ex gobernador de Colima, Silverio Cavazos Ceballos, ocurrida el pasado 21 de noviembre, un día después de cumplido el Centenario del inicio de la Revolución Mexicana, vino a ponerle los puntos sobre las íes a la estrategia del gobierno calderonista contra la inseguridad pública, exhibiendo al máximo la incapacidad oficial para proteger a sus ciudadanos todos, aunque ello sea un mandato constitucional.

<a href="http://www.flickr.com/photos/34608250@N00/4999702190/" mce_href="http://www.flickr.com/photos/34608250@N00/4999702190/" target="_blank">Christian Frausto Bernal</a> via Flickr

Es bajo este escenario que los mexicanos, ricos o pobres, con o sin conexiones políticas, estudiados o sin mayor educación que la que da la vida, involucrados o no en acciones ilícitas, ya saben que se encuentran en estado de indefensión y no hay nada que puedan hacer para evitarlo, incluyendo en ese “no hay” la toma del camino de las armas, la última alternativa para algunos, puesto que la delincuencia organizada se encuentra tan o mejor armada que la autoridad.

La inseguridad pública en México, puesta en la silla de los acusados, de veinte años a la fecha, se ha convertido en el Talón de Aquiles de los gobiernos de la mayor parte de las entidades del país, sin diferencia de filiaciones partidistas, siendo bien pocos los estados que no se han visto afectados por la escalada de violencia que ha devenido, últimamente, en la muerte de políticos de todos los niveles y status económicos.

En esta suerte de ruleta rusa de la inseguridad, está visto que ya nadie se salva, ni siquiera aquellos que, se supone, tienen el poder económico y político necesario como para contar con suficientes, sofisticados y bien entrenados equipos de seguridad que los protejan de las garras del crimen organizado, quien, está demostrando que, hasta eso, valga la redundancia, en eso de eliminar a funcionarios y ex funcionarios, es bastante democrático porque arrampla con todos.

Puestos en la mira, los políticos de Calderonia se encuentran verdaderamente revolucionados, tensos porque así como asesinaron a Cavazos Ceballos y antes o después de las elecciones de julio pasado, ejecutaron a varios más, saben que en cualquier momento les puede llegar la hora, acompañada del frío y dantesco ruido de la metralla, consecuencia directa de los coletazos de un monstruo que crearon ellos mismos y al cual no saben cómo regresar al redil, por más planes y programas que se implementan contra el crimen, en todas sus modalidades.

La pregunta ya no es quién mató a tal o cuál político, a tal o cual funcionario o ex funcionario público de éste o de aquel nivel de gobierno, sino quién sigue en la lista negra que amenaza con incrementarse día tras día, mientras la justicia brilla por su ausencia en un país donde, todo indica, seguirá privando el clima de impunidad y violencia, gracias a la falta de voluntad política para actuar en contra de la criminalidad, la incrustada en el gobierno inclusive.

Así las cosas, los ciudadanos de a pie, aquellos que hasta no hace mucho habían sido las víctimas propiciatorias y primarias de la inseguridad, ese monstruo de mil cabezas que no descansa, ya pueden darse por bien servidos porque no están solos en sus reclamos de justicia y fin a la impunidad, siendo secundados por “los de arriba” que, quién lo iba a decir, ahora sí los acompañan en su dolor, aún teniendo los medios financieros para intentar defenderse de los zarpazos del hampa.

En el México Bicentenario, ese que no puede salvaguardar la integridad física de sus ciudadanos, la muerte tiene permiso para actuar y no solamente en el terreno de las ejecuciones de políticos, sino también de ciudadanos comunes, quienes tendrán que encomendar a un buen Santo sus exigencias justicieras, ya que si las autoridades rara vez actúan con atingencia en los casos de sus iguales, los políticos, bien poco pueden esperar aquellos que no andan en la grilla pública.

Por lo pronto, se presume que el encargado de ejecutar al ex gobernador de Colima, Silverio Cavazos, fue un policía estatal preventivo de Nayarit, de nombre Oscar Mariscal, un tentáculo más de la delincuencia organizada, ese quiste social prohijado en su momento, quizás hasta por el mismo ex funcionario asesinado y los de su gremio, a quienes ya se les hizo bolas el engrudo en que ha terminado el estado de bienestar que debiera ser México, hoy tristemente conceptualizado por la cruda realidad como “estado fallido”.


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Autor:
Roberto Díaz Ramírez (122 noticias)
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