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Un simple acto de rebeldía

08/08/2012 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Se reía de la autoridad

Avergonzados por la conducta de su atleta, los dirigentes tomaron la decisión de prohibirle participar en cualquier competencia durante los próximos 10 años. A ella ni le afectó el castigo, por el contrario hasta se rió de la condena. Los de pantalón largo terminaron por hacer el ridículo; la prensa se los recalcó: "La suspenden cuando ella misma anunció que al término de los Juegos Olímpicos diría adiós".

Con su última burla a la autoridad, Dawn Fraser se despedía del deporte y de las reglas que tanto disfrutó romper. Tokio '64 le gustó para cerrar con broche de oro su exitosa trayectoria en las piscinas y su controvertido carácter fuera de ellas.

Rebelde por naturaleza, la nadadora australiana dejaba en tierras japonesas su legado como atleta y de paso regalaría más lecciones del cómo atreverse a quebrantar las normas sin verse afectada en su gloria deportiva.

Eterna señalada como una fiera sin domar, Fraser se opuso a los lineamientos que debía cumplir a cabalidad para ser vista con buenos ojos. Enemiga de la hipocresía y de las poses, así como de la sumisión a costa de reprimir la personalidad, la australiana hizo de la rebeldía su fiel aliada. Y en Tokio lo exhibiría con toda claridad.

Todo comenzó en la ceremonia inaugural. Bajo el pretexto de que debía descansar para competir le solicitaron no acudir. Ella sabía que no la querían presente para evitar un acto bochornoso de su parte. No hizo caso. Se escapó de la villa olímpica, abordó un autobús y se unió a sus compañeros. Bien se portó. Respiraron todos.

Pero después vino el episodio del traje de baño. Apareció en la alberca para efectuar su prueba. El uniforme que portó no era el de la marca oficial que debía utilizar la delegación australiana. Peor aún. Fue de la marca rival. "No me voy a poner algo que no me queda y que me incomoda para nadar", argumentó. Los trajeados se infartaron y no dejaron de disculparse con la marca oficial.

Lo mejor estaba por venir. En la víspera de la ceremonia de clausura se escapó de la villa con otros compañeros. Fueron detenidos por la policía local y encerrados en la comisaría. Cuando llegaron a sacarlos, los uniformados dijeron que fueron sorprendidos en desmanes bajo las influencias del alcohol. "Un momento. No bebimos, así que borrachos no estamos. Lo único que hicimos, o mejor dicho hice, fue querer robar la bandera del Japón", alegó Fraser. Ofendidos estaban los orientales y colapsados los dirigentes australianos, quienes no sabían dónde esconder la cara. Mientras los trajeados buscaban la manera de pedir perdón, Dawn Fraser acudió a la ceremonia de clausura.

Tras haber conquistado cuatro medallas de oro y cuatro de plata en Juegos Olímpicos durante sus participaciones en Melbourne '56, Roma '60 y Tokio '64, Fraser se despedía contenta del deporte. En su felicidad, un miembro del cuerpo de guardia del emperador Hirohito se acercó a ella.

-¿Es usted la australiana que rompió el récord de nadar los 100 metros libres en menos de un minuto?

-Sí, soy yo.

-¿Es usted Dawn Fraser?

-Sí, la misma.

-¿Es usted la que se atrevió a entrar al palacio para robarse la bandera de mi país?

-Me atreví, pero no me robé nada. No me dieron tiempo.

-Esto es para usted. Un obsequio de mi emperador.

Fraser recibió un bulto de tela muy pesado. Comenzó a extenderlo y era la bandera de Japón que intentó robarse. Hirohito le manifestaba así su admiración por lo que consiguió en la alberca y por su gallardía para atreverse a hacer lo que hizo.

Antes de despedirse, el guardia le confesó algo más: "Sepa usted que mantenemos ocupados a los dirigentes de su delegación. Nos divertimos escuchando las súplicas de perdón. Mi emperador dijo que una atleta como usted debe festejar su despedida de forma tranquila y sepa que lo estamos cumpliendo".

Nadie le avisó a los trajeados australianos. Culminaron su humillación castigando a la mujer que ya había dejado atrás su paso por las piscinas.


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Reportaje
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