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Una simple ficción sobre la imposición

04/12/2012 13:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image(No me importan tus guardias ni tus cercos, estos son mis pensamientos, y en ellos el Estado, la historia y tú me pertenecen.)

Era la una de la madrugada del primero de diciembre de 2012. Habían finalizado las formalidades televisables en el palacio nacional. Saludó de nuevo a Cienfuegos y apapachó a Soberón; el chaparro agradeció a todo su equipo haciendo un estúpido ademán con la mano derecha y verborreando: 'Los veo en unas horas, muchachos'. Ahora extiende el brazo a Rosario Robles mientras pinta esa ingenua y falsa sonrisilla suya... Voltea, se hace pendejo con Coldwell enfrente, pretende no verlo, quién sabe porqué.

La transmisión en televisión abierta cesó completamente; los camarógrafos recogieron sus materiales, enrollaron sus cables y se fueron 'derechito a la chingada'. Los políticos abandonaron la sala beige. El 'señor/ciudadano/presidente-electo' encabezaba el desfile de la opulencia, todo privado. Recorrían los pisos lustrosos, entre paredes con chaflanes de caoba y maderas preciosas. El pelón pelele le alcanzó y extendió su mano hacia sí mientras avanzaban por el pasillo.

Ahora sí a la chingada, ahora es TU pedo. -Felipe, descuida, lo tendré bajo control-. Eso esperemos, pero, recuerda cómo me tuve que presentar hace seis años. -Bah, Osorio se encargará de los revoltosos. ¿Nervioso?, te mandé a los federales-. Pues fíjate, me preocupó cuando tiraron las vallas el miércoles, per creo que con los granaderos no habrá problema, Marcelo dijo que se iba a hacer pendejo mientras no me pasara de verga. Se la mamaron, ¿no?, primero los cercos, luego las estaciones cerradas, y ahora con los granaderos y los federales ahí afuera. Algo... pero a la verga, soy el presidente ¿no? Pinche Peña, no la vayas a cagar, pendejo; también quiero mi mochada, no se te olvide que sin mí, no estarías aquí parado, cabrón. No te preocupes, me hablas cuando estés en el gabacho, porque con el inglés que yo tengo… Ay, pinche Peña (si serás pendejo).

(Recuerden al expresidente: viejo, pelón, feo, gordo, narcisista y espurio; si lo miran de frente con atención se le ven unos ojos estrabistas. Posee un don natural para siempre tener un gesto facial de retrasado mental, probablemente sea la razón para que, en sus comerciales, no lo enfoquen de frente. Terminó por fin una pesadilla para reanudar otra más larga.)

Él contingente de hombres los hombres con trajes siguió su caminito, él se dirigió a la pieza del balcón, lo 'tomaron prestado' un rato pa' la foto, ahí ya lo esperaban. La nueva familia presidencial estaba conformada por seis vástagos, no eran todos de él, eran bastarditos, híbridos. La mitad eran de la dama presidencial, la más estúpida y vulgar que el país haya tenido después de nadie. AY, estos hijos de ambos... ambos no como un conjunto, sino como egos aislados.

Su hijo Alejandro tenía cara de idiota... 'salió igualito a su padre' dijeron sus abuelos cuando éste nació. La diva-vástaga, Paulina, usaba su carísimo celular para 'postear' sus pendejadas en 'tuiter': "Saluden (Odio) a la (a) nueva (Sofía) princesa (, ) de México (puta.)"; la comidilla de todo el pueblo, tanto que se olvidaron de la existencia de los otros cuatro: Sofía, Fernanda, Regina y Nicole... todas poseedoras de un intelecto opaco, todas eran igualitos a el bobo Alejandrito en un sentido: 'estaban igual de mensos que sus padres'.

El licenciado abrazó a su esposa por la cintura:

¿Te pusiste las plantillas? Sí, las estoy usando, pero no puedo caminar muy bien por tu imprudencia, jamás sabes cuándo parar. Sabes, sería lindo dejar que los 'falsos silogismos de colores sobre tí (cauteloso engaño del sentido'1), que aparecen en la telev, para haber logrado tu 'necia diligencia errada'2, tengan extensión tal sobre la realidad que seas, en serio, el hombre justo y tolerante que el México incauto cree que sos... bromeo, ni en una ficción aquella mujer (será ignorante, pero sigue siendo una mujer) podría articular tal pensamiento. La conversación fue, realmente, cosa más parecida a esto: ¿Te pusiste las plantillas? Sí, pero la madriza que me metiste ayer sí estuvo gacha, amor. Pues más te vale no cagarla hoy, si no, ya verás cuando regresemos a casa.

La familia posó para la foto, -flash- e ipso facto las caras de plástico se derritieron. Los pequeños y caprichosos 'petites-conneries' se dispersaron cual cucarachas buscando huir del humano, por momentos cruzaban sus antenas y fingían sonreírse; cuando la prensa abandonó la sala sacaron sus celulares(pe-da-en-mi-nu-e-va-ca-sa).

El inútil se dirigió hacia su esposa y expresó su inconciencia temporal: 'Te veo mañana', ella no hizo más ruido, se volteó y alejó, pastoreando a los niños. Él salió por la puerta trasera, lo esperaba una camioneta negra, blindada (obviamente), se acomodó en el lujoso interior de cuero negro y los esclavos de traje le cerraron las puertas. El chofer del automóvil miró por un instante los ojos del hombrecito de plástico a través del espejuelo. -Oye, voy a festejar, háblale a Christina y a Fernando, diles que paso por ellos a Polanco en media hora.- Ménage á trois: El pene para ellas, el ano para ellos. Una fornicada sacada de las arcas del erario.

A las cinco treinta-y-nueve se despertó con la llamada del cínico mayor, 'un presidente no tiene amigos, sólo aliados', aliados que desde niños muestran una gran vocación por la sangre. Los cuerpos seguían en las sábanas, llamó a sus encargados de seguridad. Alguien tocó a la puerta, abrió y recogió la cajita que estaba en la alfombra, abrió el paquetito que contenía un frasquito lleno de la mejor coca, nada mejor, ni siquiera la de esos peleles de Tv Azteca, barbaramori, se comparaba con la calidad de esa mercancía. 'Soy el presidente, a la mierda'. Resucitó de entre los muertos; estaba despeinado, ojeroso, gastado, el guiñapo se daba asco a sí mismo, cuarenta y seis años no habían corrido en vano. Le dolía la cabeza y tenía hambre. Presión presidencial, ¿eran las responsabilidades que cumpliría para su patria, o las presiones de los opositores a su próxima dictadura con fecha de caducidad?

El azúcar lo reanimó de una noche funesta, de la que no recuerda mucho. Tuvo que bañarse; sus asistentes llegaron, ya sabían la rutina, su tarea: poner la piltrafa presentable, como 'galán de telenovela'. Faltaba solo una hora para que tuviera que llegar al Congreso de la Unión. El cerco empezó a poblarse de manifestantes desde las cuatro de la mañana, los granaderos, federales y demás elementos de seguridad empezaron a desplegarse a lo largo de la construcción... el señor presidente electo, Enrique Peña Nieto estaba listo, nuevo, impecable, con una piel restaurada, bien hidratada, un cabello ordenado y 'envidiable', mas dentro su cabeza una mente enjuta, deplorable imploraba por un poco más de descanso...

Subió de nuevo a la camioneta y partió en convoy al Congreso, eran las seis, la ceremonia empezaba a las nueve, los bloqueos empezaron a las cuatro y las agresiones no se hacían esperar. En su camino se reunió con Roberto Miranda, nuevo jefe del Estado Mayor Presidencial, Oye, Quique, ¿no quieres comer algo antes?, no te sentaría mal algo de comida. ¿Comida?, ¿quién necesita comida después de tremenda perica? Como quieras.

<<Presidente de México>> Pensaba dispersándose mientras el vehículo avanzaba sobre el eje 3 Oriente, en menos de diez minutos todo empezaría, imaginaba... ¿Qué ocurriría si los manifestantes superaran los dispositivos de seguridad?, ¿y si lo agarran?, ¿lo enjuiciarían?… ¿le bloquearían el paso y lo matarían de una manera no-violenta?, <<¿Qué me harían?, ¿me gritarían consignas hasta reventarme el cráneo?>> (cráneo despresurizado, claro, sellado 'al vacío'). Toma su celular, escribe y postea sus 'tuits' idiotas en el tiempo del camino restante.

Llegaron. ¿Por qué la valla?, ¿por qué la policía?… él sí quería entrar por la puerta delantera. En algún lugar el pelón pelele debería estar retorciéndose de la envidia, << ¿por qué no se me ocurrió eso a mí hace seis años?>>, pensaría. Él y Miranda bajarán del vehículo, se escuchaban gritos por todas partes, la valla resistirá, igual tenemos a los granaderos, << ¿cuántos pueden venir?… ¿Cuántos eran los que marchaban? ¿Cuántos votos anulamos?>> -Oye Luis, ¿sabes cuántos votos anulamos? La verdad no sabría decirte, un chingo, muchos más de los que imaginé. Pronto tuvo que cambiar su preocupado gesto, debía mostrarse como el líder que será: firme, guapo y guapo... pues la apariencia es la única 'virtud' que posee el tarado.

Puso el su primer pies en el suelo, de nuevo había cámaras por todas partes, no escuchaba más que improperios al fondo, <<Seguro los editan, siempre los editamos>>. La multitud enardecía más y más, escuchaba piedras palos y botellas de vidrio estrellándose contra el cerco. Las injurias hacia su excelencia, el señor presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos, esperen, ahora sería solo: su excelencia el señor presidente electo de México. Cadenas, el ruido era infernal. Caminó con disimulados pasos seguros hacia la entrada del recinto, al fondo se escucharon dos detonaciones. -¡Sin PRI, Mé-xi-co, sin PRI, Mé-xi-co!

Entró al Congreso: ¡Qué horror! Y llevan así desde las siete. ¿Desde las siete? Sí ¿Y qué esperan? No queremos más desordenes, el jefe de gobierno dijo que él también debía mantener una imagen. Pero resistirá el cerco, ¿verdad?

El silencio de Cienfuegos le comunicó todo lo que necesitaba saber, y el gesto de su cara cambió radicalmente, sintió el bajón del 'polvo de angel' repentinamente. <<Cuando sea presidente, mi primera orden será... >>

Y empezó la ceremonia a las nueve de la mañana. Los enfrentamientos continuaron. Años tenía de experiencia mostrando una imagen serena, por dentro se consumía en los nervios, los legisladores de la oposición mostraban inocuas mantas de protesta, en ese mismo instante, el puño enfurecido del pueblo golpeaba sin descanso las vallas metálicas, rígidas. La ceremonia continuó con sus formalidades, el hombre se paró en lo más alto del recinto, otros dos a su derecha. Ninguna de las gruesas paredes podía ocultar de la conciencia del inepto lo que ocurría afuera, conforme pasaban los minutos, los gritos parecían intensificarse, le empezaba a doler la cabeza, conforme volvía a su cuerpo sintió la joda de hace unas horas, le picaba el falo y le ardía el recto, le excavaron hasta el sigmoide. Sentía que sudaba frío, lo aturdió una explosión, la escuchó justo en el lóbulo izquierdo de su cabeza, tuvo un espasmo, su esposa y el señor Azcárraga lo miraron confundidos, se empezaba a ver mal, empalideció y su fingida sonrisa se borró de su rostro. (Ahora eres mio). Las formalidades continuaron, él tenía la mirada perdida, el ruido se intensificaba.

Afuera del recinto seguía llegando gente, parecía que no arrivarían más contingentes desde las ocho, pero diversos grupos sindicales, organizaciones disidentes, hordas de estudiantes universitarios y preparatorianos continuaban su lucha contra los pedazos de metal que obstaculizaban su paso hacia el gran dinosaurio, y cada vez eran más. Los granaderos remplazaron las latas de lacrimógenos por granadas de gas de uso militar. Del lado del pueblo solo se tenían palos, machetes, uno que otro Molotov y algunos hombres empezaron a usar petardos de feria para responder a la ofensiva institucionalizada.

El hombrezuelo dentro del traje tuvo un escalofrío repentino, se le congelaban los pies y las puntas de los dedos, seguía escuchando la verborrea de los demás parásitos, escuchaba, no entendía. El enano pelele viró la vista para encontrarse con el rostro de aquel hombre demacrado, le sorprendió el contraste entre el aspecto que tenía hace apenas media hora. Las detonaciones seguían escuchándose, ahora con mayor frecuencia.

Afuera un hombre resultó herido de gravedad, un traumatismo profundo en el cráneo. Seguían llegando contingentes, y hombres por su cuenta, trabajadores, más estudiantes, pobladores del barrio, de la delegación, del estado... del país. La presunta muerte del joven enardeció más la lucha. Alguien manejó un camión de carga y lo estrelló contra la barda izada hace una semana, derribándola. Los manifestantes ganaban territorio ante los elementos de seguridad. Fueron disparadas a quemarropa balas de goma, el fuego era un elemento recurrente y la violencia se intensificó, más de un ciudadano y un policía cayeron hacia el suelo, ensangrentados, para no volver a levantarse.

Llegaba la hora del presidente electo de hacer su juramento, él seguía idiotizado por su angustia, Murillo Karam debió indicarle que debía leer la pantallita que montaron en el fondo, recuperó el sentido y escuchó más lejos de sí los estragos provocados por los manifestantes. Empezó su 'discurso', solo era una línea, debía responder el juramento que no escuchó, pero se congeló entre las letras del teleprompter, y volvió a su estado de estupefacción. En cuestión de milisegundos escudriñaba entre sus imágenes mentales todos los momentos que pasó para estar ahí parado. Sus tímpanos se tapaban, escuchaba a los manifestantes acercándose como un zumbido entre el ruido blanco. Escuchaba las voces unificadas ahora, tenían un ritmo, un compás, un grave latido. Perdió un segundo la mirada en la alfombra y vio las caras de los beneficiarios de su protesta, todos se veían preocupados, él viró la cabeza hacia la derecha, vio a los potentados del país verle a los ojos y voltear hacia atrás, a su derecha, el pelele se vió repentinamente angustiado, frunciendo el ceño y con la boca abierta, idiotizado. Escuchó una tercera detonación, sus oídos dejaron de funcionar, y, mientras abría los ojos vio, opacas imágenes de sus acompañantes levantarse preocupados de sus asientos, girar hacia sus izquierdas o derechas y caminar-trotar-correr-huir; los senadores disidentes desaparecieron también, pero no los veía correr como al resto, quienes se apresuraban en dirección a la puerta trasera. Dos oficiales lo tomaron de los hombros, él solo veía mover sus labios, tenía la peor migraña de toda su excretable vida, no oía nada más que el bajo palpitar de su corazón, le ardía el ano, le sudaban las manos, tenía frio en las piernas. Pronto el sonido de sus latido se apresuraba, pero no era su corazón, a su derecha seguían huyendo los aristócratas y burgueses; solo su oficial de marina le gritaba, él se concentró en la cabeza calva y el bigote negro de aquella vieja morsa cuando él viró la cabeza bruscamente mientras emprendía la huida hacia la saturada salida.

Un palpitar aún más fuerte le devolvió un poco de sentido común, alzó la vista, (inconsciente, quiso tener 'un milagro secreto'3)... vio la gran puerta de la sala sucumbir, cientos de manos atravesaron un umbral de humo, ahora las cabezas negras lentamente salían del mismo umbral y consecutivamente los torsos de las cabezas y los brazos. Una bandera roja con una estrella amarilla coronaba a la bestia, todavía escondida entre la niebla, el dinosaurio quedaba ahora desprotegido. Del humo seguían saliendo puños cerrados enarbolados al aire. Cientos de brazos, piernas, cabezas hicieron temblar, con cada paso, con cada golpe, con cada grito; el corazón de aquel régimen de un solo interés. Veía los torsos inclinándose sobre sus piernas, poniendo las plantas al unísono, haciendo temblar la tierra y su pecho, el humo salía con la bestia; esa esencia metafísica inexplicable, conformada por una y miles de voluntades al mismo tiempo, reclamando con fiereza el retorno a su dignidad. 'El mundo al revés'4, el opresor se volverá el oprimido, la ley es el crimen universalizado y la violencia es el instrumento de la paz. Otro paso, la banda presidencial se le empieza a resbalar de las manos mientras la bestia se afianza como depredador, saliendo de la obscuridad, el misticismo y el anonimato; el hondo ruido blanco y el agudo zumbido empiezan a tomar forma, dejan los extremismos y se afianzan como una sola sustancia, como una sola presencia que no se interpola sobre la otra, que no nulifica la existencia de su igual, dos presencias contrarias que se unen como una sola armonía. Todavía siente las detonaciones en sus orejas, pero son los pasos de la bestia los que lo aterran. Una última explosión le devuelve el sentido auditivo.

Escucha ahora un montón de pasos apresurados corriendo hacia su presencia, la banda deja de estar en sus manos para reposar sobre el suelo, del humo salen miles de personas, en menos de tres segundos ya están frente a él, se petrificó quién sabe por cuanto tiempo, ve tantas caras que ya no tiene caso enfatizar la mirada en una, ahora el conjunto es todo un ente, fuera de la niebla. La bandera es ahora no un rectángulo rojo. El primer contacto con la realidad, un duro puñetazo sobre su mejilla derecha5. Ahora lo ve bien: Verde, blanco, un águila. Le muelen el hígado en tres movimientos, presto, otro puñetazo en la cara, le quiebran la mandíbula; siente un puntapié en la entrepierna, acertando en sus testículos. Un golpe recto de arriba hacia abajo le quiebra la naríz, dos patadas simultáneas le fracturan en tres partes la tibia y al mismo tiempo una tercera golpea su cadera, empujándolo hacia su derecha sin siquiera permitir que la inercia del primer golpe haya terminado de ejercer su fuerza sobre su bello rostro de telenovela. No sabe qué sentir, el dolor es inmediato, el hambre le regresa, ahora, como nunca añora saciar su apetito. Un tubo metálico se impacta contra la región derecha de su espalda baja, él sucumbe y en el suelo empieza a sentir los pisotones sobre sus rodillas, aún tiene hambre. Otro impacto con el tubo metálico le abre el estómago, aún tiene hambre. Alguien patea violentamente su cara con la punta de una bota con casquillo de metal, su cabeza se balancea y en un instante puede ver que sus piernas están siendo prendidas en fuego, no siente ardor, probablemente el golpe del tubo lo ha dejado paralítico. La multitud empieza a prestar atención a sus manos, a sus dedos, unos empiezan a hacer puré a pisotones sus intestinos, el ano le arde, es algo inexplicable si ya estaba paralítico.

Una consecutiva patada en la cara le retorna la vista hacia la puerta de salida trasera, misma es la suerte que corre su gabinete, quienes son tomados de los sacos, otros ya están recibiendo las primeras reprendas, sientan el yugo de la justicia. Reconoce el cadáver aplastado de su 'aliado' más poderoso (recuerden, un presidente no tiene amigos, sólo aliados) por el inconfundible y odioso traje de pingüino y la falta de pelos entre los sesos de su cerebro Harvard, reconoce a su 'tío' y algunos de los empresarios que apoyaron por detalles mínimos, o al menos reconoce de quién era ese reloj de oro sobre la mano mutilada; recuerda y todavía identifica el peculiar color del traje que aquel otro mandó a hacer a Italia, sin importar la mancha de sangre que ahora tiñe la tela... Esa cara desfigurada y enjuta, ¡cómo no poder reconocer la barba del Jefazo

Diego? Recibe otra patada, su antecesor pelele muestra las manos limpias justo al tiempo en el que recibirá un tremendo batazo de metal en el cráneo, muere instantáneamente, al parecer no era tan duro como quiso mostrar. Verde. Un último y fugaz pensamiento atraviesa su pobre, estúpida y perversa mente al momento en el que mira la suela de la bota acercarse vertiginosamente hacia su cara en un movimiento vertical, escuchó: ¿de verdad creyeron que nos quedaríamos cruzados de brazos?

Le aplastaron el cráneo. Antes de morir, despertó agitado la madrugada del dos de diciembre del mismo año. Observó el reloj de su pared, mandado a hacer en suiza. Son las seis de la mañana con treinta-y-un minutos. La luna se escondía entre cirrus y árboles. Se levantó bastante agitado, sudando; Angélica lo miró desde la cama pero no quiso preguntarle nada, <<Que se vaya a la mierda>>, pensó y fingió seguir durmiendo. Estaba demasiado agitado, fue a la cocina, tomó un vaso de Whiskey mientras recordaba la imagen de la bandera de México enarbolada sobre la bota que pisó su cara. Tomó su celular y marcó.

-Qué pasó Quique, ¿Porqué llamas a estas horas?

-Necesito saber qué les pasó a los manifestantes.

-Nada, uno murió en un hospital, otro está herido de gravedad chance igual y muere. Tuvimos suerte ayer, de no ser por la falta de coordinación, entre los que estaban en San Lázaro, los de la Alameda y los pacifistas de 'El Ángel'; sí nos hubieran chingado. Pero ya sabes cómo son los mexicanos, bien pendejos. ¿Y ese milagro, por qué de repente te preocupas por eso?

-No, por nada.

Así empezaba su sexenio el 'señor/ciudadano/presidente-electo', con esa sensación de hambre insaciable, con esa sensación de ardor en el ano.

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Autor:
Tótua Nia (652 noticias)
Fuente:
impunemex.com
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Reportaje
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