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Sinaloa: una sociedad demediada; sinaloenses: individuos demediados.

30/05/2013 00:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jorge Gastélum-Escalante.

Dice Juan Villoro que, en Sinaloa : una sociedad demediada , de Ronaldo González Valdez, se fragua el mapa futuro de un territorio imprescindible, Sinaloa, y yo estoy de acuerdo.

Yo leí este libro a propósito de mi tesis doctoral, y aunque Ronaldo sabe que lo cito y por eso acaso lo imagine, no le he dicho hasta ahora cuanto me sirvió su bien sistematizada reflexión sobre este nuestro solar de nacencia: Sinaloa.

Escasos son los ensayos sobre el alma del sinaloense. Hace tiempo que falta nuestro Perfil del [ser humano] y la cultura de Sinaloa , nuestro Laberinto de la soledad , nuestro El sinaloense : psicología de sus motivaciones .

Una generación ya lo intentó y acaso lograron acercamientos muy certeros y apuntes por momentos brillantes: digamos Enrique «El Guacho» Félix, Antonio Nakayama, Juan Macedo y Francisco Gil Leyva, pero falta el ensayo integrador.

Ahora Carlos Calderón Viedas ha publicado su Huellas de la modernidad en Sinaloa y Adrián López Ortiz su Ensayo de una provocación . Vale decir que entre ambos han urgido a completar el perfil del sinaloense, su laberinto, la psicología de su ser. El libro de Ronaldo es de ese mismo tono en el que Calderón Viedas y López Ortiz editaron sus respectivos desafíos.

Sinaloa: una sociedad demediada es también un desafío. En primer lugar la calificación que parece provenir del Guacho Félix: Sinaloa «tiene todo pero a medias», es decir, Sinaloa es una sociedad demediada. Sinaloa juega a medio brazo; teniendo todo se conforma con la medianía.

¿En qué consiste esta medianía? Dice Ronaldo: en que no le ha alcanzado la historia para cerrar los capítulos de su biografía, no ha logrado culminar sus procesos civilizatorios. Ni en las naciones prehispánicas, ni en la Colonia, ni en la Independencia, la Reforma o la Revolución. Y es posible leer entre líneas que no bien no se había cerrado el capítulo revolucionario cuando a la nación se le endosó el desarrollo estabilizador; luego sin que el país se hubiera estabilizado se viró al desarrollo compartido; y no se terminaba de compartir cuando el gobierno se subió al carro del neoliberalismo. Y ahí ya han transcurrido unos 24 años sin que se arribe a la tierra prometida del primer mundo.

Y todo eso aquí con las características propias de Sinaloa y sus habitantes. ¿Cuál es el problema? González hipotetiza que el quiebre de las representaciones y principios de autoridad que dieron sentido a la vida de varias generaciones de mexicanos y sinaloenses desde la revolución hasta el fin del desarrollo compartido.

Para demostrar su hipótesis, Ronaldo recorre la historia de Sinaloa: del despegue ¿hacia dónde? de Sinaloa en los años cuarenta y sesenta, hasta la utopía de otra sociedad y otras alternativas.

En los cuarenta, a milagro mexicano corresponde su réplica local: el milagro sinaloense. Los cuarenta son el despegue agricultural (si suena gringo es porque tiene algo de gringo) de Sinaloa: es lo agrícola y lo cultural pasando por lo financiero: hasta para proponerse bancos locales le alcanzó la ilusión al desarrollo agropecuario. Vino con ello los movimientos sociales de una primera ola no toffleriana sino sinaloense: cambios demográficos, migración campo ciudad, redefinición de las relaciones políticas y de poder, cambios en la tenencia de la tierra, rectificación agraria, movimientos campesinos y obreros.

Todavía a fines de los cincuenta, las cifras de los delitos parecerían hoy los de un país como Suecia: entre las cuatro principales ciudades del estado (Culiacán, Mazatlán, Los Mochis y Guasave) apenas si completaban 137 robos y unos 215 homicidios. [1]

En los sesenta, con la población creciente por encima del millón de habitantes ya para 1964, el sinaloense era considerado un exponente de mexicanidad, mestizo de dos sangres, cuyo corazón late potente, abierto a todos los credos, esperanzas y amistades de buena fe, en un pecho franco contra el que puedes estrecharte confiado.

Pero con el crecimiento demográfico se complicaron el desempleo y el subempleo, mientras el discurso oficial se quedaba en el dicho. Un señor de apellido Madrazo ensayó a batir las aguas de la democracia contra el poder del gobernador. Entonces los estudiantes se alborotaron y de esa algarada surgieron líderes universitarios que después se manifestarían de modos diversos. La Universidad de Sinaloa adquirió entonces su autonomía, y el movimiento cobró impulsos que llegarían hasta los años setenta, pasando por la renuncia de un rector y la admisión de una nueva ley orgánica. En eso llegó 1968. El movimiento ya no se detuvo y no sólo se confinó al claustro sino que fue donde el pueblo parecía demandar su presencia: siendo Sinaloa agrícola: al campo, por la tierra. Otro rector renunció; y poco después otro. Surgieron los «enfermos», curioso ―y más que curioso violento― fenómeno que puso a la universidad frente al espejo de su destino.

Algunos «enfermos» se fueron a la guerrilla, lo que no ocurrió con otros movimientos estudiantiles ¿Por qué Sinaloa? Más allá de las famosas condiciones objetivas ¿qué hay en el ser sinaloense que impele a sus activos a plantearse cambiar la vida mediante la violencia?

Los conflictos agrarios siguieron todavía más acá de la primera mitad de los setenta. La tenencia de la tierra seguía en el horizonte. Un millón 500 mil habitantes poblaban el territorio sinaloense, poco más de la mitad en el medio urbano según los criterios de Inegi. No todos trabajaban, apenas poco más de la mitad de quienes estaban en aptitud económica; de estos, el 63 por ciento ganaba menos de mil pesos mensuales. La política federal, mientras tanto, alentaba los movimientos por la tierra. Hubo más violencia: aparte de la que anidó al seno del movimiento estudiantil, la del movimiento campesino revuelta con la política y la relacionada con el narcotráfico, que venía incubándose desde fines del siglo XIX y se consolidó en los cuarenta del XX, cuando la Segunda Guerra Mundial.

Sí, ahí está el fenómeno manifiesto en esa violencia, pero ¿cuál es su explicación esencial? ¿Qué causa que anide en el alma sinaloense? ¿Qué hay en su genoma o en su crianza que provoca tal proclividad por la violencia? Sexenios y gobiernos pasan y el fenómeno no decrece sino todo lo contrario. Las cifras que ilustran como el fenómeno inunda los poros de la sociedad regional están en este libro. Las acciones de combate gubernamental parecen podarlo

Ya hasta hay un concepto: narcocultura, cuyo prefijo es aplicable a todo: narco look , narco junior , narcofresa, narcocorrido, narcofosa, narcopolítico, narcosanto, narco...

González busca la explicación en una óptica global, propone ir a las causas profundas, a la historia, a los orígenes de la distorsión cultural y el desequilibrio regional, a lo que ha provocado el quiebre de toda autoridad (empezando por la familia y siguiendo con la escuela y las figuras públicas y los gobiernos).

Y yo creo que este libro, que todos deben leer, es un capítulo de esa explicación necesaria del encuentro de las causas, pues si algo queda de racionalidad ahí hay que buscar porque de otro modo Sinaloa ni los sinaloenses tendremos remedio de salir de la condición demediada, que es como decir mediana, mediocre. Destino al que no quisiéramos verla sentenciada, ni vernos consignados.

Muchas gracias.


[1] Hoy e N 2012, sólo en los primeros cinco meses el municipio de Culiacán rebasó esa cifra de homicidios al completar 222.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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