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Sincronización de los ataques EE. UU y Moscú por los ataques a Siria

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22/10/2018 11:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El hecho de que ahora estos países hayan sincronizado sus respuestas y encontrado un punto de unión termina siendo un golpe para los intereses del Kremlin

Asidero

 

Uno de los grandes objetivos del Kremlin en los años de Putin ha sido, según Joshua Yaffa, de New América, dividir a los aliados y debilitar instituciones con la intención de fracturar organizaciones como la Otán y la Unión Europea (UE). Al mismo tiempo, minar la cooperación entre estas con EE. UU. “Por eso apoyaron el ‘brexit’ (la salida de la UE del Reino Unido) y por eso empujaron a Trump, un candidato que fue hostil hacia este tipo de alianzas y al multilateralismo”, afirma el analista.

El hecho de que ahora estos países hayan sincronizado sus respuestas y encontrado un punto de unión termina siendo un golpe para los intereses del Kremlin. Sobre todo, porque no era claro hasta la semana pasada si Theresa May, la primera ministra británica,  podría orquestar una respuesta de este tipo con un cuerpo como la UE y con un Trump que no ha ahorrado palabras para alabar a Putin pese a las múltiples ofensas.

Aunque Trump mismo no ha criticado abiertamente al presidente ruso, el cambio de tono de Washington y la agresividad de su respuesta es un desarrollo que no le conviene a Moscú. Dicho eso, y de momento, Putin tiene poco que perder en una confrontación de este tipo con Occidente. 

Lo cierto es que, a ambos le interesa Venezuela por sus riquezas y, ahora más, cuando la primera empresa del Coltrán ya salió de su etapa gestativa.

Por eso, un enfrentamiento con Occidente no pasará de expulsiones y críticas de diplomáticos que juegan a su favor, pues eleva el tema de seguridad nacional y eclipsa sus otros problemas. Lo importante es limitar a China en sus acciones. Pero, como dice Ángela Stent, funcionaria de inteligencia durante los años del presidente George. W. Bush, lo grave de un escenario como el que surgió esta semana es que va cerrando los espacios de diálogo y las áreas de potencial colaboración entre Occidente y Moscú, lo que podría conducir a un clima de alto voltaje como en los años de la Guerra Fría. Y eso es algo a lo que nadie quiere volver.

De hecho, internamente hasta le conviene, pues si hay algo que amalgama a los rusos es la percepción de una amenaza externa proveniente de EE. UU. y la Otán. Tanto que el mismo portavoz de la campaña electoral de Putin agradeció con sarcasmo a los británicos,  cuando atribuyó la participación de más del 70 por ciento en las pasadas elecciones a la disputa por el asesinato del exespía. 

Las relaciones entre Rusia y Occidente son ahora peores que en la Guerra Fría, porque antes entre las partes había canales de comunicación y no se observó una obsesión rusófoba, ha afirmado el ministro de Exteriores ruso Serguéi Lavrov, en una entrevista a la BBC.

"Creo que las relaciones entre Rusia y Occidente han empeorado, porque en los tiempos de la Guerra Fría existían vías de comunicación y no había tanta obsesión rusófoba, que se parece a un intento de genocidio a través de sanciones", ha admitido el jefe de la diplomacia rusa.

Asimismo, Lavrov ha expresado la esperanza de que las sociedades de los países occidentales, incluidas las personas que están en el poder, entiendan el peligro del actual estado de cosas.

"El ataque de EE.UU., Francia y el Reino Unido contra Siria no quedará sin consecuencias", ha hecho hincapié Lavrov, que también ha señalado que tras los últimos eventos "Rusia está perdiendo los últimos vestigios de confianza en Occidente".

", que han optado por actuar a partir de una lógica muy extraña: la prueba a través del castigo", ha añadido Lavrov.

"Recurrieron primero al castigo, como lo hicieron en Salisbury, y luego empezaron a esperar la investigación de Scotland Yard. Recurrieron al castigo en Duma, en Siria, y ahora esperan que los expertos de la OPAQ lleven a cabo una investigación. Es la lógica que aplica por esta tríada de países [EE.UU., Reino Unido y Francia]”, ha concluido el ministro ruso.

No hay ninguna certeza de que podamos llegar a establecer una unión en Oriente, pues no existe ningún bloque que lo permita, señaló. China no desea cerrar acuerdos militares ni los necesita porque se adhiere al principio de 'manos libres' en materia de política exterior.

Cierto, mantenemos excelentes relaciones, tenemos un acuerdo estratégico y somos aliados en numerosos campos, pero difícilmente podemos formalizar estos acuerdos en un tratado especial, al menos en el futuro próximo, concluyó en una oportunidad Pushkov.

Esta situación sitúa a Rusia, a caballo entre Oriente y Occidente, en una posición nada cómoda. Rusia tendrá que confiar en sí misma en vez de apostar por alianzas que garanticen su seguridad futura.

Un enfrentamiento con Occidente no pasará de expulsiones y críticas de diplomáticos

El historiador Jean-Pierre Filiu, en Generales, Gangsters y yihadistas (La Découverte), describe la poderosa contrarrevolución desatada frente a las demandas democráticas de la primavera árabe de 2011. El autor propone, para comprender mejor, remontarse a una historia anterior, la de los mamelucos, milicia de esclavos liberados al servicio de varios gobernantes del islam medieval. Estos guardias pretorianos, de origen extranjero, terminaron ocupando el poder directamente en Egipto y Siria. Su relación con la población árabe, ya que no solían hablar el idioma, era exclusivamente de dominación militar. Hay similitudes con los dictadores contemporáneos de la región, desde Bashar al-Assad hasta el mariscal Al-Sissi. Estos modernos mamelucos esclavizan su país. Su longevidad en el poder también se explica por la redistribución de recursos nacionales según una lógica mafiosa. ¿Por qué esta comparación entre los dictadores árabes de hoy y los mamelucos?

Como historiador y filósofo, pensé que sería pertinente arrojar luz sobre las construcciones nacionales de dictaduras modernas desde la muy larga historia árabe. Partiendo de la comparación con los mamelucos, que gobernaron tanto en Siria como en Egipto desde 1260 a 1516. Este grupo de esclavos liberados ocupó el poder, aunque seguían ejercitándolo en nombre del califa. Este último, encerrado en una cárcel dorada, fue reducido a una función puramente simbólica, sobre todo para la oración del viernes.

Establezco una comparación con las estructuras militares, hoy separadas de la sociedad a la que oprimen, mientras aparentan ejercer el poder en nombre del pueblo, como antes los mamelucos lo ejercían en nombre del califa. Pero ese pueblo constantemente invocado queda reducido al silencio y a la impotencia. Se convoca solo para escasos y teatralizados plebiscitos de confirmación, donde se excluyen cualquier elección democrática. Como ayer, el mameluco que consigue el poder siempre es el peor, el que es capaz de eliminar a todos sus rivales con el máximo cinismo. Veo un proceso de carácter darwinista en el acceso de Hafez al-Assad al poder absoluto en 1970 en Siria, después de siete años de intrigas y complots de donde sale victorioso como el más implacable.

La otra similitud son los conflictos internacionales, como los mamelucos de ayer con los cruzados y luego con los mongoles y los otomanos, así como sus seguidores modernos con Israel. Estos conflictos generalmente les importan menos que los arreglos de cuentas internas. Así es como, en la Guerra de los Seis Días en 1967, Nasser finalmente logra eliminar a su enemigo personal, el mariscal Amer. La guerra de fronteras fue entonces un telón de fondo para el conflicto real sobre la conquista y preservación del poder. A menudo malinterpretamos al analizar las crisis internacionales sin ver las luchas internas que las impulsan.

Los mamelucos tienen orígenes confesionales y étnicos extranjeros, algunos jefes de estado actuales proceden de minorías o de orígenes sociales modestos

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En Argelia, como en Siria, Yemen o Egipto, los líderes militares no son por supuesto descendientes de esclavos, pero a menudo proceden de orígenes despreciados por las élites urbanas. Un deseo innegable de revancha ha impulsado las reformas sociales y económicas, descritas demasiado rápidamente como "progresistas" cuando fueron tomadas en beneficio de la nueva clase dominante. En este sentido, la brutalización y la militarización del poder van de la mano.

También se debe recordar que las potencias coloniales preferían, conscientemente o no, enfrentarse a insurrecciones armadas en lugar de a un nacionalismo más político, no violento y pluralista. Es sorprendente que los suburbios de Damasco, en los que se ensaña el régimen de Assad, ya eran aquellos sometidos al fuego de artillería y barridos por las fuerzas francesas durante el levantamiento armado de 1925. Bashar al-Assad hizo lo posible por militarizar y luego yihadizar una oposición inicialmente pacifista para enterrar un proceso de naturaleza política mediante una guerra abierta. La columna vertebral de estos regímenes, cualesquiera que sean los principios constitucionales proclamados, son los mukhabarat, literalmente los "servicios de inteligencia ", de hecho, una policía política militarizada. El enemigo interno es la población misma, que debe ser sondeada y controlada. El poder no descansa sobre una relación con los ciudadanos, sino en la sumisión forzada de una población infantilizada. En una lógica tan ultrarrepresiva, mejor a veces haber puesto bombas que haberse manifestado.

No podemos juzgar la situación de estos países con nuestro sistema de interpretación jacobino del estado-nación. Porque es la supervivencia del régimen es el que siempre prevalece sobre los intereses nacionales. Y lo que es bueno para el régimen no siempre es bueno para el estado. Bashar al-Assad se comporta bien mientras su país está en ruinas. Pero él, desde su punto de vista, ha ganado lo esencial: la perpetuación de su régimen, por lo cual no se comprometerá a nada, cerrando la puerta a cualquier posible negociación.

Le dejo el problema a Rusia, EE. UU y China para que se resuelvan y le traigan las riquezas de Venezuela, Bolivia y Argentina, pero en La Patagonia y Pampas, ya llegaron los israelitas y norteamericanos. Claro, muy cerca, en Las Malvinas hay como tres submarinos nucleares y unas fragatas para prestar apoyo, si es necesario.

Estos mamelucos modernos están poniendo su país en orden, redistribuyendo una gran parte de los recursos nacionales entre sus redes clientelares y de acuerdo con lógicas mafiosas. El miedo generalizado es su principal resorte interno, que los obliga a movilizar recursos externos muy importantes. Hay mucho escrito sobre los ingresos del petróleo, ya esté fundado en los hidrocarburos nacionales o en transferencias desde el Golfo o Irán. Pero también quería resaltar la lógica específica de la renta estratégica.

Lo que llamo el "bote de la lotería israelí" funcionaba tanto en positivo como en negativo: para Egipto, en paz con Israel desde 1979, con transferencias masivas de los Estados Unidos; como para Siria, supuestamente en guerra, con transferencias también masivas desde la URSS. Pero esta "renta israelí" estaba agotándose con el cambio de siglo. Las dictaduras árabes dispusieron después de los recursos verdaderamente fabulosos de la lucha contra el terrorismo, en el marco de las "Guerras globales contra el terror" lanzadas por la Casa Blanca, y luego por el Kremlin. Las sumas en juego son colosales: alrededor de 20 mil millones de euros han sido vertidos también por las Petro monarquías sobre Egipto en el año siguiente al golpe de Al-Sissi contra al presidente islamista. Sin embargo, la población solo ve migajas de tales transferencias, monopolizadas por el aparato militar.

No por casualidad, el presidente venezolano Nicolás Maduro Moros saca a relucir en Venezuela, la moneda Petro, recordando los clanes militares del Medio Oriente.

Ben Ali cayó rápidamente porque no disponía de renta externa, ni petrolera ni geopolítica. Lo que desfalcó vino directamente del bolsillo de los tunecinos y su derrocamiento permitió refundar un contrato social real. Es así como los tunecinos pudieron obtener una nueva Constitución, la base de una República renovada. En otros lugares, la renta puesta en juego y el precio inigualable del petróleo en 2011 permitió a todos estos regímenes amortiguar el impacto de la caída de Ben Ali y Mubarak. Argelia ha garantizado la paz social a un precio exorbitante, a costa de la anestesia política del país.

Nada es ocasional, todo se remonta al mundo árabe, Maduro piensa que somos árabe y cubanos, una rara mezcolanza que, nada tiene que ver con nuestras costumbres indígenas.

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (729 noticias)
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