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Sobreviviendo a la Sociedad Destructora de Emprendedores

24/01/2012 11:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageNo sé si operan a lo largo y ancho del país. No sé si sólo los he conocido yo, tampoco sé si los estoy juzgando mal, pero lo que sí sé, es que me ha tocado, a lo largo de mi vida, tratar muy de cerca con la Sociedad Destructora de Emprendedores.

¿Quiénes son?, ¿Dónde los capacitan?, ¿Los fabrican en serie?… No lo sé, pero seguramente te has topado con uno de ellos tu también.

Un encuentro con la SDE fue no hace mucho, cuestión de dos o tres semanas. Me encontraba entusiasmadamente platicando aspectos generales sobre el emprendimiento actual de Novigo con un compañero del trabajo, cuando llegó otro compañero, supervisor. Se incluyó en la plática. Escuchó, asintió con la cabeza y esperó a que terminara de exponer la idea general del emprendimiento. Al terminar, preguntó con un aire de incredulidad: ‘¿…y cómo harán para conseguir clientes?’, ‘Con publicidad, e-mails, presencia en redes sociales y, si es necesario, ¡registrándolos a pie, de uno por uno!’ -repliqué, a lo que respondió con un sonido que solo se me ocurre representar como ‘¡Pfff!’. Enseguida despotricó con todos los argumentos que la SDE gusta aplicar en estos casos: ‘No va a funcionar’, ‘Estas loco’, ‘No van a durar ni un mes’, ‘¿Y dónde está la ganancia?’ y remató con un sórdido: ‘¡Que hueva!’.

Ese ataque de la SDE me dolió mucho en particular. No porque tenga razón el sujeto en cuestión, sino que, por el lugar de donde viene, la preparación que tiene y el puesto que ocupa, yo esperaría otra reacción de esa persona. Mi error por creer que la posición social, jerarquía laboral y educación le bastarían para sentir empatía con un emprendedor. Ahora sé que la SDE acepta miembros de toda clase.

Otra respuesta que he obtenido y que me da risa y, a la vez, tristeza, es cuando dicen: ‘¡Ah!, ¡pero eso ya existe!’.

Yo no sé dónde se dijo que un emprendimiento, o simplemente una idea, debe ser algo que no exista. Imagínate si así fuera, la tasa de surgimiento de nuevos proyectos iría decayendo exponencialmente pues, con el paso del tiempo, es más difícil crear algo que sea totalmente original. Si bien es cierto que todo lo que surge (emprendedoramente hablando) busca ser original e innovador, es imposible no tomar cosas de otros proyectos e intentar imitar pero, sobre todo, mejorar algo que ya existe.

Llego a un punto donde me pregunto a mi mismo: ‘¿seremos todos miembros de la SDE?’. Creo que sí. Todos alguna vez escuchamos a alguien traer una idea nueva, fuera de lo común y lo primero que hicimos fue decirle: ‘Estás loco’ o, como coloquialmente se dice en México, le damos el avión.

¿Las causas? Muchas. La idiosincrasia del mexicano, la influencia de los medios, la tendencia global al narcisismo, el derrotismo como forma de vida, la costumbre de echarle la culpa al gobierno, la sensación de intrascendencia personal y así y así. Causas sobran, el problema es: ¿Y las soluciones? Estoy seguro de que hay estudios y propuestas de grandes intelectuales y gente que ha abordado ya el problema. Yo no los voy a discutir o comentar aquí. Solo diré que, en mi muy personal opinión, los más jóvenes son la clave. Apoyar a que los pequeños se malviajen y desarrollen su creatividad desde temprana edad con otros juegos y actividades, no encasillar a los niños en la idea de que ellos tienen que ser empleados y seguir el estándar o, peor aún, decir a las niñas que su rol en la vida es cuidar a sus hijos y que, por su condición de mujer, aspiran a menos que los humanos de sexo masculino (léase, hombres). Que les demos la libertad de soñar e intentar cosas que tal vez otras generaciones no hicieron, entender de una vez por todas que nuestra descendencia no tiene por qué sufrir lo que uno ya sufrió, hacerles ver que todas las cosas tienen muchas soluciones y no sólo una y, sobre todo, nunca, pero nunca decirles las letanías de aquella omnipresente Sociedad Destructora de Emprendedores:

‘Eso no se puede’, ‘¿Para qué?, si así estamos bien’, ‘Estás <<em>ponga aquí su insulto favorito>’, ‘Las cosas son así, y así seguirán’, ‘Tú no vas a cambiar el mundo’, ‘Mejor dedícate a otra cosa’, ‘No vas a poder’ y mi favorita: ‘A qué le tiras cuando <<em>ponga aquí su sueño guajiro> mexicano’.

Entonces estaremos invirtiendo en el futuro de México, al formar mejores personas y dejar que surjan como emprendedores y sean el motor que impulse el cambio que nuestro país tanto necesita.

Eso en cuanto a los emprendedores del futuro. Y para los que ya andamos en el camino emprendedor, creo que está de más decir que la Sociedad Destructora de Emprendedores seguirá en labores por tiempo indefinido, así que, trillado como parezca, hay que tomar sus letanías con perspectiva, no caer en depresión y, antes que nada, no hacerlos a un lado, pues si logras venderle la idea a un miembro activo de la SDE, significa que tu idea o proyecto ya está probada con fuego.

Ya pa’ despedirme, comparto este cuento que encontré, muy ad hoc con lo aquí expuesto:

ALAS

‘Yo ejercía entonces la medicina en Humahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo le quité el poncho vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté: -¿Por qué no volaste, m’hijo, al sentirte caer? -¿Volar? -me dijo- ¿Volar, para que la gente se ría de mí?’

Enrique Anderson-Imbert

AJG

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Sobre esta noticia

Autor:
Novigo (18 noticias)
Fuente:
novigo.wordpress.com
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Tipo:
Reportaje
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