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La SubversiÓn Como Sistema PolÍtico

21/04/2021 06:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Perdemos miserablemente el tiempo si tratamos de encontrar algo de coherencia intelectual entre los defensores acérrimos de la ideología comunista. El comunismo siempre ha sido una estafa manifiesta, que recurre continuamente a la mentira y al engaño para sobrevivir y progresar en el mundo de la política. Y Pablo Iglesias , por supuesto, es uno de esos comunistas de la nueva ola que, sin pararse en barras, se ríe de la verdad y le importa un bledo si su discurso tiene algo que ver, o no, con la realidad.

No olvidemos que, para los comunistas con cierta solera, como es el caso del líder de Unidas Podemos, no hay ningún valor universal y absoluto. Todo es relativo y cambiante. En consecuencia, lo que para el común de los mortales es una mentira flagrante, para estos comunistas no es nada más que una interpretación, más o menos teatral, de lo que realmente interesa, en ese preciso instante, a su propia formación política.

Hay que reconocer, que Pablo Iglesias desempeña perfectamente ese papel. Para empezar, es altivo y un déspota inconmensurable y, por si fuera esto poco, va de listo por la vida. Además de vivir fastuosamente en el casoplón de Galapagar, como si fuera un auténtico marqués, actúa como si, en cuestión de inteligencia, estuviera a muchos años luz por encima de los ciudadanos normales de este país. Piensa, por lo tanto, que tiene todo el derecho del mundo a tutelar el comportamiento político de estos parias españoles.

Estamos, creo yo, ante un personaje siniestro, tremendamente subversivo, que carece de principios y disfruta fomentando la agitación y la violencia callejera. El marrullero Iglesias se comporta como un farsante impresentable: se ríe desvergonzadamente de los que pasan estrecheces económicas y, a la vez, les pide que le ayuden desinteresadamente a instaurar el régimen bolivariano que se necesita para luchar contra los ricos y el capital.

Es verdad que la vida de Pablo Iglesias no se parece en nada a la que llevan los que tienen que ganarse el pan con el sudor de su frente. Predica una cosa, y hace exactamente lo contrario. Todo el mundo sabe, que este comunista ejemplar, tanto si peina coleta como si peina moño, se sirve de la política para acrecentar su riqueza y disfrutar así de un bienestar mayor. Y sin embargo, obliga a los más desfavorecidos a seguir siendo pobres y a pasar necesidades. Les roba hasta la más mínima posibilidad de adquirir bienes con su trabajo y de aumentar sus propiedades privadas, obligándoles a vivir perpetuamente en la penuria y la miseria.

Para desarrollar su proyecto político en España, el chantajista Iglesias intentará acabar definitivamente con los pocos vestigios que quedan de la antigua y pujante clase media. No cabe duda que, mientras haya ciudadanos que mantengan cierta autosuficiencia económica, no habrá manera de imponer su propio modelo dictatorial. En consecuencia, tratará de solucionar el problema arruinando a los que, mal que bien, aún se valen por sí mismos.

No necesitamos recurrir a un arúspice experimentado para averiguar los planes de este desvergonzado sujeto, para liquidar nuestro régimen constitucional y acabar irremisiblemente con la poca libertad que nos queda a los españoles. Para conseguir semejante objetivo, Pablo Iglesias se dedica a complicar la vida al mundo del trabajo, sembrando odio y jaleando la violencia social para destruir empleo.

Desde que logró instalarse como un miembro más de la denostada 'casta' , al dirigente de la formación morada le corroe la ratería y la mezquindad más extrema. No quiere, claro está, que sus antiguos compañeros de fatiga sigan su propia trayectoria y terminen formando parte también de la dichosa 'casta' . Así que, para que no puedan liberarse fácilmente de su bondadosa y despótica opresión, hará todo lo posible para que España siga siendo un país subsidiado, endeudado y, por qué no, hasta sin empresas.

Hay que tener en cuenta, que el desquiciado Iglesias mantiene viva la obsesión de doblegar a los españoles con la revolución bolivariana de Venezuela, que es tan siniestra y letal como el viejo comunismo soviético. Y busca, cómo no, la manera de allanar el camino, empobreciendo aún más a los sufridos ciudadanos de a píe. Sabe que los menesterosos, los que dependen de las colas del hambre y del Estado para subsistir son extremadamente obedientes y siguen ciega y sumisamente las indicaciones de quien les ayuda a vivir.

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Y como Pablo Iglesias tiene cara para eso y mucho más, pasa olímpicamente de los derechos humanos más elementales y hasta del Estado de Derecho, ocupándose exclusivamente de abrir el camino hacia el totalitarismo. No es necesario advertir que, con ese comportamiento ilógico, no creamos riqueza y tampoco producimos bienestar. Crecerá exageradamente, eso sí, la pobreza y la miseria y, si no reaccionamos a tiempo, perderemos hasta el más mínimo vestigio de libertad humana. A cambio, se nos ofrece el tan traído y llevado paraíso que, como es sabido, termina siempre en el conocido infierno comunista.

No preocuparía mucho, si un golpista de opereta como Pablo Iglesias actuara solo. En ese caso, ya no sería escuchado nada más que por algún bucanero que otro. Pero desgraciadamente cuenta con el respaldo explícito del presidente del Gobierno que padecemos, el desafortunado Pedro Sánchez . Es evidente que el presidente Sánchez ha dado muestras más que sobradas de su incapacidad para realizar cualquier tipo de gestión. Y en este caso concreto, hace más daño por el puesto institucional que ocupa, que por lo que pueda decir o hacer. Y esto deteriora nuestro Estado de Bienestar y acaba con buena parte de nuestra libertad pública.

Gracias a la colaboración de Sánchez , el insaciable Iglesias ya ha conseguido prohibir los despidos laborales por culpa del Covid-19. También ha logrado cambiar la ley anti-desahucios para proteger convenientemente a los ocupas, mientras dure el estado actual de alarma. Y lleno de satisfacción, no se cansa de celebrar la nueva Ley de Dependencia , que promete ayuda estatal a más de cuatro millones de españoles. De momento, esas ayudas no llegan. Pero eso es lo de menos, ya que los comunistas dan mucha más importancia a la propaganda que a la realidad.

Y como Pablo Iglesias es un bellaco incorregible, se aprovecha descaradamente del apoyo que recibe de Sánchez , para lanzar toda clase de diatribas, desde dentro del Gobierno, contra la Corona en general y, de una manera muy especial, contra el propio rey Felipe VI . Y tiene la poca vergüenza de derrochar igualmente odio y hostilidad contra la Iglesia, la libertad de expresión, la propiedad privada y hasta contra la legalidad vigente. Y el presidente del Gobierno, faltaría más, procura disimular, no sé si porque está de acuerdo con su vicepresidente, o simplemente porque le necesita para seguir disfrutando de La Moncloa.

Ahora, es verdad, Pablo Iglesias ya no es ni vicepresidente, ni siquiera ministro del Gobierno. Y esto ha servido para que mucha gente lanzara cohetes al aire, porque Pedro Sánchez se ha librado finalmente del marrullero Iglesias . Y no es así. Yo no sé si hay diferencias más o menos insalvables entre ambos, si la deriva totalitaria del presidente es similar o no a la de su vicepresidente.

No obstante, sí podemos afirmar que el cese del guerrillero Pablo Iglesias no fue nada más que una escueta estratagema política para que todo siga igual. Y de hecho, nada ha cambiado con su salida del Gobierno, ya que el pacto social-comunista sigue intacto de momento. Y por si fuera esto poco, el revoltoso Iglesias sigue influyendo directamente en las decisiones del Ejecutivo.

Es indudable que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se odian profunda y sinceramente. Pero a pesar de todo, seguirán apoyándose mutuamente, porque quieren mantenerse al frente de sus respectivos proyectos políticos. Ambos líderes pretenden acabar, de una vez por todas, hasta con el último vestigio del régimen del 78. Precisamente por eso, se han solidarizado con los separatistas, y los animan a que insistan con sus planes insolidarios, porque saben que, rompiendo la unidad de España, resulta mucho más fácil recuperar la República.

Y como Pablo Iglesias es más radical y más rocambolesco que el presidente Sánchez , no tiene empacho en conspirar públicamente contra la monarquía parlamentaria, para sustituirla, sin más preámbulos por una república comunista y bolivariana, como la que rige en Venezuela. Y tenemos a todos los cipayos y a los matones que le rodean, obligados por su propio líder, cometiendo el disparate de alborotar y agitar artificialmente la calle, para acelerar la llegada de la nueva República.

Gijón, 18 de abril de 2021

José Luis Valladares Fernández


Sobre esta noticia

Autor:
Valla (105 noticias)
Fuente:
joseluisvalladares.blogspot.com
Visitas:
217
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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