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El sueño eterno de los mexicanos

13/10/2012 16:19 5 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay quienes si estuviera en sus manos, no vacilarían en darle con la puerta en la cara a quienes han conducido al país y sus instituciones a un estado permanente de crisis

Cuauhtémoc Mávita E./Periodista

Después de la elección del primero de julio, por causas ajenas a mi voluntad dejé de escribir un tiempo. Sin embargo, durante esas semanas fui receptor de los lamentos y frustraciones de cientos de mexicanos que creen que fueron engañados y manipulados para que mediante el voto legitimaran al sistema político.

Y es que muchos creyeron que la clase política ha cambiado y que está dispuesta a ser honesta y digna representante de la población que le otorgó su voto de confianza. Por supuesto que hay también aquellos que, si estuviera en sus manos, no vacilarían en darle con la puerta en la cara a quienes han conducido al país y sus instituciones a un estado permanente de crisis.

Sin embargo, nada es producto de la casualidad. Cuando se tiene pleno conocimiento que “el árbol que nace torcido, jamás su rama endereza”, no hay pero que justifique creer que sucederá lo contrario. Millones de nacionales continúan creyendo en los milagros o en que tarde o temprano el chapulín colorado vendrá en su rescate.

Quizás por eso, aunque el maltrato sea evidente se cae en el conformismo y en la conducta clásica y verbal del ya no me la vuelven hacer. Así se ha aceptado un destino esclavo, doblegándose ante los poderes de dominación.

Lo anterior se lo comento, ya que desde que tengo uso de razón he visto como los agentes que controlan a los partidos, el ejercicio de la política y el gobierno, disfrutan hasta la saciedad dándole “atole con el dedo” a los gobernados.

¡Imagínese, casi de rodillas, acercándose a la mesa para degustar un tazón de atole de maíz o de harina tostada mezclada con panocha de Ures, en Sonora, y en frente de usted a un político que le solicita le chupe el dedo impregnado de ese manjar!. A pesar de ser una acción degradante, muchos nos acostumbramos y aceptan esa indigna práctica.

Literalmente quizás las cosas no llegan a tanto, pero la expresión “atole con el dedo” es utilizada como engañar y embaucar, lo cual en política es tan frecuente que se considera como un modelo de actuación propio de ésta y de la conducta de los políticos.

Aunque el maltrato sea evidente se cae en el conformismo y en la conducta clásica y verbal del "ya no me la vuelven hacer"

Por cierto, en el diccionario mexicano –versión digital- se subraya que los políticos le tienen bien tomada la medida a los votantes, quienes, regularmente en tiempos de elecciones, se muestran orgullosos, altivos, gallitos y fanfarrones, de tal manera que no reconocen sus equivocaciones, aunque son muy propensos a reinventar su realidad cuasi-fundamentalista aduciendo que no los volverán a engañar.

Pero el embaucamiento se repite, y todo sigue igual o peor. Por eso me atrevo a decir que muchos mexicanos nos acostumbramos al atole. En lo personal me resisto a aceptarlo.

Soy parte de la llamada generación de los “baby-boomer”, misma que en cierta medida se preocupó por cambiar el actual estado de cosas, pero que finalmente no lo logró. Se creyó, como siempre, que para cambiar era imprescindible enquistarse en los partidos políticos y el gobierno para presionar un cambio desde su interior hacia afuera. El error más grave es haberse desconectado de la ciudadanía, lo cual los volvió extremadamente vulnerables y terminaron por ser absorbidos por el mismo sistema que presumiblemente pretendían cambiar.

Creo, “a toro pasado”, que uno de los pocos caminos que se tienen para propiciar un cambio auténtico que beneficie realmente a la gente, es aglutinar a los gobernados inconformes en un frente social y político que opere -más allá de los partidos políticos y el gobierno- como un contrapeso de las decisiones que se toman en las esferas gubernamentales y que lesionan a los gobernados.

Pero se requieren liderazgos más fuertes que los que actualmente tienen el control del gobierno y sus instituciones, y que estén también altamente comprometidos con la gente.

Resulta incongruente que los grupos minoritarios que detentan el poder político, se escuden en la representación popular para tomar decisiones y aprobar medidas que afectan a sus representados sin que nadie se atreva a llamarlos a cuenta. Una ciudadanía organizada y dispuesta a defender sus intereses legítimos, creo no sería cautiva de un sistema político disfuncional y extremadamente ineficaz e ineficiente.

En este sentido, tampoco se vale cambiar nada más por cambiar.

En la clásica novela de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa (1896-1957), el Gatopardo, ese escritor –según Vargas Llosa- era un “aristócrata que no sabía vivir en el mundo que le tocó, sabía, en cambio, soñar con fuerza sobrehumana”, lo cual influyó para que nos legara el retrato de una aristocracia en decadencia que el príncipe Fabrizio Corbera, de la casa de los Salina y principal protagonista, observara su derrumbe para dar paso al resurgimiento de otra igual.

-Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”, sentenciaba Tancredi, sobrino del príncipe.

En el caso de México, el gatopardismo se ha fortalecido. El sistema político al darse cuenta que el modelo impuesto a partir de 1929, con la fundación del PRI, y 1939, con la del PAN, empezó a impulsar reformas que impidieran su desaparición y preservar los intereses de la clase política gobernante. En el país se han dado pasos gigantescos en esa dirección, de tal manera que en cada elección y en cada gobierno siempre se sirve en el banquete popular más de lo mismo.

Ante esa realidad, creo que el futuro de la sociedad debe descansar en los cimientos ciudadanos, y ya no tanto en los partidos, los políticos tradicionales y el gobierno.

Desde esta perspectiva: ¿Para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?, a menos que como escribiera Di Campedusa: “Ese es el sueño que los (mexicanos) quieren, ellos odiarán a quien los quieran despertar, aunque sea para ofrecerles los más hermosos regalos…”. Bueno, digo yo.


Sobre esta noticia

Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
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Cuauhtemoc Mavita E. (15/10/2012)

Excelente

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Cuauhtemoc Mavita E. (15/10/2012)

Excelente

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Custodio (15/10/2012)

Excelente explicación, ciertamente el mexicano promedio eso hace, solo tiene espíritu luchador en época electoral y después, se dice siempre muy ocupado para meterse en política. O deja de luchar por la decepción.

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Roberto Díaz Ramírez (15/10/2012)

La mejor apuesta era salir a votar. Bajo las reglas actuales, si los que votaron por AMLO se hubieran quedado en casa para no legitimar al Sistema, igual y el PRI se habría autolegitimado afirmando que "el pueblo está contento con la idea de que gobierne EPN y por eso se quedó en casita".

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Roberto Díaz Ramírez (15/10/2012)

Pero tranquilos, que no pasa nada. A partir de diciembre empieza la temporada de vacas gordas, para España, porque México, dice Peña, le va a entrar al quite para salvarla de la bancarrota. Gracias por eso, votantes de EPN, dice Rajoy. En México anda un fantasma que dice: "Se los dije", así que flojitos y cooperando..