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Supo Diego Rivera recrear la cultura y herencia del pueblo mexicano

08/12/2010 03:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pintor, muralista y grabador mexicano, Diego Rivera Barrientos nació el 8 de diciembre de 1886 y es considerado uno de los grandes del arte mexicano y el artista que mejor plasmó el colorido y la temática de lo nuestro con el lenguaje de las vanguardias. Originaria de Guanajuato, la familia Rivera Barrientos se trasladó a la Ciudad de México, donde Diego comenzó a tomar clases nocturnas en la Academia de San Carlos, bajo la tutela de Santiago Rebull y José María Velasco, entre otros maestros. En 1907 se trasladó a España, donde continuó sus estudios en la Academia de San Fernando de Madrid y asistió al estudio de Eduardo Chicharro. En aquel país conoció y convivió con el círculo intelectual, conformado por escritores, artistas plásticos, músicos, muchos de los cuales después llegaron a México a causa de la Guerra Civil Española (1936-39). Rivera permaneció en Europa de 1907 a 1910 y en ese tiempo viajó a Francia, Bélgica y Holanda. En 1910 participó en la XVI Exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de París, con la obra “La casa sobre el puente”, que fue su entrada a la Sociedad de Artistas Franceses. Su conocimiento del dibujo, sus infinitos recursos y sensibilidad, junto con una mezcla de gracia, humor y placer por pintar, lo convirtieron en el creador de un legado que es al mismo tiempo acervo y vigencia del arte mexicano. A su regreso a México, en 1910, participó en las Fiestas del Centenario de la Independencia, con su primera exposición individual en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1911 regresó a Francia y se estableció en París, en el famoso barrio de los artistas de Montparnasse, donde se proyectó como uno de los pintores más importantes del siglo XX, junto con Pablo Picasso, Amadeo Modigliani, Kandinsky y Georges Braque, entre otros. Diego Rivera volvió a México y se integró al movimiento nacionalista, en el que se incluían los nuevos movimientos artísticos y políticos como el Estridentismo y el surgimiento de la Escuela Mexicana de Pintura. Rivera aportó con la creación de su obra mural su característico contenido histórico, social y político, que lo identifica hasta hoy como uno de los artistas más polémicos de su tiempo. Entre sus murales más destacados están los del Palacio de Bellas Artes, Palacio Nacional, la Escuela Nacional Preparatoria, la Universidad Autónoma de Chapingo, el Teatro de los Insurgentes, Ciudad Universitaria y en la Secretaría de Educación Pública. Además pintó murales en San Francisco, Detroit y Nueva York, donde plasmó el fresco “El hombre en la encrucijada del universo”, en el Rockefeller Center, el cual fue destruido y posteriormente vuelto a pintar en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. También es ampliamente reconocida su obra de caballete, en gran formato, dibujos, ensayos, etcétera. Rivera es bien conocido porque siempre fue polémico dentro de la construcción de su obra plástica, hasta su muerte. En junio de 1955 se le detectó cáncer y en agosto de ese mismo año viajó a Rusia para someterse a radiaciones con bomba de cobalto para su control y erradicación. Murió el 24 de noviembre de 1957 en su casa-estudio de San Ángel. Al día siguiente se le tomaron las impresiones para realizar la máscara mortuoria por Federico Canessi, y por su parte Ignacio Asúnsolo tomó las impresiones para realizar un molde de la mano derecha. El cuerpo de Diego Rivera fue trasladado en un féretro de metal color caoba al vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, donde se realizarían los servicios funerarios y un homenaje póstumo, al que asistieron miles de personas. En su testamento, Diego pidió que sus cenizas fueran colocadas junto a las de su esposa Frida Kahlo en su lecho de Coyoacán, pero el entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines ordenó que la urna fuera instalada en la Rotonda de las Personas Ilustres, donde todavía se encuentra. Se estima que a lo largo de su carrera, Rivera plasmó su talento en más de siete mil metros cuadrados de murales, tanto en el país como en Estados Unidos. De acuerdo con la crítica, en cada uno de sus obras existe una visión del mundo que se va transformando con el paso de los años, porque detrás de la gran capacidad creativa de este artista había un proyecto cultural, una política educativa y una ideología. Junto con creadores como José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera hizo de los muros no sólo testimonios elocuentes de una gran época de transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales, sino también creaciones que se convirtieron en pilares del patrimonio artístico mexicano.


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