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Supo Sor Juana Inés de la Cruz combinar sus talentos: Glantz

16/04/2011 09:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Gran poeta, filósofa, teóloga y probablemente una santa, Sor Juana Inés de la Cruz es emblema de la posibilidad y la capacidad de una mujer para combinar toda una serie de talentos del saber en la vida cotidiana, expresó la escritora Margo Glantz. Sor Juana murió el 17 de abril de 1695 y este domingo, al cumplirse 316 años de su deceso, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) le rinde un tributo con las opiniones de destacados literatos, tal es el caso de Glantz y de Octavio Paz (1914-1998). La llamada décima musa es una de las más notables autoras de la literatura universal, la escritora más trascendental de la época de la Colonia y el barroco novohispano y la última gran poeta de los Siglos de Oro de la lengua española. Su obra e influencia en las letras iberoamericanas de todos los tiempos son tan fundamentales, que el Premio Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz dedicó un libro a su estudio: “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”. Sor Juana escribió obras teatrales, autos sacramentales, poesía, villancicos. El estudio de su obra ha estado indisolublemente ligado al de su vida, pues ella se dedicó al conocimiento y a la vida intelectual, cuando esto se hallaba vetado para las mujeres. He aquí que ésta sea una de las razones por las cuales es considerada la primera feminista de México y sin riesgo de exagerar, del mundo. En su libro “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”, Octavio Paz escribe “Aunque sor Juana fue monja, no fue especialmente religiosa. Es una intelectual más que otra cosa. “Sor Juana era hija natural, lo que no se sabía hasta hace 20 años; no era una mujer rica y además no tenía vocación por el matrimonio. Su vida religiosa es absolutamente mundana: su celda (en realidad, dos pisos con una impresionante biblioteca y música y tertulias) es un centro de encuentros desde donde ella escribe poemas eróticos y comedias”. De pronto publica una carta en la que critica el sermón de un jesuita portugués, a la que responde el obispo de Puebla con seudónimo de mujer, firmando Sor Filotea de la Cruz, lamentando, en suma, que se dedique a temas terrenos abandonando la espiritualidad y tocando el papel de la mujer, que, dice, no debe dejar de ser súbdita, recuerda Paz. Aquí de nuevo el conflicto al que se enfrentó Sor Juana Inés de la Cruz durante toda su vida: la defensa de su libertad para ejercer la escritura. A los 13 años ingresó a la Corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, y a los 16 años se ordenó como monja en el convento para poder tener acceso a los libros. Continúa Octavio Paz en su estudio del contexto cultural y social de la poeta: “Sor Juana es una intelectual orgánica en el sentido de Gramsci, y hay un momento en que, como es una verdadera intelectual, se enfrenta sin querer (sin poder evitarlo) al poder. En el caso de sor Juana hay que añadir que se trata de una sociedad de valores culturales masculinos, lo que le obliga a neutralizar su sexo para poder acceder a ese privilegio masculino que es, en ese momento, el conocimiento …]. Las autoridades son más rigurosas con esta mujer que se ha hecho monja para poder pensar, que con sus contemporáneos varones: Góngora, Lope, por ejemplo, son malos sacerdotes, desordenados y lujuriosos, y son perdonados. Sor Juana no es una monja desordenada: es una monja díscola, y con ella son implacables”. Octavio Paz también destaca el valor de la literatura de Sor Juana y dice, es “la última poetisa barroca. Con ella se cierra la gran poesía del barroco español, y al mismo tiempo es avance y profecía de la poesía moderna. La suya, además, trata un tema nuevo: la poesía del conocimiento. El Premio Nobel de Literatura 1990 la describe como una escritora profana, oficial, cercana a sus modelos, los poetas del XVII, y, concretamente, Góngora y Calderón. “Como ellos, escribe comedias y autos sacramentales y poemas más o menos culteranos. Pero, junto a eso, el tema del conocimiento, que va ser crucial en toda la poesía moderna, es su originalidad mayor”. Luego de la carta del obispo de Puebla, Sor Juana responde y defiende el derecho al saber por parte de las mujeres. A los dos años vende sus libros, da el dinero a los pobres y firma con su sangre la renuncia a las letras. Muere año y medio más tarde en una epidemia. Sobre ello, Octavio Paz escribe “creo que es la solución final de un conflicto ideológico y político: el caso del intelectual libre en una sociedad cerrada y ortodoxa, por una parte, y la gravedad del tema cuando se trata, además, de la condición de la mujer. Respecto al libro “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”, la escritora Margo Glantz señala que tiene repercusiones positivas y negativas: su gran fuerza hizo posible la internacionalización de Sor Juana y, de refilón, de la historia de México, pero a la vez podría opacar, por ese mismo motivo, algunas otras lecturas válidas que sobre la monja jerónima y la Colonia se pretendan hacer. Cualquiera que sea la metodología empleada -casi siempre interesante-, salta a la vista la enorme (y a veces hasta malsana) curiosidad que el personaje despierta: en los varones porque fue mujer; en las mujeres, porque es posible convertirla en una de las primeras feministas y erigirla como modelo. “En los críticos católicos porque, por añadidura, fue una monja; en los poetas o críticos literarios porque, siendo una extraordinaria poeta, fue además una gran intelectual y científica; y los intelectuales la injertan -por su actividad filosófica y su capacidad de transgresión- a sus propias teorías sobre el mundo”, señaló Glantz. Entre las obras que escribió Sor Juana Inés de la Cruz destacan: “El divino Narciso”, “El cetro de José”, “El mártir del sacramento: San Hermenegildo”, “Los empeños de una casa” y “Amor es más laberinto”. Sus obras se encuentran en innumerables ediciones contemporáneas, sin embargo, se encuentran reunidos en tres libros originales: “Inundación castálida”, de la única poetisa, Musa Décima, Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa en el Monasterio de San Jerónimo en la Imperial Ciudad de México. El “Segundo tomo de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz, monja profesa en el monasterio del señor San Jerónimo de la Ciudad de México”, dedicado por la autora a don Juan de Orúe y Orbieto, caballero de la Orden de Santiago. “Fama y obras póstumas del fénix de México, décima musa, poetisa americana, Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa en el convento de San Jerónimo de la Imperial Ciudad de México…”.

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