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Talkin' 'bout my generation...

13/10/2014 17:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Luis David Niño Segura

I'm the guy in the sky, flying high flashing eyes, I'm the punk in the gutter... Cada vez que escucho a The Who no puedo pensar en otra cosa que no sea los Baby busters. La literatura actual está repleta de esa generación de incansables motherfuckers que le están poniendo ritmo y sabor a las letras.

Ya no es bueno que hablemos del "Boom latinoamericano, " que ha hecho de las librerías un perfecto mausoleo empolvado, tampoco es bueno hablar en estos días de los beats y su legado, tan mitificado como el de Jason Bourne. Ahora, en pleno milenio, los baby busters, que ya dejaron de ser babys para transformarse en little bitches, se están sumando a una nueva forma de escribir. En nuestro país tenemos una generación de escritores jóvenes que están marcando una tendencia literaria.

Los X-Men writers están dando pasos agigantados en la industria literaria. En ellos encontramos todas las características propias de la mundialización. A diferencia de la generación del crack como Palou o Volpi, la generación X ha desarrollado un apego marcado al estilo beat y bukowskiano. Escritores como el lagunero Carlos Velázquez (1978), el hidalguense Yuri Herrera (1970) o la chiapaneca Nadia Villafuerte (1978) son algunos ejemplos de cómo la violencia puede generar escritores con alta apreciación estética y pueden hacer de la realidad una narrativa de ficción y de no ficción, o como dijera el propio Carlos Velázquez en su segundo libro de cuentos La Biblia Vaquera: "Ni ficción ni no ficción". Sus obras comienzan a arrastrar y a descomponer toda la literatura mexicana sin dejar de lado el reconocimiento que los escritores previos han impulsado. Estos escritores se mueven y se sienten cómodos en los ambientes underground.

Carlos Velázquez. por ejemplo, es quizá el gran escritor del norte de México. Su humor ácido, despreocupado y sincero, hace de su narrativa una bocanada de dopamina para el cerebro. Su burla, su desinterés y su atrevimiento para romper con las líneas delgadas que mantienen el lenguaje han hecho que su semántica sea la semilla para reformular las reglas gramaticales y ortográficas, por algo se le conoce como el gran destroyer de la literatura mexicana. Lo anterior es así por su crítica lúdica a los establishments de una cultura llena de cadáveres que se encumbran como recuerdos de los viejos tiempos. En sus cuatro obras eso nos relata. Crea de los escenarios personajes y desenvuelve la realidad como una forma divertida de diatriba. Cuco Sánchez Blues es su primera obra de cuentos y la menos conocida. Pero gracias a editorial Sexto Piso ha trascendido las fronteras y encumbrado sus dos libros de cuentos. La Biblia Vaquera y La marrana negra de la literatura rosa son descripciones cargadas de ironía, sin razón y aventuras. Crítico del lenguaje norteño y de su enajenación cultural de supremacía racial estancada en la imaginaria colectiva. Su obra más reciente es un libro lleno de crónicas devastadoras de la vida actual del país. Narra en primera persona el significado de vivir en una de las ciudades más violentas de México durante el gobierno de las dos administraciones panistas. El karma de vivir al norte, es una experiencia sin tapujos y sin vendajes, cruel, clara, directa, honesta, triste y lamentable; resultado de la guerra contra el narcotráfico. Pero más allá de caer en el juego de la narcoliteratura, es una obra autoreflexiva donde refleja sus miedos y frustraciones. Todo con la carga de autodefinirse como heredero de la condición posnorteña que, de su propia boca, es la herencia que nos dejó Piporro. Su estilo narrativo lo ha llevado a consagrarse como uno de los diez mejores escritores contemporáneos según la revista Sada y el bombón.

Por otra parte, Yuri Herrera nos narra con la misma burla, sequedad y crítica la vida en la frontera. Su acidez recrea escenarios impensables pero ciertos o viceversa. Al igual que sus contemporáneos nos plantea la sinrazón de la violencia, y lo realiza mediante el análisis de la naturaleza humana. Sus debilidades y sus fortalezas. En Trabajos del reino narra la historia de un compositor de corridos sin educación que se adentra en la "corte real" de un narcotraficante y va desentrañando un mundo lleno de traiciones y complacencias que nos transportan en historias de fábulas infantiles o tragedias del renacimiento (Antonio Parra, E., Letras Libres: web) todo contado con un simplismo tan abrumador que parece imposible desentenderse de la inmediatez de la obra. Su lirismo es contundente, los sentimientos destapados vuelven a ser burla y tristeza, felicidad y pesadumbre, todas las emociones en una misma caja, decepción y enaltecimiento; pero sobre todo ambición. Leer a Yuri Herrera nos posiciona en un lenguaje shakesperiano new age o reloed que se acopla a la perfección a la vida cotidiana de los regionalismos de cualquier ciudad violenta. Pero al igual que Carlos está destinado a romper con la tradición monótona y sin sentido de la literatura mexicana. Su narrativa no se posiciona en el estilo de Elmer Mendoza, aquí la violencia del narcotráfico -muy similar a como lo hace Carlos Velázquez- es solo un pretexto para resaltar la podredumbre social. El caño donde se desenvuelve la vida cotidiana pero con los toques magistrales de humor que realizan un panorama ficticio, tan cercano a nosotros como real para los personajes. Yuri Herrera muestra mediante una psicología iconoclasta los sentimientos que abruman al humano en su búsqueda por ser alguien tomando la violencia y el narcotráfico como una excusa o un escenario que permita describirlo de manera diferente, más allá de la muerte.

Pero no toda la violencia generada por la narcocultura se da en el norte. Bajo la misma línea que Yuri y Carlos, Nadia Villafuerte narra un complejo stage donde se conjugan varios personajes que deambulan en la marginalidad. A primera vista cuando se lee su novela Por el lado salvaje, podríamos apreciar ciertos clichés al estilo millerliano o bukowskiano, sin embargo, las reflexiones que nos plantea Nadia se centran en el núcleo de los personajes, que más allá de ser marginados incomprendidos son acomplejados solitarios en busca de algo que nunca habrán de conseguir ni de encontrar. Así nos topamos con personajes tan hilarantes como una manca que huye de Chiapas, un biólogo travesti, un ex convicto que también huye al lado de su novia en un automóvil, etcétera. Y precisamente esa es la naturaleza de su obra y en sí de sus personajes: la huida. La fuga, el estar siempre allá, más allá de lo que ellos pueden conseguir. Personajes incomprendidos no por un ojo externo sino por ellos mismos que en el desenvolvimiento de la historia nos revelan escenarios realmente deprimentes, de una realidad sufrida y vivida por todos pero oculta por un inconsciente mefistólico. Pero es precisamente esa especie de olvido o desasosiego voluntario lo que critica Nadia en su obra. Es crítica al igual que los escritores anteriores, una crítica hacia la cultura elitista, hacia la diatriba improductiva. Es una novela, me atrevería a decir, fotográfica, que capta momentos y los refleja a ojo desnudo ante la realidad de los desposeídos.

En las obras de los baby busters no encontramos un llamado moral. Encontramos brutal honestidad, que pareciera sacada de la imaginación más podrida; pero como cantara Roger Daltrey, cuando hablo de la nueva literatura mexicana I'm not trying to cause a b-big s-s-sensation, I'm just talkin' 'bout my g-g-generation (talkin' 'bout my generation)...

Luis Niño

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Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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