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Televisa: el pecado original / Hugo Vargas Rangel

20/07/2014 12:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imagePor Hugo Vargas Rangel

Para Giovanni Sartori una característica importante de una dictadura se encuentra en el monopolio de los medios de comunicación y de la opinión pública. De ello deriva que sin información y sin acceso a la educación, la cultura democrática en la formación de ciudadanía queda trunca. Goebbels y el fascismo alemán son un ejemplo por antonomasia del control de la información en regímenes autoritarios.

La férrea intervención de la opinión pública y de la información que se presenta a la misma que ha ejercido la televisión en México, en especial Televisa, son la negación de toda libertad de opinión y de disenso, y representa la ignominia del régimen político mexicano, recientemente "democratizado", en el que han ejercido su influencia sobre los poderes legalmente constituidos, los intereses de este consorcio televisivo.

Pero el código genético de Televisa se encuentra íntimamente ligado al del moderno régimen político basado en la entrega de prebendas y en la subordinación y colusión del poder político con el económico. El brillante texto del argentino Gregorio Sosenski llamado "América Latina y México en los albores de la guerra fría", da cuenta de este usufructo de la función pública en el surgimiento de Televisa.

Lo mismo que representa para la teología cristiana el pecado original con el que, al comer Eva y Adán de la manzana prohibida, extendieron sobre toda la humanidad el peso de un castigo perpetuo; actúa sobre la corporación propiedad de los Azcárraga el signo de un pecado original de corrupción e ilegalidad. El idilio de una familia emprendedora que ganó con el sudor de su trabajo el imperio que legaría a sus actuales herederos, está alejado de la verdadera historia de Azcárraga Vidaurreta, patricio de la familia de magnates mexicanos de la televisión.

En el ya citado texto de Sosenski, la fortuna del joven Emilio Azcárraga Vidaurreta, quien apenas a los 22 años de edad ya poseía una agencia de automotores en Monterrey, es explicada por una intrincada historia de contrabando de oro durante la Revolución. A los 35 años, el empresario Azcárraga ya era propietario de la XEW Radio y 20 años después obtendría la concesión de la XEW-TV.

La influencia del magnate se dejó sentir desde el inicio del gobierno de Miguel Alemán en la definición del modelo de televisión para México. Aunado a la ambición económica del entonces presidente de la República, quien veía en la naciente industria una oportunidad de negocios personal, fue determinante la opinión de Azcárraga para que el titular del Ejecutivo emprendiera un modelo televisivo manejado por la industria privada y no por el Estado.

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La colusión de los intereses de Azcárraga con la ambición de la naciente clase política posrevolucionaria, ejemplificada en el propio Miguel Alemán, marcaría el rumbo y la genética de una industria estratégica en la vida política del país. Esta última copiaría, sin mucho agregado, la programación de la televisión norteamericana, condenando a la marginalidad a la cultura nacional y al objetivo superior de la formación de ciudadanía.

Origen es destino y lo que fue en su momento considerada la "Secretaria de Información" del antiguo régimen priista, toma un segundo aire con la restauración del régimen. Así entonces, el priismo reinstaurado que lleva en su carga genética al político empresario del alemanismo, robustece y refrenda sus alianzas con la televisora de Chapultepec.

La llamada Reforma de Telecomunicaciones no es sino la develación del pecado original de Televisa y su relación con el régimen que se ha extendido ya por tres generaciones. Derivado de ello, el nuevo marco jurídico permitirá continuar con un modelo de televisión comercial que privilegia el lucro por encima de los contenidos al dar oportunidad a los concesionarios de utilizar la tercera parte de su programación en publicidad.

Pero el mayor sello de esta alianza se encuentra en la definición laxa de la debatida preponderancia por sector, misma que impedirá que el Estado mexicano imponga límites al dominio de Grupo Televisa en la televisión de paga, toda vez que su excesivo poder en dicho servicio, se equilibra con el bajo porcentaje de audiencia que tiene en la radio, como otro servicio del mismo sector.

Sin embargo, la expiación del pecado original de Televisa la pagan los ciudadanos y no las élites con quienes se colude; las cuales, como diría Sosenski, ven el florecimiento de una supuesta "democracia, cleptocrática y autoritaria que utiliza principalmente a los medios electrónicos, bajo el control monopólico, para ganarse a las fracciones más conservadoras de la sociedad, y formar un conjunto, que aunque minoritario socialmente; detenta el poder".


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
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