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Teresa Urrea, la mujer inasible

01/02/2013 19:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Gilberto Valdez Valenzuela

Mircea Eliade dice que el mito, "es siempre el relato de una creación: se cuenta cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser. El mito sólo habla de lo que sucedió realmente, de lo que se manifestó plenamente. Los personajes de los mitos son seres sobrenaturales". Y la razón, la razón armada de cordura –como decía Hegel-, no logró nunca identificar las causas, el móvil de la vida de Teresa Urrea, La Santa de Cabora. El mundo de Teresa estuvo tan subrayado por lo incierto, que obliga a preguntarnos: ¿porqué Teresa Urrea huye de lo existente, huye de lo real y a la medida que el misterio la invade nos remite a su necesidad vital, el reino de lo inassible?

Hija de la pasión y el derecho de pernada, Teresa Urrea nació en Ocoroni, municipio de Sinaloa el 15 de octubre de 1873. Ahí entre la servidumbre, posaba sobre la recia figura de don Tomás Urrea sus grandes y hermosos ojos. Quizás motivado por el eco de luces que ella lanzaba a su indiferencia. Don Tomás decide llevarla a la hacienda de Cabora, municipio de Quiriego, Sonoara, en los límites con Chihuahua. Hasta allá como una herencia muda le siguen la peonada y sus familias. Padre e hija, cada uno por su lado, van descubriendo en su camino la intensidad de las pasiones terrenales. Siendo adolescente, Teresa sufre las caricias compulsivas de la epilepsia. En ocasiones, durante tres días vive envuelta en la inconsciencia. Tres días de éxtasis, para los habitantes de Quiriego, tres días de arrobamiento ante el emblema inmóvil de la belleza. Después del letargo, trae el aviso de una nueva sensibilidad que hace vibrar a los presentes: he visto ángeles a la orilla del Edén; cuando hablan impregnan la noche de ternura. -Aléjate, me dijeron- de toda maldad y no toques lo inmundo.

En adelante, quienes la conocieron confirman su habilidad para curar el dolor por medio de la sugestión y la hipnosis. Esa misma voz andará dispersa en periódicos y allende las fronteras, será el hilo que la elevará a la fama como la Santa de Cabora.

Al tono mesiánico, al juicio amonestador, a la recriminación fanática y persecutoria, Teresa añade desahogos y milagros de salud y hasta los gritos más intensos contra el abuso dictatorial de Diaz y del clero católico.

El primero de diciembre de 1891la angustia de los tarahumaras de Tomochic, se expresa como un verdadero desfile erizado de puños y antorchas encendidas. Seis días después se registra el primer enfrentamiento.

Los días siguientes fueron de esfuerzo. Por los cuatrocientos kilómetros que van de Tomochic a Cabora se oían las sombras persecutorias y el roce de espadas de la jauría porfiriana.

Aun así un grupo de tomochitecos consulta a la santa de Cabora. En ella buscaban esperanza, el aliento divino para los próximos combates.

De súbito, en Sonora, Juan Tebas y Miguel Torigoqui sostienen batallas interminables en Navojoa; las movilizaciones en Río Mayo y en la hacienda de Cabora, no sólo traen escenas típicas de represión . Abraham Bandala, militar porfirista, hizo desertar a Tomás Urrea y a su hija rumbo a Cócorit.

En Chihuahua también hay llanuras y abismos, hay melancolía tomoche por la presencia del hombre blanco que sirvió de abono a una sensibilidad de guerra. Fueron los tomoches de los primeros pueblos de la sierra en rebelarse contra la Chihuahua Mining Company por el despojo de sus tierras...fueron los primeros también, en tomar la santidad de Teresa como su bandera. Así, oscilando sobre la propia impostura y la del gobierno, bailan frenéticos al son de winchesters y vivas al poder de Dios y a la doncella de Cabora.

No es difícil imaginar a los tomoches en vigilia nocturna, buscando entre azotes y ayes lastimeros, la fe como múltiplo de salvación. Las muertes son inefables. Del 20 al 29 de octubre de 1892, mil 200 soldados al mando del general Rangel ocuparon Tomochic. Amén de otras excepciones, 43 mujeres y 71 niños son perdonados.

En sus escondites los indígenas deletrean su agonía, descubren que las criaturas de Dios deben morir aunque porten la cruz terciada a la espalda.

Aterrados por la fluidez de la imagen, los tarahumaras abandonaron la guerra pero continuaron el ritual hacia la santa de Cabora. Hasta ahora, nadie puede ofrecer pruebas de que Teresa haya provocado las sublevaciones.

Abandonada, pues, a su suerte, Teresa sigue viviendo su propio infierno. En el verano de 1892 es obligada por la mano férrea del gobernador Izábal a cruzar la frontera. En Cliffton, Arizona crea un ambiente de recogimiento...vive totalmente iluminada, con una presencia impresionante, entregada la sanidad y vindicando mediante artículos periodísticos el derecho de los indios a sus propiedades comunales.

Autores hay que hablan de Teresa Urrea promoviendo la libertad de cultos y fustigando a la dictadura por los cargos de incitación que ésta le había endilgado. Nadie sabe si mintió al amor, pero su matrimonio con un médico norteamericano es como un aroma, un lento transporte a la felicidad, un soma interminable y placentero.

Su muerte, ocurrida el 12 de febrero de 1906, fue el último tono del malsoñar, la tocata gris redimiendo a un ángel...en su descenso.


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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Reportaje
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