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Torremolinos

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08/08/2018 11:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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En la ruta desquiciada por el sur (vamos a coger el coche para recorrer todo el litoral, decidimos unos días atrás unos amigos), nos tocaba provincia de Málaga. El criterio para elegir parada, el mejor lugar calidad/precio que quedase libre a última hora sin importar mucho el sitio en sí. Con una regla añadida: hasta que no se entra en la provincia en la que se va a parar, no puede empezar la búsqueda del lugar para dormir. Una regla y un modelo de turismo aleatorio que afecta de forma muy negativa a las localidades fronterizas con la provincia anterior. Durante la ruta, un chollo de última hora en Torremolinos: Hotel Residencia Miami. Miami y Torremolinos, todo en uno, nada puede salir mal. El hotelito, de dos estrellas, presume de ser uno de los más antiguos de toda la localidad. Mira bien, a ver si eso va a ser la forma romántica de decir que se cae a cachos, me pidió el que iba conduciendo. Aquí pone que se llama Miami, que está en Torremolinos y que el sitio fue restaurado y diseñado por un primo de Pablo Picasso. ¿Primo hermano o primo segundo? Primo hermano, mentí, y lancé mi alegato final en favor del Hotel Residencia Miami: a ver, ¿cuándo más vamos a poder decir que hemos estado en Torremolinos, en un hotel que se llama Miami y que está restaurado por un primo hermano de Pablo Picasso? Lancé la pregunta, sabiendo que, con esos argumentos, era imposible que mi propuesta fuese tumbada. Vamos para allá, salió adelante la propuesta con un 100% de votos a favor.

"Pues esto era un pueblo de pescadores". Quizá sea la frase más repetida por los torremolinenses, orgullosos la mayoría del proceso por el cual aquel pueblo, su pueblo, pasó de ser un sitio cualquiera de pescadores a convertirse en la referencia turística para el europeo y el americano que en los años sesenta podía permitirse viajar. "Por aquí venían Frank Sinatra y Brigitte Bardot, luego Ozores y Esteso hicieron muchas películas... Era un no parar de famosos, todavía viene alguno, hace un mes hubo concierto de Massiel", nos explicaban en la recepción del Miami, dejándonos claro que habíamos acertado de lleno. Y para colmo el sitio no se caía y el primo hermano tuvo buen gusto decorando. Su paseo marítimo globalizado ?las mismas cosas de luces que vuelan subiendo hasta 10 metros de altura, las mismas tiendas de gafas de sol a precio de costa y las mismas peceras para meter los pies y que unos peces "te coman lo malo", que en todo paseo marítimo mediterráneo ? fue en su momento vanguardia de la fiesta y la libertad creciendo en plena España franquista. Un par de señores de alrededor de setenta, ambos con aspecto de noble inglés en pantalón corto, comparten mesa y besos pudorosos en la terraza del Amsterdam, bar de referencia de la zona gay de Torremolinos desde hace 50 años. "Por aquí hubo redadas durante el franquismo, detuvieron a muchos homosexuales holandeses. Cuando el embajador se enteró, pegó un telefonazo quejándose y a Franco le dio miedo perder clientela, aunque fuera gay. Nunca más volvieron a molestarlos por aquí, esto se convirtió en el Sitges de la época, y aún lo sigue siendo", nos contaba un amigo holandés que encontró aquí su hogar y su familia.

Torremolinos tiene el encanto del parque de atracciones que sigue funcionando a pesar de haber quedado anticuado, de la foto enmarcada de un joven Julio Iglesias que recuerda a la clientela que un día vino a cenar aquí. Del ADN de farándula y tiempos mejores marcado a fuego. "Podéis ir a cenar a la Taberna de Tito Juan, os va a gustar", nos recomendó el holandés antes de irse. Muy rico, pero la comida es lo de menos. Juan, con su sombrero que deja claro quién en aquella plaza es el Juan dueño y señor de La Taberna de Juan, pide a voces silencio a los clientes, y obliga a las camareras y cocineras a dejar de trabajar, a salir a la plaza y escuchar. Juan presenta y pide un aplauso para "la que canta", una chica que él conoce desde que era chica y que está triunfando en "Nueva York, Oklahoma y Estados Unidos". La chica empieza a cantar en inglés una canción que tal vez fuese conocida en Oklahoma, pero que aquí no acaba de funcionar, ni viniendo recomendada por el mismísimo Juan. La plaza aplaude tímidamente. Juan no se rinde y le pide bises a "la que canta". La chica interpreta ahora una de Malú (creo). La gente se la sabía, algunos clientes la canturrean, cosa que Juan les reprocha con un gesto bajándoles el volumen con la mano desde la lejanía. Un respeto a la artista. La canción de Malú (creo) acaba, y ahora sí, la plaza se pone en pie y aplaude con fuerza. Juan, orgulloso, ordena que las camareras y cocineras vuelvan al tajo. Juan vuelve a la barra a seguir llevando croquetas a las mesas, más contento que Tony Soprano haciendo de jurado de La Voz.

Juan, con sombrero, presenta a la que canta.

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Juan, con sombrero, presenta a la que canta.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (1994 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
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