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Trabaja de sol a sol el bolero yucateco Don Sebas en Día del Padre

17/06/2012 05:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entre abrazos y besos de los nietos e hija, acompañado de un sándwich y un taco de cochinita pibil, la celebración del Día del Padre para Don Sebas será breve, antes ir a trabajar, de sol a sol, como bolero de calzado. Bajo los enfermizos laureles de la Plaza Grande de Mérida, el hombre mira al cielo en espera de que la lluvia no afecte su día de trabajo y peor aún, no llueva el domingo, el mejor día para laborar porque hay mucha gente y “uno puede recuperarse de los días bajos”. Unos zapatos modestos pero bien lustrados son su principal carta de presentación para con sus clientes, entre los que figuran principalmente hombres de edad madura y de clase media, de vez en cuando, uno que otro político. “Los muchachos de hoy sólo usan tenis”. “Hay que trabajar, joven, sino no sale para la papa, y no puedo ayudar a mi hija que desde hace años vive conmigo porque su marido la dejó para irse con otra, más ahora, pues aunque unos ven vacaciones, los pobres vemos gastos en la escuela de los chamacos”, comenta ante la pregunta de cómo celebra el Día del Padre. Trata de erguirse, pero su cuerpo tiene una curvatura propia de la edad y más del trabajo sobre el calzado, oficio que inició ya no sabe si hace 30 años o más, pero hay constancia verbal de que muchos lo conocen y saludan aunque de su boca sólo salgan un “mm” como respuesta. “Mis nietos me dicen papá; yo los quiero mucho pero no soy de abrazarlos y besarlos, ellos sí. Usted sabe cómo te educaban antes: al papá se le hablaba de usted y si acaso, sólo te dejaban darles un abrazo, besarlos no se podría decían que eso era de mujeres, por no decir otra palabra”, afirma. Y continúa: “Mi hija trabaja y pues no hay para darle gastada a los niños. No nos da el dinero, pero a veces alguno de los tres -nietos-, no sé de dónde sacan dinero y en mi cumpleaños o como mañana, me compran una cosita, un dulce o que un llavero, cositas de esas y me las regalan”. De las bolsas del pantalón y de la camisa saca un sinfín de papeles, principalmente comprobantes de juegos de azar, que mancha con sus manos llenas de grasa negra y café, mientras los presume y advierte que en ellos está su esperanza. “Un buen regalo del Día del Padre sería que yo me saque el Melate o el Tris; ya estoy viejo, no pido mucho, pero si tener un dinerito para ayudar a mis nietos, llevar a mi mujer al doctor, de esos que cobran caro a ver si mejora de sus pulmones, a mi hija que se chin… lavando en casa ajena”, expone. Sin dejar de mirar al horizonte, expresa, “ello son lo que me consienten y van por la cochinita; los domingos siempre voy. Mi hija me prepara mi sándwich de cochinita y un taco y me dejan tomar un poco de ‘cocacola’, porque es malo, soy diabético”. Se pregunta: “¿Qué más puedo pedirle a Dios? sólo un poco más de salud y vida, y creo que me lo concede porque todos los días cruzo a la catedral antes de irme a mi casa y rezo un padre nuestro y un ave maría, para darle gracias porque aunque poco, hay chamba”. Son 20 pesos, responde a la pregunta de cuánto es por su trabajo y añade: “ojalá que alguno de mis nietos salga estudioso y termine una carrera y me regale un bicicleta de esas que tienen montura suavecita”. Y concluye, “aunque luego pienso que para qué la quiero, pues ya estaré muy viejito o a lo mejor ya hasta me morí, afirma mientras se persiga con el billete y se lo mete a la bolsa”.


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