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Trabajó Rene Magritte para que su pintura hiciera pensar al espectador

22/08/2011 05:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El artista belga René Magritte (1898-1967) creía que la pintura tenía que servir para algo más que para sí misma, tenía que hacer pensar, provocar y liberar el pensamiento del observador, para que así éste adquiriera una visión nueva y aprehendiera el misterio de la realidad cotidiana. Esa idea fue la que llevó a este pintor surrealista a adentrarse en el complejo mundo del lenguaje, señala la escritora María José Torner Morales en su artículo “Las palabras y las imágenes de René Magritte”, publicado este mes en la revista “Algarabía”. En el texto, Torner señala que son 18 las ideas clave que exponen su autonomía, sus alcances y límites como artista. Es así como Magritte lleva a cabo lo que Michael Draguet, experto en el tema, denomina un “desvío poético de lo evidente”, que empezó por el simple análisis de las relación entre las palabras y las cosas y culminó en la negación de toda posible equivalencia”. Si protestó contra cualquier interpretación sicológica o simbólica de sus cuadros, fue porque el pintor buscó precisamente despojar a las cosas de toda referencia significativa o sentido sobreentendido a través de una imagen que “resista cualquier explicación y que al mismo tiempo resista la diferencia”. Magritte tomó entonces un rumbo propio: cuadros-jeroglíficos de imágenes nítidas y coloridas en los que nada es casual, sino que sustentan en una rigurosa lógica que lo separó del grupo surrealista de André Bretón. Dicha lógica se esconde tras de sus “problemas de objetos”, es decir, sus cuadros, en los que palabras, cosas y ámbitos colisionan, se niegan, se contradicen, pero que a la vez –en lo oculto- guardan afinidades profundas que, cuando se descubren, suscitan asombro y una visión renovada, un pensamiento contemplativo de su misterio. Bajo esta premisa del propósito de la pintura es que Nicole Everaert-Desmedit, catedrática en las Facultades Universitarias Saint-Louis, de Bruselas, analiza las tres etapas por las que pasa el espectador al ver uno de los cuadros de Magritte: El reconocimiento, la sorpresa y la liberación del pensamiento. Pero el proceso interpretativo de la obra de Magritte no sólo se limita a estas tres etapas, sino que se apoya en un factor que intensifica la liberación del pensamiento que el artista se propone: el título –significante-, elemento integral del funcionamiento semiótico de sus pinturas. Según la fuente, entender una obra de Magritte consiste en seguir todas las pistas para adentrarse en el misterio, el pintor separa lo visible de lo decible, hace que las cosas y el contexto colisionen, se contradigan, se nieguen, únicamente para renovar el asombro ante su presencia en el mundo. Así como también para generar en el espectador ese “pensamiento de la semejanza”, un instante en el que somos capaces de aprehender, sin causa ni efecto.


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