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Trae Rogelio Cuéllar imágenes que captó a la gran ciudad hace 30 años

21/08/2012 12:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

On 50 fotografías que “tomé e imprimí hace 30 años, imágenes de época en formatos de 8 x 10 y 11 x 14 pulgadas la mayoría, y algunas panorámicas”, contestó Rogelio Cuéllar (Ciudad de México, 1950) al explicar “Huellas de una presencia”, exposición que inaugurará mañana aquí. El fotógrafo subrayó que el espectador va a conocer esas fotografías en blanco y negro, en muchas de las cuales no está la presencia humana, pero sí la huella del paso del tiempo y el rastro del hombre. “En una sección aparecen algunos personajes de espaldas, o sólo como un elemento del paisaje urbano o rural”, expresó. “Me sorprendí al revisar el material para la exposición. Autocrítico revisando lo que hacía antes y cuestionando lo que hago ahora, me doy cuenta que no he perdido la frescura de la mirada; todavía me gusta salir a la calle y fotografiar. Las forma de interrelacionarme con quien fotografío, sigue, y sigue igual”. Así, invitó a conocer la exposición que mañana será inaugurada en el Centro Cultural Bella Epoca, del Fondo de Cultura Económica (FCE), y justificó que “quien la visite se va a reencontrar, a identificar imágenes que le evocarán su infancia, su infancia y su historia misma. Calles donde ha caminado y vivido”. La exposición, dijo, incluye escenas familiares, cotidianas, de lo más simple que uno se puede imaginar, como la cuadra donde uno jugaba, las calles, los gatos, el camino a la escuela. Las fotos fueron tomadas de 1967 a 1981. “Yo tenía 17 años cuando las comencé a tomar y las concluí a los 31”, dijo Cuellar. Cuando inició esa serie de fotografías, el entrevistado tenía una cámara Pentax que le compró el jefe del taller donde él trabajaba, “Litográfica Rojas”. “Iba a la prepa y trabajaba ahí como ayudante del dibujante. Comencé a revelar mis primeros rollos y él, como un papá para mí, me compró esa cámara a crédito”. Con esa cámara realizó ese trabajo y muchos más. Ahora usa una Nikon y una Canon digital, aunque sigue trabajando con negativos. Sin embargo, entre ese Rogelio de 17 años, con su Pentax comprada para pagar durante un año en Foto Regis, y el Rogelio de hoy, no hay mucha diferencia, peri sí evolución. “Me emociono cuando veo una fotografía mía en los periódicos de la Ciudad de México y de la provincia mexicana, lo mismo que en un gran diario de enorme circulación editado en una ciudad grande, que en un modesto medio de comunicación salido de un taller en algún poblado chico y apartado”. En ese ejercicio de autocrítica, el entrevistado ha descubierto que a pesar del paso del tiempo no ha cambiado. “Me gusta fotografiar en blanco y negro, me gusta por disciplina trabajar con un lente de 50 milímetros y no con telefoto. Ese lente es con el cual estructuro la composición de la fotografía”, explicó. Sobre la génesis de la exposición, Cuellar recordó que la importancia del libro estriba en que se editaron dos mil ejemplares en 1982. Con el sismo de 1985 y otras circunstancias, el libro se embodegó y ahora, en la casa de un familiar del artista y escritor Vicente Rojo, apareció más de la mitad de la edición. “Vicente Rojo me llamó, y yo los fui a recoger. Eso dio pretexto a presentar la exposición con una selección de las fotografías que incluye el libro, además de algunas otras inéditas que no entraron en el libro. Esta galería del FCE es como regresar a casa; cada cierta temporada, expongo en sus espacios”, dijo. La exposición “Huellas de una presencia”, de Rogelio Cuéllar estará hasta la primera semana de septiembre en la amplia Galería Luis Cardoza y Aragón, del Centro Cultural Bella Epoca y de ahí iniciará un periplo fuera del país “porque es importante. Ya está armada y ahí está el libro”, consideró Rogelio. En el prólogo del libro, convertido en hoja de sala, Esther Seligson dice que “la existencia del hombre y el paso del tiempo dejan rastro en lo que tocan. La vida se encarga de recoger los vestigios de lo que se llama realidad, de lo que el hombre ve, toca, escucha y olfatea, y así se crean simpatías y disgustos, juegos de luz y sombra”. La cita es este miércoles, 22 de agosto a las 18:30 horas en la Galería Luis Cardoza y Aragón, del Centro Cultural Bella Epoca, donde tres series de imágenes son testimonio lúdico del paso de los días y del hombre, de Rogelio Cuéllar.


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