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El turco que regala alegrías

19/09/2012 12:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Dador de alegrías…

La vida es paradójica. El fútbol también. ¡Vaya que hay que tener huevos para recuperar la fuerza y seguirla peleando! Hay que ser muy valiente para recoger el corazón hecho pedazos y remar para adelante por los que siguen al lado, para seguir regalando alegrías. Es necesario ser un fuera de serie para llamarte Antonio Mohamed y seguir en el fútbol.

Era el año de 1995, yo estaba en la secundaria, era regordete y un día se me ocurrió raparme la cabeza para parecerme al Turco. Mi primer recuerdo de él, fue aún con su melena larguísima, Toros Neza jugaba contra Necaxa y le metió un túnel al Cuchillo Herrera con una clase total. De inmediato llamó la atención.

Poco supe de él esa temporada. Toros Neza no era muy popular y yo, estudiante de secundaria, estaba más preocupado por el tema del descenso que rondaba de cerca al Atlético Morelia campaña tras campaña.

Al torneo siguiente, el hombre de la larga cabellera y del túnel sobre el Cuchillo Herrera, apareció a rape y poco a poco comenzó a llamar la atención del medio futbolístico por sus kilos de más, pero sobre todo por su exquisito y atrevido juego.

A pesar de aparentar estar gordo, Mohamed se las ingeniaba para ganar en el pique corto a sus marcadores. Su velocidad mental siempre anticipó a quienes intentaban despojarle de la pelota. Antes de recibirla, ya sabía qué hacer con ella. Un toque de primera intención con ventaja al compañero mejor ubicado, un pase filtrado en un hueco que sólo él vio, una gambeta antes de descargar y pases a la red como el mejor de los delanteros.

Sus entrenadores en el fútbol mexicano no le exigían sacrificio. Enrique Meza, Alberto Guerra, Carlos Reinoso, por mencionar a algunos que lo dirigieron acá, sabían que una genialidad del Turco podía resolver cualquier adversidad. Su ingenio era inagotable, su estilo era de barrio, pero depurado por una técnica de colegio de alcurnia.

En muy poco tiempo, Antonio Mohamed llevó a Toros Neza de ser un equipo desconocido y solitario, a ser el más pintoresco y atrevido del fútbol mexicano. Les faltó un paso para ser campeones, las Chivas del Gusano Nápoles los aplastaron (7 – 1 global) en la final de la temporada 1996–97, en aquella época imborrable en la que El Turco anarquizó a sus compañeros no sólo en lo futbolístico, sino en lo anímico al animarlos a pintar sus cabelleras de varios colores y tener festejos irreverentes tras los goles.

Neza fue la sucursal del carnaval, parecía haber salido de alguna favela brasileña, por el desparpajo de aquel puñado de futbolistas cobijados por la banda de Ciudad Nezahualcóyotl, fiel y estrafalaria, tal como su equipo. Una identidad auténtica de la afición con sus jugadores, provocada en parte por la revolución de un gordo, de apellido Mohamed.

NEZA, EL MÁS GRANDE CABALLO NEGRO

Con un plantel que jugaba para él, donde destacaba el portero Pablo Larios Iwazaki, Miguel Herrera, Federico Lussenhof, Jesús López Meneses, Guillermo Vázquez, El Pony Ruiz, Germán Arangio, entre otros, el Toros Neza no sólo eliminó al súper líder Atlante en los cuartos de final de aquel torneo, sino que dejó un legado de diversión total, de irreverencia dentro del campo.

En aquel equipo del Turco no había medias tintas. O goleaban o se iban goleados, a causa de su fervor por buscar el arco de enfrente y de su limitada ocupación defensiva, eso sí, siempre con un iluminado dando asistencias a diestra y siniestra, dibujando pinturitas en cada juego, más allá del triunfo o la derrota.

EL OTRO LADO DE LA PELOTA

¿Cómo explicarle a alguien que recibió y regaló tantas alegrías por el fútbol, que sería esta pasión la que de algún modo también le llevaría a vivir el momento más trágico que un ser humano puede tener?

El 30 de junio del 2006, Antonio Mohamed viajaba con un grupo de amigos rumbo a Fráncfort, Alemania, luego de haber presenciado el partido por los cuartos de final de la Copa del Mundo disputado entre Alemania y Argentina.

No tengo intención de describir lo que sucedió con detalle, me remitiré a mencionar que en ese trayecto de carretera, hubo un accidente que le quitó a la vida a Faryd, uno de sus cuatro hijos.

Sí. Un golpe en el estómago. Un vacío tremendo, lo vi sólo una vez en persona, pero El Turco era mi ídolo y me dolió la noticia. No es necesario ser adivino para imaginar lo que significó la pérdida para él, para su familia.

VUELTA A LA PÁGINA, MÁS ALEGRÍAS PARA DAR

Poco antes del fallecimiento de Faryd, el padre de Antonio también se adelantó en el camino al siguiente nivel. Dos bajas muy sensibles en el once inicial más selecto del Turco, el de su familia, se acumularon en un lapso corto.

Tres meses después, Mohamed recobró las fuerzas para seguir con su carrera como entrenador. Comenzó su segundo periodo al frente de Huracán y en la noche de su presentación, ante Unión de Santa Fe en cancha de Ferrocarril Oeste, Diego Armando Maradona asistió especialmente a darle un abrazo.

"Hoy hasta la pelota tiene que quedar de lado. Esa desgracia no se la deseas ni a tu peor enemigo. El fútbol es tan grande que cuando pasan estas cosas se unen todos. Me lo dijeron los de San Lorenzo, no existen los colores de camiseta cuando pasa algo así, lo cual me puso la piel de gallina. Me encantó que Turco volviera con ese ánimo. Está intacto, tiene otros tres hijos, su mujer y la vida, así que tiene que darle para adelante’, expresó Maradona esa noche, tan especial para Mohamed, por la fuerza y el ánimo que la hinchada del Globo le inyectó a su ídolo.

En ese momento se marcó un parteaguas. Antes del trágico accidente, Mohamed había dirigido sin gran auge de resultados a Zacatepec, Monarcas, Querétaro, Veracruz y Jaguares en México, además de un paso muy positivo con Huracán en el 2005, que lo dejó en las puertas del ascenso al perder la promoción contra Argentinos Juniors.

Pronto llegó la revancha para El Tony con el equipo de sus amores, Huracán. Con dos guías celestiales, el anhelado ascenso se consumó esa temporada en su primer logro trascendente como entrenador. En su país, Mohamed es un técnico ya con cierto prestigio, luego de un buen andar al frente de Colón de Santa Fe y de haber guíado a Independiente a la consecución de la Copa Sudamericana.

En México, la decisión de Xolos de llevarlo para suceder a Joaquín del Olmo, para muchos ‘expertos’ fue precipitada, cuestión de promotores, decían. ¿Qué sabían ellos? Nadie puede asegurar eso de un hombre dedicado a su profesión, entregado al fútbol en toda su vida, apasionado de este deporte, que además carga con una motivación que empieza con F.

Desde aquel día que lo vi por primera vez con su melena larguísima, tirándole un caño al Cuchillo Herrera, Mohamed siempre me contagió alegría. Hoy me doy cuenta que más que un gran futbolista, El Turco está en esta vida con la misión de repartir alegría, así como repartió asistencias.

Lo hizo conmigo, lo hizo con la gente de Neza, lo hizo en el pueblo Quemero, también en el Sabalero y en el Rojo. Hoy lo de Tijuana como líder del futbol mexicano no me sorprende. "La alegría no la voy a perder, quiero seguir como mi hijo me conoció", dice El Turco Mohamed. El turco que regala alegrías.


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elbuenfutbol.com
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