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Un campeón en el barrio

06/08/2012 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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El rincón del único medallista en Tokio ’64

A sus casi 70 años camina como un joven de 18. Sus facciones son las de un hombre malhumorado, un tipo de pocas pulgas. Pero en cuanto alguien lo saluda o charla brevemente con él, su rostro se convierte en el de un señor agradable. Algunos se preguntan quién es. Se sorprenden al ver que el marchante del mercado, el cliente intelectual de un café, el taxista, el voceador o la actriz coinciden con una sonrisa cuando están frente a él.

El barrio ha cambiado. Muchos se han ido. Otros tantos han llegado. Entre los nuevos están quienes lo ubican como el dueño de la miscelánea que está adentro del gimnasio, también de su propiedad. No faltan los que lo conciben como un viejito educado y que por la edad recibe la simpatía de todos aquellos que le brindamos respeto y admiración.

No obstante, él es prudente. No presume su pasado y tampoco obliga a nadie a enterarse de él. Sin embargo cada vez que se le observa caminando por las calles tlalpenses, habitualmente acompañado de su esposa, los vecinos que tenemos conocimiento de su logro rendimos pleitesía a su andar y guiamos sus pasos con el gesto que merece un campeón.

A menudo olvidado por la prensa, inexistente en la mayoría de remembranzas olímpicas de los triunfos mexicanos, Juan Fabila es una leyenda viva, el eterno campéon del barrio. Al observarlo es imposible no pensar en que fue el único deportista que le dio una medalla a México en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964.

Tenía 19 cuando acudió al certamen. Los pronósticos de una presea eran desalentadores; un total de 27 atletas aztecas iban por un auténtico milagro. Nadie esperaba un mínimo logro de los mexicanos. De repente un pugilista en los pesos gallo comenzó a tundir oponentes hasta colarse en semifinales. ¿Cómo se llama y de dónde salió ese chico que suelta tremendos trancazos?, se preguntaba la prensa. Sus puños lo hicieron merecedor a ser el candidato a ganar el oro.

El destino le pondría enfrente un coreano, un boxeador que distaba mucho de ser bueno. Fabila lo sabía. Pero las diferencias con su entrenador le pasarían factura en la prueba. Inesperadamente perdió. "Fue la pelea más horrible de mi vida. Salí tenso al combate porque eran pleitos tremendos con el entrenador argentino y como soy de carácter fuerte, no me gusta que alguien me quiera gobernar", diría Fabila años después en entrevista con Mente Salvaje.

Digerida la derrota, y amparado en la promesa que le hizo a su padre, Fabila salió con todo para conquistar la medalla de bronce y lo logró tundiendo al uruguayo Washington Rodríguez. Había obtenido la única presea para México.

Actualmente se dedica a atender su gimnasio y su tienda. Disfruta de desayunar y tomar café en compañía del amor de su vida, su esposa. Público para toda la gente, ignorado por los medios, Fabila y sus puños no viven del recuerdo. Si la historia lo olvida es asunto de la historia; él se preocupa por procurar su negocio. Mientras cobra, clientes ni siquiera saben que le pagan al campeón del barrio.


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elbuenfutbol.com
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