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Un curita a la violencia.

17/05/2009 21:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Actualmente en nuestro paìs se està realizando una campaña para cambiar juguetes bèlicos por didacticos a fin de erradicar la promociòn de violencia en los infantes, pero, ¿serà esto una verdadera soluciòn?

Se llama Yael, es mi vecino. Aún no rebasa los cinco años de edad. Sin medir el peligro, apoyado en la barda del segundo piso de su casa, me grita con entusiasmo al verme caminar por la calle: “vamos a ir al centro, están cambiando las pistolitas por otros juguetes, llevaré la mía y me darán uno nuevo” su cara rebosaba felicidad, esa felicidad que muestra todo niño cuando sabe que le será obsequiado un nuevo juguete.

 

Después de cruzar unas cuantas palabras con él, regresé a casa para realizar labores cotidianas, centré mi atención en el periódico del día y tras hojearlo, descubrí la noticia: “en una campaña antiviolencia, el gobierno del estado cambiará juguetes bélicos por juguetes didácticos”…

Un curita a la violencia.

 

 

Mecánicamente continúe revisando el periódico hasta el final, de manera morbosa observé los cadáveres que presentaba en la nota roja. Balaceados, descuartizados, muertos en accidentes, imágenes claras ocupando gran espacio en las páginas, faltando solamente que se publicaran a todo color.

 

Un tanto hastiado y avergonzado de mi propio atrevimiento al observar tan detalladamente dicha situación, decidí encender el televisor, eran las noticias de la tarde, repitiendo una y otra vez como fueron asesinados los dependientes de una tienda por los asaltantes que penetraron a ella, tomado todo esto por las cámaras de seguridad y como ya lo dije, repetido una y otra vez por el noticiero. Opté por cambiar  de canal, no soy aficionado a las novelas pero no habiendo otra cosa que hacer, busqué evadirme un poco de éste mundo adentrándome en los acontecimientos ficticios de un programa televisivo, mala decisión. En unos cuantos minutos fui testigo de cómo se golpeaban violentamente dos mujeres (actuando, obviamente), una secuestraba al hijo de la otra para vengarse de su rival por el “robo” del hombre al que amaba ciegamente. Quedé con los ojos cuadrados, una vez más el control fue mi aliado y elegí  cambiar, por fin apareció lo que puede salvar al mundo de tanta violencia, el deporte, representado por mi amado Fut Bol, sólo para aumentar mi depresión, un comentarista convertido en palero del equipo al cual pertenecía el agresor, cacareaba casi a punto del llanto que la falta cometida por un jugador había sido necesaria, porque hay faltas que son necesarias (antes no existían), que el arbitro había exagerado, que el Fut Bol es juego de hombres. Las cámaras abusando de la tecnología  pasaban dicha falta por todos los ángulos, no existía duda, se había lesionado intencionalmente al contrario, ¿pero qué más da, si era una falta necesaria (o justificada) para evitar que se anotara gol?

 

Por un momento quise desahogar la indignación que amenazante invadía mi persona lanzando el control contra el receptor, imaginando que callaba la boca de ese merolico fut bolero, pero consciente de que era una proyección violenta, me contuve. Quise dar una última oportunidad, cambié nuevamente de canal, apareció un programa de comedia “una familia para la familia”  mis ojos se alegraron un momento ante la escena de ver reunido al hace mucho tiempo considerado principal núcleo de la sociedad, solamente para darme la estocada final; ella gritaba a su esposo: “animal”, “insecto”, “basura”, “estupido”, “”baboso”, “poco hombre” mientras él respondía: “celulítica”, “aguada”, “tarada” etc. La única hija mujer intentando apaciguarlos, exponía un argumento  inteligente para recibir como respuesta una frase que la volvía a meter en su mutismo “¿por qué no eres una niña normal?” en otras palabras, ¡cállate!, ¡no seas inteligente!, ¡no pienses!, ¡sé igual de “normal” que nosotros!, (claro, ella no es violenta).

 

No, definitivamente la televisión no era lo que yo necesitaba, salí nuevamente a la calle en busca de un distractor que me divirtiera sanamente, acudí al tianguis de mi barrio buscando una película o un poco de música que me alegrara el alma. Esfuerzo inútil, en un gran porcentaje, incluso desde su portada, las películas tienen un alto contenido violento; asesinatos, balazos, golpes y más golpes, nada de donde escoger, mexicanas y extranjeras por igual, reflejo de la violencia en nuestra sociedad, a la vista de todo público y al alcance económico de la mayoría de personas. En el puesto contiguo, el tendedero de discos musicales, en todos los formatos y con todos los títulos increíbles; temas de amores rechazados, amores prohibidos, nuevos y viejos con la misma canción; violencia entre amores y desintegración, sed de venganza, prostitución, devaluación de los seres, intento de muerte a la menor provocación, títulos que incitan a la destrucción.

 

No valían la pena y desilusionado regresé a mi casa, observando en el camino la magia de la tecnología. Niños jugando en las “maquinitas” diversos tipos de juegos violentos, todos con el mismo premio: “entre más asesines más puntuación, si los matas a todos, eres campeón”. Internet con páginas de moda, videos que no dejan nada a la imaginación: muertes, atropellos, peleas en escuelas, golpes en cualquier manifestación…

transmisión y justificación de violencia, nuestros hijos no son los hijos que éramos los de mi generación

 Violencia, violencia, violencia.

 

Hastiado de todo, ese día sólo esperé la noche para dormir. Dos días después, mi vecinito que no había cambiado su juego porque “curiosamente”, no pudo encontrar el módulo en donde se hacía el canje, jugaba nuevamente con su pistolita.

 

Todo volvía a la normalidad, normalidad con la que nuestras autoridades hacen operativos para cambiar pistolitas por juguetes didácticos, normalidad con la que nuestros diputados, gobernantes, etc. Los días que no están ausentes, se pasan discutiendo reformas al IFE, reformas energéticas y contienden ampliamente por la venta de la Palma,  cerrando los ojos a la violencia existente en proyecciones de alto impacto; medios, música, videos, juegos, revistas, películas, etc. Poniendo un curita a la herida existente en nuestra sociedad que amenaza día con día abrirse más hasta hacerla desangrar, una herida llamada violencia.

 

Quizá sea necesario sentarnos todos a platicar con ellos, que no es ni por mucho suficiente con cambiar los juguetitos para detener, o al menos disminuir la violencia en la humanidad. Juguetitos por cierto, que en su momento se vendieron como pan caliente en cualquier parte de la ciudad, bajo alta tolerancia de nuestras autoridades, eran la novedad, no tenían nada de malo, curiosamente una pistola o un rifle que está muy relacionado con ésta,  mató a Jhon Lennon, hirió a Juan Pablo II, mató a Jhon F. Kenedy, mató a Luis Donaldo Colosio, sólo por mencionar uno de tantos casos en altas personalidades. Hoy las pistolas de juguete son chivos expiatorios, como juguetes bélicos, son consideradas utensilios que fomentan y desarrollan la violencia en nuestros hijos, sin embargo, también son un buen medio para justificar el que se “está haciendo algo” por frenar la violencia en nuestras casas, un curita en la herida, aunque realmente no se haga nada para limitar a todos los medios que he mencionado anteriormente, restringiéndoles sus exposiciones violentas.

 

 Finalmente, al igual que cuando el boom de las pistolitas, parece que no tiene nada de malo la exagerada transmisión y justificación de violencia, nuestros hijos no son los hijos que éramos los de mi generación y por mucho no son los hijos que eran los de generaciones pasadas, a los nuestros ya no se les debe ocultar la verdad, ellos ya están “capacitados” para ver y entender cosas que nosotros no podíamos y por ello, anteriormente dichas escenas estaban prohibidas, tanto en su difusión como en su observación por personas con determinadas edades.

 

Sí, quizá sueno un tanto moralista, quizá un tanto exagerado, no obstante, quizá deberíamos ser más exigentes, antes de permitir que nuestros políticos discutan leyes, preferencialmente en lo económico, pedir que discutieran cómo aplicar leyes, no tanto que castigaran, simplemente que limitaran con un no se permite, la promoción o justificación de la violencia o lo que a ella envuelve.

 

Mientras esto no suceda, mientras observemos con displicencia toda esa marea de difusión violenta en los medios que nos rodean, seguiremos permitiendo y colaborando para que nuestra sociedad viva en el miedo, e irónicamente, aplicando un curita a la violencia que origina ese mismo miedo, contribuyendo a que más niños como Yael, sigan utilizando pistolitas que al paso del tiempo serán sólo el dispositivo con el cual proyecten toda la violencia observada a su alrededor.

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Michoaque (1 noticias)
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