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Un halcón que fue un héroe

27/02/2012 13:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageEl vagabundo

Detrás de ese vagabundo hay un hombre. La apariencia externa moldeada por el desgaste y una figura de aspecto lúgubre oculta a un ser que hace muchos años fue una leyenda de las porterías; un arquero atlético e imbatible, un atajador de manos elásticas. La chica de la recepción cree que se trata de un borrachín, pero antes de dirigirse a él para correrlo lo escucha hablar. "Señorita, buenas tardes. Vengo a dejar este abrigo. ¿Cuánto cuesta el servicio?". La chica le responde que 80 pesos. Para sorpresa de ella, el hombre saca de su raído pantalón un billete de 100 pesos y se lo da. Mientras le devuelve el cambio, la chica le informa que su abrigo estará listo para el día siguiente. "Me parece perfecto. Gracias señorita". El hombre sale de la tintorería y ella siente que ha visto a alguien especial, pero no sabe por qué, no sabe a quién; un cosquilleo inquieto.

La chica revisa el abrigo y encuentra dos papeles. Uno con el siguiente mensaje: Si no regreso por él, obséquielo a alguien que tenga frío. Otro tiene versos escritos que ella ignora. "Este tipo debe estar loco. Pero, ¿y si no vuelve? No, no, mejor no imagino nada", se dice a sí misma.

El Halcón

Ya es de noche; ha regresado del viaje. El equipo ganó 3-0 y él sigue con el récord de partidos sin recibir gol, 1450 minutos con el arco intacto. Quiere festejar en compañía de sus fieles seguidoras, su esposa y su hija. Abre la puerta y al ingresar sólo descubre silencio a oscuras, situación rara debido a que esas horas sus dos mujeres andan más que activas, una pegada al televisor sintiéndose parte de las telenovelas y la otra fascinada con la pluma de Mario Benedetti, su escritor favorito.

Enciende la luz y cierra la puerta. "¿Ya se durmieron o qué?", grita en tono de broma. Nadie responde. Deja su maleta sobre la mesa del comedor y en su trayecto rumbo a las recámaras escucha el ring ring del teléfono. Contesta. "¡¿Bueno?!". Nada agradable es lo que escucha, su rostro así lo confirma. Es la viva imagen de la tragedia. "Voy para allá". Cuelga y sale de la casa.

Hecho un manojo de ira, impotencia y dolor, el Halcón García entra a la habitación. El también llamado Manos de hierro se resquebraja, se rompe. Con paso endeble, movimiento lastimado por el impacto, se acerca hacia la cama donde se encuentra su hija dormida, sedada; golpeada. Su esposa, que permanecía callada y agotada por tanto llorar, se acerca a él y éste la abraza. Ambos lloran; sin decírselo el uno al otro se sienten culpables.

-¿Quién fue?

-No lo sé. Estaba en la casa cuando me llamaron de aquí para decirme que... que...

-¿Qué te han dicho los médicos?

Antes de que ella responda, un médico y una enfermera entran a la habitación. El Halcón rápido los cuestiona. "Señor, sé que es difícil pero tranquilícese. Hablemos afuera". En el pasillo, el médico le informa al Halcón que su hija presenta traumatismos debido a la golpiza, lesiones en órganos sexuales, así como la fractura de un tobillo. "Es probable que no entienda lo que le voy a decir, pero lo importante es que está viva. Aunque todavía hay algo más importante, la recuperación psicológica".

El padre

Después de haber escuchado esas dos palabras, "recuperación psicológica", cambió la vida de García. Sin pensarlo dos veces se retiró del fútbol sin dar explicaciones. Fueron tres motivos los que le orillaron a tomar esa decisión: dedicarse en cuerpo y alma a la rehabilitación de su hija, se sentía culpable por estar siempre ausente de casa y creyó que si sus manos no servían para proteger lo que más quería ya no tenía sentido usarlas.

Más sobre

Alejado de las canchas por completo y olvidándose del mundo, el Halcón pasaba días y noches junto a su hija con toda la esperanza de que se recuperara del trauma. Le leía a Benedetti una y otra vez. Fueron meses sin escuchar palabra alguna de ella, meses sin verla sonreír como antes lo hacía. Así transcurrió un tiempo hasta que ella, su pequeño ángel de 18 años, le habló. "Papá, deja de lastimarte. No fue tu culpa ni la de mamá. Ya pasó. Si quieres que empiece una nueva vida hazme un favor. Ve a la librería y fíjate si salió algo nuevo de Benedetti".

Ese día García salió a la librería y dejó a su esposa encargada del cuidado de la nena. Mientras su mamá preparaba la comida, la nena se quitó la vida.

La leyenda

Olvidado por aficionados y compañeros, García enterró a su esposa cuatro años después del suicidio de la nena. Su compañera fue vencida por un paro cardíaco mientras veía una telenovela. Sin motivos para seguir adelante, el Halcón quiso seguir el mismo camino que sus dos mujeres, sin embargo un niño de la calle impidió la fatalidad. Cuando regresaba a casa vio al pequeño dormido debajo de un puente. El chamaco tenía cinco años de edad y presentaba fiebre. García lo cargó entre sus brazos para llevarlo a un hospital. Una vez que lo dejó en la sala de urgencias se vio las manos, esas mismas que tantos goles evitaron y que a su entender no sirvieron para salvar a su hija. Observó dedos, las movió varias veces para comprobar si todavía tenían movilidad. Descubrió que sus manos no estaban muertas, que serían útiles hasta el fin de sus días.

Así como al niño del puente, el Halcón recogió a otros cientos de pequeños para rescatarlos de la miseria y la enfermedad llevándolos a hospitales, casas cuna y albergues. A eso se dedicó hasta que la fuerza de su cuerpo ya no le dio para más.

El hombre

Han pasado cuatro días y la chica espera a que se aparezca el dueño del abrigo. Es hora de cerrar la tintorería, pero ella tiene el anhelo de verlo frente a la puerta. No quiere hacerle caso a su intuición, sabe la respuesta. Tiene que hacerlo, aceptarlo. Antes de que su compañera cierre el negocio, ella toma el abrigo y se lo pone. Su compañera la regaña. "Quítate eso, no es tuyo. No te vayan a acusar de ratera" | "No te preocupes. Sé que el dueño no volverá por él".

Cerrado el negocio, ambas se despiden. La chica emprende camino y detiene su marcha para leer el papel que tiene escritos los versos.

Ahora sí que es de noche

y de noche todas las leyes son pardas

la libertad está como boca de lobo

la justicia no se ve ni las manos.

Intrigada por saber quién es el autor de ese texto, la chica va a un café internet y se entera de que esas palabras fueron escritas por un tal Mario Benedetti y pertenecen a Versos para rumiar, parte final del libro Letras de emergencia, publicado en 1973. Ella no lo sabe, pero dicho libro era el que fue a comprar el Halcón García el día en que murió la nena, el libro que ya no alcanzó a darle.

¿Por qué el Halcón no volvió por su abrigo? La chica tampoco lo sabe. Al igual a que a los niños que él recogió, García espera que alguien se apiade de su cadáver para juntarlo dignamente con sus dos mujeres. Lo cierto es que alguien ya no tendrá frío, se cobijará con una prenda que calentó al héroe de mil hazañas y de paso se volverá lectora fiel de Benedetti.


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Autor:
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elbuenfutbol.com
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Reportaje
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