Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Redliteraria escriba una noticia?

Una hazaña de Quirinito

09/08/2011 01:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Jorge Cortés Ancona

Hoy, Quirinito Virreina, acometería una aventura, la aventura más grande que haya realizado un joven meridano: subirse a un autobús urbano. Nadie se lo creería. Todos sus amigos quedarían boquiabiertos. Se subiría a un camión y después escribiría la crónica con un preciso titular: "Ascenso al inframundo", porque en el autobús urbano se codearía con la delincuencia y con la miseria extrema.

Eran las 2 de la tarde. Se levantó de la cama, se puso un pantalón Versace, una Chemisse Lacoste y sus Nikes para pasar inadvertido entre la masa delincuencial que anda en los autobuses urbanos. Salió a la calle y respiró profundamente para llevar a cabo una de las acciones más arriesgadas que se pueden hacer en la vida. Tenía muy claro lo que habría de hacer: la cosa más novedosa que se haya hecho en Mérida, que es cantar en un autobús. Se subiría y todos habrían de quedar sorprendidos ante su atrevimiento. Tres canciones hasta el paradero, que dejarían a todos anonadados, y se bajaría en el centro para gozar de su hazaña.

image

Llegó a una avenida y estacionó su automóvil. Vio venir un camión y levantó el brazo para pedir parada, tal como observaba que hacía la gente. Palpitando de emoción, vio cómo se detenía el autobús y decidió abordarlo igual que como entra un cowboy en una cantina, con los dedos pulgares en ambos bolsillos. Al subir el primer escalón, en nada estuvo de salir disparado hacia el pavimento, luego del furioso arrancón del autobús. Los buenos reflejos de Quirinito le ayudaron a sostenerse de uno de los tubos verticales y llegar dolido y arrastrado junto al chofer.

Se levantó con dificultad y pagó con un billete de 200 pesos. El terror lo estaba invadiendo cuando el chofer le dio de vuelto un kilo de monedas que le aporreó en las manos, a la vez que lo insultaba entre dientes. Algunas de las monedas salieron disparadas en distintas direcciones y por ello se apresuró a guardar las demás en su pantalón. Luego, de nuevo, trató de caminar con las manos en los bolsillos, pero un brusco frenón para subir gente lo arrojó al otro extremo del pasillo.

Más sobre

Era terrible todo eso que le estaba pasando, pero Quirinito no era de los que se amilanaban. Se levantó y para olvidar el dolor se decidió a cantar en medio de toda esa horda de delincuentes y moralinos, a los que habría de asombrar con su atrevimiento. Abrió la boca pero la sobaquina que emanaba de los albañiles que subieron le ahogó la voz. "¡Oigan, voy a cantar! ¡Bajen sus brazos, bajen sus brazos!".

Furioso porque no cooperaban a su acto subversivo, se tapó la nariz y, como pudo, trató de cantar piezas de Lady Gaga. Pero el estruendo permanente del motor no dejaba escuchar nada. "¡Oye, tú, camionero!" –le gritó con voz nasal al chofer- "¡Baja el volumen del motor para que yo pueda cantar!". Pero un nuevo frenón y el ascenso de más gente, de pie, en el pasillo, ahogó toda posibilidad.

Demasiada gente, ruido, calor. Mucho frenar y arrancar. Quirinito estaba que se moría. Le gustaba eso de la aventura, pero era demasiado. Ya tendría muchas novedades que contar de su acto subversivo. De súbito, se dio cuenta de que no sabía por dónde andaba: "¡Camionero!, ¿cuánto falta para llegar al centro?". "Esto es Circuito Colonias, hija. No llego al Centro". "Pues llévame a donde dejé mi carro. ¡Te doy el vuelto de mis 200 pesos, pero llévame!". "'Tá bien, hija, dame la lana. A te llevo ahí donde te trepaste. En un ratito llegamos".

Recia aventura la que vivió Quirinito en las tres horas que el autobús tardó en volver a donde había dejado su coche. En el trayecto se había orinado dos veces, había sudado hasta su leche materna y los lagrimones no habían dejado de fluir de sus tiernos ojitos. Sin embargo, aún temblando de miedo y ya cobijado por el aire acondicionado de su auto, pensaba en la grandiosa hazaña que había vivido. No lo volvería a hacer, pero tendría que escribir en seguida su increíble crónica, para constancia de su osadía intelectual, tan moralmente subversiva.

Por esto!, 3 de agosto de 2011.


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
Visitas:
175
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas
Empresas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.