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Una nueva raza de conservadores

05/01/2012 17:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Imagen a imagen, pixel a pixel, todos(as) nos estamos transformamos en “homo videns” reaccionarios(as) y conservadores(as), sentados(as) confortablemente frente a nuestras pantallas planas, a nuestros mac's, a nuestras tablets y a nuestros smartphones

Una Nueva Raza de Conservadores

Por: Teresa M.G. Da Cunha Lopes

Imagen a imagen, pixel a pixel, todos(as) nos estamos transformamos en “homo videns” reaccionarios(as) y conservadores(as), sentados(as) confortablemente frente a nuestras pantallas planas, a nuestros mac's, a nuestras tablets y a nuestros smartphones.

Sin embargo, por un momento, pensamos (pensé) que todos(as) nos habíamos transformado en “revolucionarios (as)”, conectados al grande cerebro cibernético, viviendo en la utópica Telepolis en que se ha convertido nuestra “aldea digital”, un romance virtual e innovador con el futuro .

Los movimientos populares de la primavera árabe, las multitudes que, desde Hanoi, pasando por Jerusalem, China, Siria o Plaza del Sol, reclaman libertades, derechos y justicia social, en tiempo real, frente a nuestros ojos y en directo, nos habían convencido (me habían convencido) de que una nueva Era, un amanecer democrático, estaba a la vuelta de la esquina.

Pero, ninguno de nosotros salió (sale) a la calle para apoyar a los Libios, a los Sirios, a los Somalís, a los Chilenos. Aún que nos encanta que la revista TIME haya escogido al "Manifestante"como la Persona del Año.

Algunos nos tomamos el tiempo de pedir una pizza o de manejar hasta el Oxxo de la esquina, para aguantar con un bocadillo y una chela, más una hora de frenesí revolucionario vía CNN, o soportar a Loret de Mola hablando de la inseguridad y de las elecciones en Michoacán, disfrazado en corresponsal de guerra y acampado entre los moribundos refugiados en África, pero no ACTUAMOS.

Ahora bien, sólo la ACCIÓN es revolucionaria. Nosotros, en nuestros sillones, frente a nuestras pantallas, somos una nueva especie de conservadores .

Y, perdón, que se los recuerde, pero las revoluciones se hacen en la calle, no en las redes sociales y mucho menos con espectadores sentados frente a una pantalla digital o con un smartphone en las manos.

De hecho las Revoluciones se están haciendo en los países que no están inmersos en la Sociedad de la Información, o sea, en que el acceso a la Red es mínimo, pero en que la participación, la ACCIÓN en la calle es máxima.

La “primavera” árabe no se hizo en el Twitter, a pesar del mito que se instaló en la Red, se hizo en la calle, a sangre, a golpes, con balas reales, muertos reales y con mucha, pero mucha hambre de LIBERTAD.

En resumen, la ACCIÓN es colectiva, es política, es la del “ zoon politikon” y no del “homo videns”perdido en su mundo alternativo.

Estamos simplemente llenos de adrenalina informacional, lista para explotar en nuestros living rooms y poco a poco, pixel por pixel, nos estamos metamorfoseando en reaccionarios de sillón.( Y no me envíen mails o comentarios de una obscena agresividad por inbox, por no estar de acuerdo con esta columna. Sólo soy uno (a) más de todos los millones que viven clonados a sus avatares cibernéticos, a sus “persona” digitales, en Second Life, Facebook o Twitter).

Con la agravante de que racionalizamos nuestra drogadicción cibernética en columnas de opinión sobre la twittercracía y la facebookcracía.

Claro que la adrenalina informacional es una fabulosa droga, hecha de sangre, de terror, de cataclismos, de tragedias humanas, pero también de esperanzas, de rostros de felicidad y visiones de futuros radiantes en que todos somos democráticos, libres, sin hambre y ejercemos, plenamente, todos nuestros derechos cívicos .

Por instantes, por un minuto, un pixel, un fotón, nos pensamos “revolucionarios”, listos para la refundación del mundo y, escribimos, comentamos, en horas de intenso análisis televiso, radiofónico, en las redes sociales, en nuestras columnas, sobre UN nuevo despertar para la Humanidad y sobre nuestro papel en la emergencia de los movimientos sociales.

Y, después, sentados(as) en el mismo sillón, ojos hipnotizados por la misma pantalla, vivimos los disturbios (atención, primera señal, ya no los llamamos “revoluciones”) urbanos en Londres, en Manchester, imagen por imagen, cuadro por cuadro, fotón por fotón, en toda su cruel y descarnada violencia callejera, aparentemente sin sentido.

O nos anclamos a las redes sociales en la estridencia viral y twitteira producida por la balacera de Torreón, durante el sacrosanto momento religioso del fútbol. Y, calmamente, "hojeamos" la información en el Ipad del último ataque narcoterrorista en Monterrey acompañado con el café de la mañana.

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Alternamos, por momentos, estas imágenes con los spots grises de las turbulencias de los mercados financieros y, nos acostamos con el “click”, “click” de las voces de los comentaristas: “convulsión financiera”, “disturbios callejeros”; “muerte del sistema”, “terror”, “guerra”......”violencia”

Y, con todo el poder del mundo concentrado en nuestro dedito, apachurramos voluntariosamente la opción I LIKE en el Facebook.

Click, click, click!!! Fotón por fotón, IP a IP, el ruido sin fin de la RED nos instala en la creencia perfecta de que vivimos en un estado permanente de revueltas y convulsiones . Adiós a la REVOLUCIÓN.

Bienvenida la ACEPTACIÓN de nuestra dosis cotidiana de barbarie.

Estamos, SÍ, en la fase de aceptación de que estas convulsiones y revueltas son un estado permanente, una “imago mundi” que se reproduce en la Red como un virus.

Jean Baudrillard, un sociólogo francés del último siglo, ya nos había introducido al mundo “viral” de la información, de una sociedad saturada de signos, mediatizada, construida como una superposición de mundos virtuales, en que el “ruido” ensordecedor de la Red, oblitera el destino colectivo de las civilizaciones y desaparece la memoria histórica.

En esta saturación informativa, los movimientos sociales sólo pueden ser transmitidos como “picos” instantáneos de energía destructiva.

La acción de “construcción”, con sus tiempos lentos, como decía Braudel, con sus ciclos de larga duración propia a los movimientos colectivos, a la historia larga de las civilizaciones, no puede ser atrapada en las imágenes del “momento” informativo, ni se adapta a la brevedad “temporal” y al carácter “viral” de la comunicación.

El “Manifestante”, el “actor” de las convulsiones (callejeras o bursátiles) es, aparentemente diverso: el “trader”; el “hooligan”; el “indignado”; el “altermondialista”; el “ni-ni”, son, en primera análisis, tan diferentes entre sí como un dinosaurio y un mamífero.

Pero, en la realidad digitalizada, todos se confunden en un mismo personaje : es el hombre sin rostro de los cuadros de Magritte o el hombre sin atributos de la novela de Musil.

A través de los posts en el Facebook, de las consignas transmitidas por Twitter, del video que se sube a YouTube, de la mobilidad de los SMS, el “actor” callejero de las revueltas urbanas en este inicio del siglo XXI, o el “trader” del tsunami bursátil de los “hedge funds”, juegan con los interdictos, con los vacíos, destruyen, observan, “editan” el momento, pero, no se libertan del anonimato urbano.

En este contexto, la voz de los movimientos políticos, sociales, sindicales, organizados alrededor de ideologías políticas, de opciones civilizacionales, de visiones constructoras de futuros, diversa, autónoma, consciente y fuerte, desaparece, es invisible en la Telepolis.

La ACCIÓN no existe, sólo queda el anónimo reflejo de un segundo mediático.

Y, con esta “invisibilidad” desaparece nuestro último bastión de defensa real de los derechos políticos, sociales e difusos, que nos llevó dos siglos a ganar y que, pasivamente, desde un teclado vemos evaporar.

Desde las trincheras del poder (de los poderes) surge, entonces, un monólogo represivo, que reivindica el uso de la “violencia legítima” del Estado.

Todos(as) nos transformamos, sometidos a la lógica del poder, el único baluarte que nos resta contra “las convulsiones”, contra la “violencia”, en conservadores.

En la noche, en el día, las calles son ocupadas por millares de efectivos de los cuerpos de seguridad del Estado y nos quedamos inmersos en nuestro pesimismo, en el miedo desgarrador del “otro”; sin acción frente a la represión que se instala y se mueve entre las entrañas de nuestro terror, como los fragmentos de la cola de un meteorito.

Frente a nuestras pantallas, nos precipitamos en un consumismo de signos, en la dosis cotidiana de barbarie virtual, que impregna como un olor a rancio, nuestros espacios políticos y culturales.

Desde los chats, de los tweets, de los posts, clamamos por el “cierre de fronteras”; “hablamos” de identidad nacional y de soberanías ; “defendemos” el eterno retorno al pasado “bueno” del proteccionismo”; “negamos” a los individuos integrantes de las minorías sus derechos del alto de un discurso pseudo -integralista “multicultural”; “declaramos” a todos los dictadores del tipo Gaddafi y Saddam Hussein S.A. De C.V., víctimas inocentes del “imperialismo gringo”, nos “pretendemos” solidarios de todas las causas, al mismo tiempo, que discriminamos bajo el anonimato de cuentas ficticias, a todos y a todas. Nos "transformamos" en "voceros" de los que matan a nuestros hijos y, todos los días “asesinamos” virtualmente la imagen, el honor o la reputación de alguien.

Somos los nuevos reaccionarios, sólo existimos en el mundo computacional.

Literalmente “computamos”(contamos) cadaveres.

La vieja máxima “cogito ergo sum”, se transformó, tal como lo enunció Edgar Morin en “Computo ergo sum” y nosotros en el prototipo del nuevo conservador.


Sobre esta noticia

Autor:
Teresa Da Cunha Lopes (220 noticias)
Visitas:
752
Tipo:
Opinión
Licencia:
Creative Commons License
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