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Valerie Evans

25/03/2018 07:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En plena Revolución Mexicana, una mujer enfrenta a caciques del estado de Puebla

 

ADVERTENCIA: Derivado de Britons I, el cauce de mis lecturas, abrupto y caprichoso,  me llevó a esta mujer británico-estadounidense-mexicana. Admirable su vida, tratada en su relación epistolar en el libro “Las Cartas de Rosalie Evans desde México”. Existe un libro en México, así como artículos en revistas. Sin embargo, para este artículo, yo me basé en periódicos estadounidenses y uno francés.

 

Rosalie Emma Caden, quien sería recordada como Rosalie Evans, nació en Galveston, Texas, el año 1877. Su padre fue Thomas Caden. Nadie hubiera pensado que aquella niña enfermiza, pero dibujante excelente, se convertiría en una aguerrida luchadora en contra de caciques locales en el estado de Puebla y que llevaría al  rompimiento de relaciones entre México y el Reino Unido.

En 1896 viajó ella por vez primera a México, donde conoció al ingeniero Harry Evans, británico que se desempeñaba como gerente del Banco de Londres y México en la ciudad de Puebla. Dos años después los dos se casaron en Virginia y se aposentaron en la capital poblana. En 1904 Evans renunció a su trabajo en el banco y compró una hacienda de 166 hectáreas en San Pedro Coxtocan, Puebla. Harry y Valerie pasaron ahí los siguientes seis años hasta que inició la Revolución Mexicana. Tras esto se fueron a vivir a la Ciudad de México de donde en 1913 salieron huyendo de la violenta situación. Los siguientes años la pareja vivió en Europa y en Estados Unidos hasta que en 1917 su economía los obligó a regresar a su hacienda de Coxtocan.

Pero la situación era muy diferente, tanto los campos como la hacienda en sí  estaban ocupados por campesinos locales. Mientras que el gobierno amenazaba con nacionalizar esas propiedades, el agrarismo se las había “confiscado”. La mujer regresó a Estados Unidos mientras que Harry lidiaba en la Ciudad de México con las autoridades intentando recuperar lo que de derecho era de ellos. En noviembre de 1917 el hombre inglés se encontraba en la Ciudad de México cuando repentinamente cayó enfermo y murió; de inmediato recayeron sospechas de que había sido envenenado por gente interesada en el caso de la hacienda de Coxtocan.

En enero de 1918 Valerie salió de Charleston rumbo a su hacienda de Coxtocan dispuesta a retomar lo que era suyo. Según sus propias palabras, emprendía una causa sagrada en memoria de su esposo. Evans acudía a las autoridades federales en la Ciudad de México, a la embajada de Estados Unidos, a la del Reino Unido, se reunía con los líderes agrarios locales. Y como pudo entró en lo que era su hacienda, decidida a pelear por ella. Además, no podía olvidar a Harry y a través de espiritistas, médiums y  de la Ouija intentaba comunicarse con él.

Los siguientes años fueron tensos, a menudo enfrentaba a los campesinos, a líderes agrarios, al gobernador de Puebla. No era raro verla pistola en mano y con un látigo expulsando de sus tierras a campesinos que se intentaban posesionarse de ellas. Y es en este período cuando entra en acción Herbert Cunard Cummins, agente consular británico,   quien estaba muy interesado en todo lo relacionado con la Hacienda de San Pedro Coxtocan, propiedad de Valerie Evans quien, por haber estado casada con un nacional de Inglaterra era amparada por las leyes y el gobierno británicos. Cummins en su correspondencia oficial enviaba toda la información concerniente a Rosalie hasta Londres.

El gobierno de Álvaro Obregón estaba más que molesto por esta situación y el 16 de junio de 1924 lo declaró persona non grata y le aplicó  el artículo 33 constitucional, disponiendo su inmediata expulsión del país. Cummins era el encargado de los asuntos británicos, no embajador, ya que no había relaciones entre ambos países. Obregón declaró que la conducta de Cummins era irrespetuosa y falta de cortesía hacia México y que por eso debía abandonar el país. Pero el diplomático se atrincheró en la legación y no salió de ella. Decenas de agentes secretos del gobierno mexicano se apostaron en los alrededores del inmueble quienes pudieron ver al hombre izar la bandera británica. Luego le cortaron la línea telefónica, así como el agua y no permitieron la entrada de alimentos. Entonces intervino el embajador de Chile.

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En respuesta a lo que sucedía en la Ciudad de México, al otro lado del Atlántico, el 19 de junio el Primer Ministro Ramsay McDonald declaró rotas las relaciones entre Londres y México.

Obligado, la noche del 20 de junio Cummins abandonó finalmente el edificio sede de la legación, bajo la mirada del embajador estadounidense y otros diplomáticos de países europeos; ahí estaba también el embajador de Chile, pero ningún otro diplomático latinoamericano se hizo presente. De la Ciudad de México el ex encargado de asuntos británico viajó a Nuevo Laredo, cruzó la frontera y fue a San Antonio. Después viajó a Nueva York, donde el día 5 de julio abordó el vapor Olympic, que lo llevaría a Cherburgo, Francia.

El 2 de agosto de 1924 Valerie Evans manejaba su coche tipo buggy en compañía de Johan Strauss, ciudadano alemán  manejador de la hacienda, cuando un grupo de agraristas los emboscó y fueron atacados a balazos por su flanco izquierdo. Al recibir los proyectiles la mujer salió del vehículo pero su pelo quedó enredado en una de las llantas. Así, el coche la arrastró varios metros hasta que se detuvo ante la falta de poder. Ahí murió Evans, con su cara destrozada, irreconocible; Strauss quedó gravemente herido, pero no murió.

El asesinato de una ciudadana de Estados Unidos pero que también era súbdito británico no era un asunto para ser tomado a la ligera. Por ello, el 5 de agosto el presidente Álvaro Obregón se pronunció de la siguiente manera: “El gobierno mexicano lamenta la muerte de la señora Evans. He ordenado una investigación rápida y completa. Siento que al ser la víctima una mujer, para mí  lo hace especialmente de mi responsabilidad de aclarar y castigar a los criminales.”

Tras el asesinato de Valerie, el gobierno federal movilizó a la policía que con sus infalibles métodos técnicos y científicos detuvo a 66 campesinos en las cercanías de Texmelucan y los llevó a la capital poblana. Aarón Sáenz, ministro de Relaciones Exteriores, tras recibir un oficio por el que se le comunicaba que los asesinos de la mujer habían sido detenidos y que había confesado, así se lo hizo saber al embajador estadounidense y, a través de éste, a Norman King, cónsul general del Reino Unido en México. 

El 24 de octubre Álvaro Obregón retiró el cuerpo diplomático mexicano del Reino Unido, cerrando el consulado general en Londres así como los consulados de Liverpool y Glasgow.

El 14 de noviembre siguiente Francisco Ruiz, Andrés Rodríguez y Alejo García fueron presentados ante un juez de la ciudad de Puebla. En la audiencia se encontraban presentes Norman King,   Rudolph Hollocombe, otro miembro de la legación británica, así como el cónsul de Alemania en esa ciudad. El juicio duró poco y el 15 de noviembre los acusados fueron sentenciados a muerte.

Finalmente, en los años 1940 el gobierno expropió la Hacienda propiedad de los Evans y la entregó a ejidatarios de la región.


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Autor:
Antonio Lerma Garay (100 noticias)
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Reportaje
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