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Tiene vida renovada la Sala de Arte Público Siqueiros

03/02/2011 10:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A más de cuatro décadas de su apertura, la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS), vive su mejor época en muchos años, pues tras un minucioso proceso de restauración de sus murales y relevantes trabajos de mantenimiento al inmueble por afectaciones provocadas por la humedad, la casa donde vivió David Alfaro Siqueiros tiene una vida renovada. Este inmueble, ubicado en el número 29 de la calle Tres Picos, en Polanco, tiene una larga historia. En ese lugar Siqueiros fue detenido el 9 de agosto de 1960 para ser llevado, una vez más, a la cárcel y pasar cuatro años en una crujía de Lecumberri, durante el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964), quien llegó al poder postulado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Además, a mediados de la década de los 70, se convirtió en un centro de acción importante para intelectuales y artistas de izquierda. Cabe recordar que en 1965, a los pocos meses de haber recuperado su libertad (1964) y hasta su muerte (1974), Siqueiros se instaló en Cuernavaca, donde trabajó en la Tallera, su gran taller fá­brica en el que elaboró los enormes paneles de asbesto del Polyforum. De esta forma, la residencia de Tres Picos se convirtió en el estudio ocasional del maestro. De acuerdo con la investigadora del arte Itala Schmelz, ex directora de la SAPS, entre Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros elucubraron la idea de convertir ese inmueble en el Museo de la Composición, un centro para teorizar, innovar y enseñar los aspectos más importantes del movimiento muralista mexicano. Es así como, durante sus visitas a la Ciudad de México, Siqueiros fue transformando su casa hasta llegar a una muy particular apropiación de la arquitectura original. Mandó techar uno de los patios y clausuró un enorme ventanal para instalar dos enormes bocetos de murales inconclusos, cubrió los muros y los techos de la sala-comedor con trazos que lograron profundos efectos cinéticos. Instaló en las recámaras ampliaciones fotográficas de sus murales más importantes, sobre las cuales pintó inquietantes líneas de fuga y prolongadas diagonales; todo lo anterior, con el objetivo de explicar la perspectiva poli-angular por él diseñada. El 29 de enero de 1969 Siqueiros celebró una gran inauguración y abrió por primera vez al público las puertas de su casa. Sin embargó no presentó el Museo de la Composición, ya que la idea de un museo le resultó al final demasiado estática, y bautizó al nuevo espacio como la Sala de Arte Público. La noción de “arte público” (arte de función social y con compromiso político) acompañó múltiples proyectos de Siqueiros, así llamó a una publicación que editó por primera vez en 1952 y ese nombre le dio también, en algún momento, a su taller escuela de Cuernavaca. En este concepto se contiene el ideario plástico y político del artista quien, por lo que al darle ese nombre a la Sala, a la vez le dio una vocación propia. “La finalidad del movimiento muralista mexicano es hacer de nuestro arte un arte social, de función pública..., que tendrá que desarrollarse hacia una etapa más adelantada, tras su etapa histórica correspondiente, esto es, la del realismo socialista en México”, dijo Siqueiros en ese entonces. “En consecuencia, el objetivo fundamental de este movimiento de arte social público es trasmitir sus experiencias a las demás ramas de creación artística: la literatura, el teatro, la danza, el cine, etcétera”, añadió. El 12 de diciembre de 1973, 25 días antes de morir, el artista donó al “pueblo de México” la Sala de Arte Público y su escuela taller de Cuernavaca, mejor conocida como La Tallera. En su testamento, ante notario público, designó a su esposa albacea y ejecutora para que cumpliera su voluntad, a través de un fideicomiso en el que el Banco de México sería fiduciario y actuaría de acuerdo con las instrucciones de un patronato del que formaron parte Adriana Siqueiros, Sofía Bassi, Luis Suárez, Jorge Díaz Serrano, Alberto Híjar y Felipe Lacouture. A través de un ensayo realizado sobre la historia de la SAPS, Schmelz revela que dicho fideicomiso quedó constituido oficialmente en noviembre de 1974, incluyéndose la participación del entonces presidente de la República, Luis Echeverría. El deseo expreso de Siqueiros fue que en sus casas se preservaran y difundieran sus obras e ideas, y que asimismo éstas se abrieran como centros de análisis, y de experimentación para el “arte público” del porvenir. El artista también donó una colección de obra que incluye pinturas, bocetos y grabados, un importante archivo fotográfico y documental y una amplia biblioteca, reunidos en su domicilio de la ciudad de México. En 1975, el entonces director de la Sala de Arte Público, el escultor Luis Arenal, llevó a cabo una importante readaptación. Se construyó un tercer piso para abrir espacio a la obra de artistas jóvenes y se cubrió el jardín trasero para convertirlo en un gran auditorio de usos múltiples, que al incluir una cabina de proyecciones también funcionaría como cineclub. Junto con la salud de Angélica Arenal, esposa de Siqueiros, las condiciones de la Sala y del legado fueron deteriorándose. Una gotera se filtraba desde el techo destruyendo lentamente las pinturas murales, la instalación eléctrica fundía los focos y había peligro de incendio. Además se mencionaba que varios de los documentos del archivo: periódicos, cartas, libros y material fotográfico habían sido saqueados. El edificio estaba ruinoso y dada la incomodidad del sector oficial respecto a las actividades políticas que ahí se realizaban, los recursos del fideicomiso eran cada vez más estrangulados. Un año antes de la muerte de Angélica, acaecida en 1989, el legado del muralista se encontraba a la deriva y en franco declive. De agosto a noviembre de 2009, la SAPS entró en un proceso de remodelación del inmueble, cuya finalidad era mejorar las condiciones de exhibición y atención al público que asiste al museo para presenciar la obra mural de David Alfaro Siqueiros y los proyectos de arte contemporáneo del programa de exposiciones temporales de la Sala. El 18 de julio de 1980, por decreto presidencial, su obra adquirió el rango de Patrimonio Artístico de la Nación.

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