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Violencia / Gerardo Herrera Pérez

02/08/2013 07:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imagePor Gerardo Herrera Pérez

En 1982 arribé por primera ocasión a Michoacán a desarrollar actividades profesionales; si bien muchas otras ocasiones visité, en condición de turista, estas tierras purépechas, debo reconocer que la primera noticia que tuve respecto a que trabajaría en Morelia me hizo generar expectativas que se han venido cumpliendo de manera paulatina a lo largo de estos años.

Durante estas tres décadas he tenido la oportunidad de relacionarme con amplios sectores sociales, entre ellos: mujeres campesinas, de productores rurales (pescadores, aguacateros, etcétera), colonos, integrantes de grupos vulnerados como los indígenas, las personas con discapacidad, adultos mayores, mujeres violentadas, niños y niñas, jóvenes, migrantes, personas con orientación sexual diferente y trabajadores del sexo comercial, personas viviendo con VIH Sida, con lo que me ha permitido conocer todo el estado de Michoacán, también he trabajado con empresarios agrícolas, tanto en Michoacán como en Guerrero.

Durante todos estos años, y en el ejercicio del trabajo institucional y hoy social, he tenido la oportunidad de ver de cerca la violencia (física, sexual, patrimonial, verbal y psicológica) sustentada en ideologías y un machismo explosivo de sometimiento a la mujer principalmente, pero también de hombres que violentan a otros hombres; pude ver violencia familiar, violencia contra la mujer, violencia en niños y niñas, violencia contra personas viviendo con VIH, violencia contra los diferentes (personas con discapacidad, adultos mayores, indígenas), una violencia que sistemáticamente ha sido protegida por las instituciones sociales: la familia, la escuela, la iglesia y la sociedad en general que sustentaban y sustentan sus prácticas en acciones devastadoras e irracionales que han permitido durante estos años aplicar mecanismos de opresión que han tratado de invisibilizar, estigmatizar, discriminar, violentar, en ocasiones incluso asesinar a quienes transgreden el estereotipo de género o bien a aquellas que se han revelado a ser sometidas por su hombre, o también aquellos que son diferentes en términos de su edad, de su lengua, de sus creencias y ¿saben? esta violencia pocas ocasiones fue castigada, ha sido una violencia sustentada en la impunidad.

También pude ver en distintas ocasiones el enfado de los servidores públicos y funcionarios de las instituciones en la prestación de los servicios públicos, como también vi en muchos de estos violencia traducida en ignorancia, arrogancia, clasismo, racismo, xenofobia, homofobia, lesbofobia y transfobia con que trataban al demandante del servicio público.

Esta violencia, si bien ha tratado de ser atemperada, en ocasiones transformada, derivada de las modificaciones de la Constitución Federal de los años 80 en materia de derechos humanos, así como las modificaciones constitucional de 2011; esto no ha sido suficiente para contar con un Estado mexicano capaz de ofrecer a su población el estricto cumplimiento de los derechos humanos a las y los ciudadanos mexicanos, así como tampoco la posibilidad de brindar la transparencia y rendición de cuentas que permita a las y los mexicanos y michoacanos ese derecho fundamental de saber sobre los asuntos públicos y el manejo de sus cuentas, como también debo decirlo, hay poca participación de la sociedad para involucrarse en estos asuntos.

Pero en este siglo XXI, donde prevalece la globalización, donde los mecanismos económicos están dirigidos a consolidar el mercado para beneficio de la clase empresarial, por lo que poco importa la sociedad, en donde la economía no tiene un rostro social, finalmente son cuerpos sociales, y como cuerpos, se deben tratar de manera homogenizante, normalizada, naturalizada; es en este ámbito que tenemos y se construye una nueva forma de violencia, de esa violencia social y de luchas de poder que ya tuvimos en 1810, y en 1910, hoy en este siglo, también tenemos para esta generación de las redes sociales, una violencia que está marcando a estas generaciones con el miedo, pero paradójicamente también con la falta de participación y de compromiso social para visibilizar las problemáticas sociales que se viven y subirlas a la agenda pública para su atención desde el poder público.

Nadie es ajeno a lo que vivimos en Michoacán, aunque algunos actores políticos y sociales tratan de plantear mediáticamente que no pasa nada, y yo creo que sí pasa, y pasa mucho; pasa lo que no nos atrevemos a decir porque se siente el miedo, y no es sólo la cuestión de seguridad social y de aquellos problemas relacionados con el crimen organizado, también tenemos miedo de que amanezca porque sabemos que no tendremos lo suficiente para atender las necesidades básicas de nuestras familias; en términos de alimentación, de salud, de educación, de recreación, de contar con una vivienda digna, esto es, de contar con un empleo que me permita acceder a estos bienes y servicios.

Es una violencia permanente contra los miembros de un núcleo familiar, y es que también se comete violencia cuando los miembros de una familia no pueden acceder a los mínimos de bienestar social, es una violación a sus derechos humanos y una violencia permanente a estos principios que el Estado debe garantizar.

En este sentido, diversos actores políticos han salido a los medios de comunicación a hacer declaraciones donde expresan que pese a los programas sociales el número de pobres continúa creciendo. Y es que lo que le ha faltado, considero, a la política pública social es actuar con un sentido de dignidad humana, de no entregar el dinero a los pobres para mantener el mercado en activo, sino de aplicar políticas públicas que permitan fortalecer la cultura de los derechos humanos, la cultura de la legalidad, la cultura de la igualdad, que acompañadas políticas públicas con planes y programas de creación de fuentes de empleos en las zonas de pobreza extrema, así como de apoyo a los diferentes grupos vulnerados, permitan que se genere el ingreso para la adquisiciones de bienes y servicios y mejorar los mínimos de bienestar social a partir del esfuerzo de los beneficiarios de dichas políticas públicas.

Seguiré insistiendo que no bastan las modificaciones a las leyes, la instrumentación de programas noveles y los cambios en las estructuras operativas del poder público si es que no existe una propuesta de impulso a la transformación de la cultura del pueblo. Esto es, de qué sirve una política de equidad de género o de paridad, si es que no se trabaja para erradicar las ideologías androcéntricas, sexistas, misóginas, machistas que nos permitan vernos como iguales; de qué servirá esta gran transformación de leyes penales y de un Nuevo Sistema de Justicia Penal, y una profunda capacitación del personal institucional que realiza el Consejo Implementador, si no se acompaña de una transformación cultural de la sociedad para impulsar la denuncia, la queja, la petición de rendición de cuentas; qué objeto tiene contar con una Comisión Estatal de los Derechos Humanos, si ésta no impulsa una cruzada estatal permanente de promoción de la cultura de los derechos humanos que fortalezca acciones importantes como los principios de igualdad, la libertad, la dignidad humana, el respeto a la equidad de género, la visión multicultural y pluriétnica, la rendición de cuentas y transparencia de los recursos; cómo se implementa con total eficacia la estrategia de seguridad nacional, si ésta no está acompañada de la atención a las raíces del problema, la falta de empleo y la mejor distribución de la riqueza nacional entre los marginados.

De nada servirán los cambios en las leyes, y en las instituciones, si es que no se promueve un cambio a la cultura, a las ideologías, a las formas de respetar los valores de la democracia, a la posibilidad de reconocernos como diferentes pero iguales todos y todas en derechos, esto es generar la atención a todo aquello que ha generado un trato desigual entre segmentos de población.


Sobre esta noticia

Autor:
Cronicasrevista (4993 noticias)
Fuente:
grupocronicasrevista.org
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90
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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