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Vive mujer de hierro, lucha diaria por sobrevivir en la pobreza

07/03/2010 02:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con sus casi 70 años de edad, María es una mujer indomable. Separada de su esposo desde hace más de 30 años, hoy auténticamente lucha para sobrevivir. Procreó cuatro hijos, tres mujeres y un varón, y desde hace un año vive con ella su hija Claudia, afectada desde pequeña por la polio que hoy la tiene postrada en una cama porque no cuenta con seguridad social y la atención médica que le puede procurar, ya no es suficiente. Durante sus años más productivos, María se desempeñó como costurera especializada en una maquiladora de ropa de la colonia Bocanegra, que cerró durante la crisis de 1994 y pretendía no pagarles su indemnización, sin embargo, la Junta Local de Conciliación y Arbitraje dio su fallo a su favor este año. Les adjudicaron los bienes de la empresa que consistían en unas 30 máquinas industriales de coser. A María le tocaron dos. Las vendió y obtuvo por ello unos siete mil pesos, por más de 10 años interrumpidos de labores. El dinero no le duró mucho, porque se hace cargo total de su manutención y el mantenimiento de su casa de interés social que adquirió a través del Infonavit, además de la compra de la despensa, el gas y paga los servicios básicos. El teléfono, ni pensarlo, no alcanza para tanto. Una vez concluido el proceso obrero-patronal, el asesor jurídico la invitó, junto con sus compañeros, a unirse al Colectivo Morelos, una organización afiliada al PRD y tras trámites burocráticos que a María le parecían interminables, logró obtener su pensión ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Hoy cobra mensualmente mil 300 pesos y nadie sabe cómo le hace para salir adelante e incluso ayudar a sus hijos, solo ella sabe lo que tiene que hacer para sobrevivir sin tener que pedir caridad, sus retoños no la dejarían, aunque no aporten nada. "Toda mi vida he trabajado. No le tengo miedo a la chamba, pero a mis años ya nadie quiere emplearme y pues ni modo de morirme de hambre", señala. Una vez que logró hacerse de su precaria pensión, María se quedó en el Colectivo Morelos. Comenzó como activista por lo que recibía una compensación que poco a poco fue desapareciendo, por lo que optó por solicitar empleo en el mismo organismo y se lo dieron. A partir del 2000 ocuparía el cargo de intendente: barría, hacía la comida, limpiaba las oficinas y en ocasiones hasta contestaba el teléfono. "Contestar el teléfono, sí me gusta y mucho, porque en mi casa no tengo y se siente bonito que alguien te hable del otro lado de la línea", indica con entusiasmo. Pero si pensaba que con ese trabajo terminarían sus problemas para cobrar, estaba muy equivocada. La paga quincenal en ocasiones no le llegaba y cuando se la entregaban a veces no estaba completa porque ya se le habían juntado las quincenas y pues "la ponían a mano con lo que había". Además, la situación económica del Colectivo Morelos no da para mucho y un día la propietaria de la finca donde tenían las oficinas "los corrió" porque no pagaron la renta durante un largo año. La luz "se la robaban" y la alacena dejó de surtirse. Su jefe, un ex diputado federal y ex diputado local por el PRD de Coahuila la envió entonces a una finca a medio construir ubicada al oriente de la ciudad para que la cuidara durante el día y ahí sigue. Cuando su jefe cobraba como legislador, a María no le faltaba la despensa en esa finca, pero al concluir el período, todo comenzó a escasear y María a dejar de comer. En ocasiones "renuncia" tratando de presionar a su patrón para que le pague los salarios que cada vez se junta más y con los que María piensa que "con ese dinero - según sus cuentas le adeudan unos 15 mil pesos-, saldría de todo el problema. "Operaría a mi hija y pagaría todas mis cuentas", dice, pero ese día no ha llegado. A pesar de todo, piensa que su "empleador" es una buena persona que "ayuda a la gente que menos tiene. Pero en ocasiones mi situación sí es muy desesperante porque yo no tengo nadie que me ayude y él lo sabe". María "entra" a trabajar a las ocho de la mañana y "sale" hasta que regresa "el velador", que es otro de sus "compañeros de lucha" como ella los llama y quien de plano sí "hace casa" en esa construcción que carece de ventanas, puertas y a duras penas cuenta con agua potable, energía eléctrica y teléfono. Desde hace dos años, María se la pasa en ese lugar, esperando un día cobrar todas sus quincenas y poder salir adelante de la situación económica que la aqueja, pero que no la vence. De vez en cuando recibe la visita de su hijo, el único varón que se fue a vivir con su padre, mientras ella se hacía cargo de sus hijas para sacarlas adelante. Ninguna estudió más allá de la primaria y muy jóvenes se casaron. Una enviudó. "A la otra le va bien con su marido", y la tercera hace poco menos de un año que regresó a la casa después de "juntarse" unas tres ocasiones. Su hija Claudia padece de poliomielitis en una de sus piernas. Durante toda su vida vivió sin problemas. Pero el problema se agravó y hoy en día le es prácticamente imposible valerse por sí misma para trasladarse de un lugar a otro y ello la mantiene postrada en una cama. María ha hecho todo lo posible por arrimarle atención médica y su única opción fue el Centro de Salud del Estado, donde si bien es cierto, el costo de la consulta es baja, los medicamentos y el tratamiento en general resulta muy oneroso y ella no tiene a veces ni para comer. Claudia tampoco soporta ya los dolores y es necesario "sedarla" una vez cada tercer día y los medicamentos son muy caros. Sus compañeros del Colectivo Morelos la han apoyado, pero no es suficiente. En la última consulta a María le dijeron que su hija tenía que ser intervenida quirúrgicamente y que de acuerdo a sus necesidades, su única opción era trasladarla al Hospital General de Saltillo, porque aquí no se cuenta con el equipo necesario para hacer la intervención. Cuesta, y ¿cómo hacerle?, solo Dios sabrá, opina. El caso de María Remedios Escareño Ramírez es solo uno de los cientos que viven las mujeres en una ciudad donde se supone que la pobreza extrema está desterrada, pero la realidad es otra. Sin embargo, cuando muchos habríamos claudicado con menos de lo que le ocurre a María, ella conserva el temple, la energía a sus casi 70 años y una fe inquebrantable en la gente y en su país, que ni duda le cabe, asegura que "pronto saldremos adelante". María no necesita reconocimientos para ser considerada una mujer de esas que mantienen a flote nuestra nación en medio de la crisis económica y la inseguridad, lo que necesita es ayuda urgente, aunque no la esté solicitando porque asegura "todavía puedo trabajar".


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