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¡Cómo vivió la abuela mexicana la gran fiesta del 2 de julio (las elecciones pues)!

03/07/2012 13:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Duele, pero en medida de que no sólo entendamos y seamos afines a una postura pro desarrollo real y sustentable, sino que llevemos a la práctica de forma consciente, congruente, siempre y sin excepciones..

¡Cómo vivió la abuela mexicana la gran fiesta del 2 de julio (las elecciones pues)!

Una opinión para llevar…

Supongamos que estamos todos sentados a la mesa, la gran mesa de la casa de la abuela (por no dejar), es el gran festejo y todos estamos invitados, todos, así como nos gusta en mi México querido, desde la familia directa de la abuela, los tíos aquellos que de niños alcanzaron a escuchar de primera mano las leyendas e historias de la sacrosanta revolución, vinieron también los familiares que le sobreviven al abuelo, un hermano perdido, que en su momento era el más pequeño, están también, claro, todos los hijos que la abuela con su adorado y ahora difunto Don Miguel procrearon, todos y cada uno de sus incontables hijas e hijos, con sus respectivas parejas (que aún les viven), con el cuñado que nunca se pierde celebración alguna, con la consuegra que nunca deja a su princesa sola, y con ellos todos los nietos, los chicos y los grandes, los del campo y la ciudad, los que han salido adelante y los jodidos, los que trabajan en el gobierno, los que venden en la plaza pública, los de la gran trasnacional, y también los que a penas están estudiando, ya sea para médicos, abogados o lo que sea que dios, su bolsillo o el sistema educativo les permita, pero claro, de último momento alcanzó a llegar ese viejo amigo extranjero que conoció un buen día de marzo (de ese año en que el dolar se convirtió en importante), en el viejo tranvía de la ciudad, todos, hasta el viejo pulgas, el perro que milagrosamente vio crecer a las gemelas favoritas de la abuela. Estamos todos, o sea todos todos.

De pronto entra por la vieja puerta de madera, esa de roble blanco, que el abuelo tallo con sumo amor al arte y apego al hambre (no había dinero para traer una ya terminada del pueblo), Celestina con un gran lechoncito recién cocinado, deliciosamente decorado y con un aroma que hasta al más vegetariano le haría perder la razón, obvio todas las miradas, después de las olfateadas y salivadas se dirigieron a Celestina, corrección, al lechoncito bocarriba con manzanita en el hocico, ella con toda la propiedad de una mujer encargada de la cocina y sabiendo el manjar que les lleva a la mesa, les pregunta abierta y directamente ¿quién tiene hambre?, respuesta preliminar, todos dijeron al unísono “yo”, respuesta “real”, el viejecillo extranjero se abstuvo, ¿por qué?, nomás pa no ser obvio.

Acto seguido, todos sin premura y sin reparo, se dieron el atracón más delicioso de su vida, a salud de la honorable y siempre bien mentada abuela, del lechón ni el jugo quedo.

Entra de nuevo Celestina con un par de botellas de cristal ahumado bastantes generosas en su tamaño, y antes de lanzarles una nueva pregunta, se permite disfrutar del resultado de su manjar antes presentado y ahora ya devorado, de un vistazo fugaz se percata de que todos los convidados, están tan satisfechos, que cambiaron la charla de sobre mesa por un juego de miradas tibias y pecadoras, ahora si, habiendo llamado su atención, les pregunta ¿quién apetece un buen vino para la digestión?, respuesta preliminar “yo” todos, respuesta real, claro con las excepciones que el digestivo amerita, no niños, no adultos con problemas de presión, y no aquellos que por mala fortuna tienen el mal del borracho en la cama, el que después de una copa se vuelve don Juan, después de dos se vuelve Casanova, pero después de cinco se vuelve incongruente, inoperante, o sea hombre pues al que pacabarla todo se le olvida. Total que de nuevo técnicamente todos o sea todos, dijeron “yo”.

Pero de repente el tío Andrés dice, ¡hey!, falta lo mas importante (para cualquier festejo), el pastel, a lo que todos sin necesidad de pregunta, gritan "yo quiero", después de esto, don Andrés y la Celestina cada uno por su parte se disponen a terminar de agasajar a los comensales.

Hasta aquí, mientras todo fluye con tranquilidad, sin el menor esfuerzo y con toda la comodidad de una anfitriona de lujo, amerita.

Pasan las horas, y el festejo toma el curso normal de la gran fiesta mexicana, desde el baile hasta el acongojo, desde la charla hasta el griterío, desde el chiste hasta el llanto, de la historia de amor a la alta traición, del abrazo al empujón, del te amo al vete al diablo, del cacique al intestado, de la vida a la muerte, de la sobriedad a la estupidez, del bienvenido al apestado, en fin, normal.

Pero consecuencia de ese desenlace normal, poco a poco todos esos invitados que en su mayoría decían “si” o “yo” a todo, fueron haciéndose menos, ya fuera por que el alcohol los fue tumbando, por que los niños ganaron la batalla o por que la pareja dijo ya me aburrí, se fueron yendo, y sólo quedo lo que podríamos llamar una mayoría representativa de la gran familia de la soberana abuela.

Y es que cómo va a ser diferente, si todo lo vemos como una gran fiesta, y cuando no, la hacemos

Pero la noche no entiende de almas y transeúntes y siguió su curso, y con ello la felicidad desbordando, las pasiones entendiéndose y las mascaras cayendo, de pronto la abuela que como buena matriarca mexicana seguía en pie al grito de guerra, de pronto les dice, bueno mis hijos, necesito que me ayuden a llevar a su tío Carlos, que como siempre y después de media noche como por embrujo de luna comienza a decir improperios y platicar de sus grandes batallas y a embaucar a propios y extraños, aunque eso si, siempre sobrio (el león no es como lo pintan), pero a la abuela de esa gran mayoría, ya no todos dijeron yo, solo algunos que al fragor de la noche y que al grito de yo no me dejo y no tolero ni la actitud y acciones de don Carlitos, se fajaron los pantalones o sujetaron las faldas y se fueron a por el, a llevárselo aún y en contra de su voluntad al cuarto mas lejano de la casa, a donde, ya no digamos no moleste a nadie, sino donde nadie se moleste con lo que dice o hace, y es que no es lo mismo, que lo bailen a uno, a quedarse a ser bailado.

La abuela ya previendo la mañana siguiente y viendo que los demás se están aperplejando, les dice pero a ver chiquitos bellos, y quien me va ayudar a dejar todo esto brillando como al principio, recuerden que su abuela ya no esta para andar levantando el tiradero de su prole (o sea su decendencia), y la pobre Celestina con problemas nos hace un guiso cada misa de gallo, los que se llevaron a Carlos a la..., a la, habitación mas lejana se justificaron con el típico “nosotros ya nos llevamos a nuestro tío Charly (pa los cuates)”, los que llegaron tarde, “ah no, nosotros no lo hicimos”, y con eso, ahora solo los que gustan de tener las cosas limpias y re lustrosas, dijeron yo, uno a uno por que no saben ni entienden de ponerse de acuerdo, fueron limpiando lo que ellos creían se tenía que limpiar, lo que no, ni lo pelaron y otros como el Vicentico, no más ni las manitas se ensuciaron.

Pero nunca faltan ni se sobran gentes dice la abuela, y si, no faltaron los que por quedar bien en la familia y sobre todo con nuestra ya recorrida abuela, dijeron pues yo le hago a que le hago, otros que nosotros arreglamos las flores y los cuadros que se cayeron en la bailada, y mientras tanto el extranjero al primer intento de levantar a ayudar, tuvo que sentarse de nuevo, por que en la casa de la abuela, a los invitados se les atiende y se les despacha, dejaramos de ser mexicanos.

Total que ya entre los que hacían y se hacían, la abuela como siempre feliz por tener a toda su raza reunida, les dice a los que quedaban, y quién me hace fuerte para la próxima fiestecita, y es que es santo de don Miguel y con ello la renovación de votos, y de esa mayoría representativa, ninguno dijo yo, pero si se fueron armando tremendo alboroto, comprometiendose a decirle a los que ya se habían ido, que les tocaba la pachanguita y de paso el circo y la maroma también, total que a fuerza de ser los mismos, ya hasta dormidos saben de que pata la mesa cojea.

Y a todo esto los nietecillos que aún estaban despiertos, simplemente murmuraron, y es que cómo va a ser diferente, si todo lo vemos como una gran fiesta, y cuando no, la hacemos.

Duele, pero en medida de que no sólo entendamos y seamos afines a una postura pro desarrollo real y sustentable, sino que llevemos a la práctica de forma consciente, congruente, siempre y sin excepciones, los principios y preceptos aquello con lo que nos identificamos o que consideramos lo mejor, no habrá un avance sustentable, por que al final de cuentas, simple y sencillamente, hay que entender no es de arriba hacia abajo, ni de afuera hacia adentro, sino todo lo contrario. Ah!!! y no sólo en días de pascuas!

Afortunadamente son más los mexicanos que lo están cambiando, y me enorgullezco de formar parte de ellos.

Fernando H. Avilés

Presidente

Asociación Mexicana de Resiliencia

Twitter: @fhermexico

Pero consecuencia de ese desenlace normal, poco a poco todos esos invitados que en su mayoría decían “si” o “yo” a todo, fueron haciéndose menos

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Amerse A.c. (34 noticias)
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