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Voces, la tormenta que llegó del cielo. El cántico de Caliyuri

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16/08/2017 07:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las sombras de la noche, resultaba inexpugnable, estrellas y luces abiertas indicaban el camino a seguir

Fuente Literaria/ Relato de Ciencia Ficción/ Fase 2 .5

Voces, la tormenta que llegó del cielo. El cántico de Caliyuri

Las sombras de la noche, resultaba inexpugnable, estrellas y luces abiertas indicaban el camino a seguir. Era la hora de partir, pequeñas naves rotativas llegaban de otros poblados a los campamentos y pistas de aterrizajes, los dragones vigilantes en el castillo, humeaban por su boca, un fuego de mucha luz, abajo el pueblo pasando hambre porque los alimentos son muy costosos.

Había poca comunicación, los transmisores repetían poca frecuencia, los aires tomados por galápagos que bajaban y subían de los puertos de aterrizaje, movimientos de resistencia en todo el espacio territorial.

Bastaba cerrar los ojos, años perdidos para que un personaje hundido en sus entrañas forjara con su pobre discurso de amenazas a la miseria a todos los residentes, donde ejercía sus funciones de gobernantes, tomó alianzas con los adversarios y dio fuentes de riquezas que preconizaron el delito.

Un minotauro resbalo en el último escalón de la empinada montaña para dar paso al valle, ya el agua caída por el roció del amanecer nos oxigenaba, una pareja de centauros traídos de Tandil, ayudaron a equilibrar el enorme cuerpo y el paso fue más lento, la comida escaseaba y los cocineros hacían lo imposible por preparar alimentos. Uno de ellos, cayó de bruces en la cocina improvisada del atardecer y recordaba el viejo muelle de su pueblo de mar en Argentina y como subía los escalones de las escalinatas buscando con paso firme el rumbo de su hogar.

LLa gente caía muertas por los tajos que dejaba las cuchilladas, todos los extranjeros que eran de la alianza bélica del enemigo invasor reflejaban el mismo comportamiento, jóvenes del campamento fallecían gaseados o caídos por el fuego laser que ardía en su cuerpo.

El centauro hembra se desvanecía, la temperatura en el valle es muy fuerte para ella, su lugar de origen es muy templado, siempre me acompañaba, los tome como pareja en otra galaxia, cuando mi nave tenía mucho poder en sus reactores, pero el surtidor de repuestos, no suministro más herramientas y repuestos a nuestra galaxia por asuntos ideológicos, nuestro mundo se dividió en tres tabletas de poder y mi región poseía muchas riquezas, pero la población muy pobre y extranjeros cedulados que se reorganizaron internamente en fuerzas de lucha. Todo es confusión. Aeronaves bajaban una soldadesca para morir, entre ellos mismos. Ya no habrá paz, en mi tierra, Las banderas se alzaban con otros mensajes de paz.

La brisa, revoleteaba las cabelleras. Hicimos una parada en una vieja catedral de roca para orar, la luz del día crispaba sobre nuestros cuerpos. Un río cercano del parque Humbretor, sirvió de descanso para bañarnos y refrescar los animales, todo es ya, olvido.

Las cornetas de la guerra zumbian a lo lejos, los dragones defendían el castillo del Cerro Azul, remonto el camino para obtener los anillos de fuego e irme al descanso, siguiendo las líneas del malecón y las gaviotas que en manadas migraban en busca de sosiego y tranquilidad por la llegada del verano.

El invasor, solamente pensaba en sus cohetes, jamás en el pueblo. Sobre si, llevaba la carga de muchos cadáveres, todo, era bueno, ante tal situación, ya un mendrugo de harina para amasar, costaba un denar, imposible pensar en el desarrollo.

El tabaco, se traficaba entre las montañas para su venta a mercaderes que provenían de otras tierras en viejos bergantines, había unas hojas sueltas que la utilizaban como pipas, luego de ser amasadas entre sí. Costaba muchos denares obtenerla, pero era un gran negocio, entre quienes ostentaban el poder y era resguarda esa mercancía entre grupos de personas que eran soltadas de los sótanos de las viejas casonas de la prisión y se les daba libertad, bajo tal razón.

Ya, los sabios no tienen poder y quienes lo regentaban, eran tratados como delincuentes, azotados y expulsados de la región.

Estamos gobernados por la luz y las sombras. Es necesario reunirse y afinar estrategias para discernir un pensamiento común que, en verdad nos lleve a la paz, no con estos gobernantes que se desviaron al ver las riquezas de nuestro suelo patrio.

Retomamos el camino de los acantilados y llegar a la gran línea del malecón para tomar el curso de las gaviotas y pescar, tener alimentos accesibles, ya el valle estaba desolado, nadie producía, los alimentos eran traídos en viejos bergantines y acorazados, los filibusteros se llenaban de morocotas y denarios, se llenaban las cestas de contrabando, hojas de tabaco, café, cacao y cuanta animaleja encontraban en el camino. Eran brutales y poco raciocinio.

Los gritos, se escuchaban a lo lejos

Proseguimos el viaje, buscando el mar.

No hay tiempo, al pensar en romanticismos.  El sonido de los monos y chimpancés es enervante, buscan trozarnos el poco alimento que llevamos. Deseo aparcar, no hay momentos para el romanticismo, nos tienen prisioneros y encerrados en un mundo silencioso, sin radio, pocos canales televisos y poca intensidad en el internet, es una burla a nuestras conciencias.

Nuestra tierra es hermosa, muy rica en historias y anécdotas, lo acabaron todo en apenas dos años.

Los violinistas, quedaron atrás. Un silencio los abrazaba, falta uno de ellos, su rebeldía, lo hizo bajar al campamento y tocar entre la muchedumbre, le habían regalado un hermoso violín nuevo, la música tranquiliza a las masas.

Días de inquietud e incertidumbre, en los poblados, muchas personas adquiriendo alimentos y agua. Pocos viajantes en las aeronaves de paseo a otros sistemas de vivencia, no había denares para transitar, la mentira, convertida en verdades hacia estragos.

Las épocas, son inciertas. De niño me recuerdo el malecón con sus retretas. Los vientos cruzados en la planchita, las noches de mareas altas y el zumbar de los barcos. Los que vivimos esa época, quedamos absortos al ver una máquina de guerra, no podía entrar al muelle por su gran dimensión, se encontraba calado fuera del área de peritaje del muelle y pequeñas barcazas iban y venían. No podemos olvidar esos momentos, pero, la vida, no termina aquí. El gran dictador falleció meses atrás, al igual que su discípulo, otro tiempo atrás. La maldad, cubre la zona del Caribe.

Tengo en mi mente, frases sueltas y como viudo debo avanzar el tiempo, somos nada. Debo teletransportarme. Hay, una mujer que deseo me acompañe para traspasar el umbral de la eternidad, debo adecuar y sintonizar mi alma a esa visión. A este planeta, le queda poco tiempo. Las incongruencias ideológicas del hombre lo llevaron a su autodestrucción ecológica.

Vuelve atardecer, la luna llena nos da luz, el minotauro inquieto por lo largo del viaje, anda incómodo y el centauro hembra, preñada, nos lleva a otros caminos del amanecer.

A lo lejos, en el malecón de Tandil, se escuchan la música de los violines y violencillos, las letras de Ana Caliyuri, que, con su voz, apaga la noche y abre el surco de las estrellas. Sentémonos en la rueda del parque para surcar nuestra imaginación en su puño y letra, con su cántico a viva voz.

Argentina, es tierra de diosas. Materializan espiritualmente sus encantos con la escritura, un mundo que le da formas a nuestras potencialidades internas. Nacimos en un Continente rico, lleno de una gran diversidad de cortejos y somos un paisaje, lleno de diálogos, entre ellos, la palabra versificada y escrita llena el alma y nos conduce a la tranquilidad de las montañas, cristalizada por las aguas de los ríos y el mar, cuyo vuelo de gaviotas, nos llevan a vocear, lo sensible de nuestras almas.

La idea junguiana de los arquetipos es muy pertinente. Si existían los dioses por fuera, quién sabe, pero responden a energías internas, a sensibilidades, a modos de percepción, de relacionarlos y querer las cosas.

 

He sentido, deseo descansar y lograr nuevas energías

Deseo pelear la gran batalla y escuchar tus poesías.

Solo, puedo creer en tus voces, pluralidad de palabras,

Tengo que vivir, me queda solo una cruz y tres anillos

Es una única esperanza, me toca pelear la gran batalla

Es llevar mi cruz, los anillos de fuego y la disposición.

Es que me hables en poesía tu palabra jamás tendrá fin.

Debo sobrevivir y ver tus letras, plasmadas en mi alma y

 

Es sentir. Un revoleteo del mar y las gaviotas, los centauros

Y la ilusión de amar, en el malecón.

Emiro Vera Suárez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (78 noticias)
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Opinión
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