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Fue Xavier Villaurrutia figura central de la cultura mexicana

26/03/2011 05:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Protagonista de la vida cultural de su país, a través de su propia obra y de la participación en proyectos de primer orden como las revistas “Ulises” y “Contemporáneos”, el escritor mexicano Xavier Villaurrutia nació el 27 de marzo de 1903. Xavier Villaurrutia González, su nombre completo, vio la primera luz en la Ciudad de México, donde fue alumno en el Colegio Francés y en la Escuela Nacional Preparatoria. Abandonó muy pronto los estudios de Jurisprudencia para consagrarse por entero a la literatura. Junto con otros intelectuales mexicanos, como el poeta y dramaturgo Salvador Novo, fundó las revistas “Ulises”, en 1927, cuyo nombre es un homenaje de admiración al escritor irlandés James Joyce, y “Contemporáneos”, en 1928. La última marcó un hito fundamental en el panorama de la literatura mexicana, al aglutinar a un grupo de magníficos poetas comprometidos en una tarea de depuración lingüística y de apertura y renovación del quehacer poético, del que por supuesto tomó parte. En este marco se inscriben los versos de sus “Nocturnos”, publicados en 1933 en el poemario “Nostalgia de la muerte”, que recurren a la ensoñación, a un mundo onírico en el que el autor da libre curso a sus interrogaciones existenciales. Un universo móvil y cambiante, cuya ambigüedad es puesta de relieve, y al mismo tiempo magníficamente por un juego de palabras, distintivo del estilo del poeta toda vez que utilizó el doble valor del vocablo como sustantivo y forma verbal. A decir de los expertos, en su visión de la muerte se percibe el concepto calderoniano de "la vida es sueño", concibiendo el tránsito final como un despertar. El tema de la muerte, tan propio de la literatura en español, adquirió en Villaurrutia una expresión inusitada, con frecuentes imágenes de cuerpos vacíos y de sombras humanas, de genios que sueñan que son hombres. Su poesía otorgó una indiscutible importancia, una sugerente función inspiradora, al principio del error freudiano y a la técnica, utilizada ya por los surrealistas, de la inconsciente asociación de ideas potenciada por un mismo fonema, que alude a planos muy distintos de la experiencia. La palabra adquiere así un carácter casi fantasmagórico, que actúa como un espejo donde el poeta se ve siempre devuelto a sí mismo en un insatisfactorio vaivén lleno de ansiedad, revelador de una carencia que es la propia esencia del vivir y que sólo puede concluir con la muerte. Su breve obra poética, que los estudiosos consideran la parte más perdurable de su labor, se completa con “Décima muerte y otros poemas”, volumen en el que Villaurrutia contempla desesperanzado la nada que le acecha, y “Cantos a la primavera y otros poemas”, publicados póstumamente, en los que parece brillar cierta esperanza de trascendencia, una salida humana a la soledad y la muerte. Se le atribuye además la renovación del arte escénico mexicano. En 1935 y 1936, becado por la Fundación Rockefeller, estudió arte dramático en la Universidad de Yale y, ya en su madurez, se inclinó cada vez más por el teatro. No obstante, a decir de estudiosos, sus obras dramáticas son menos experimentales de lo que podría suponerse, si se considera su producción poética y el interés que Villaurrutia y sus compañeros de aventuras literarias sintieron por las experiencias europeas contemporáneas. Algunos estudiosos han mencionado el parecido de sus obras dramáticas con las de Eugene O´Neill; que tienden más a lo literario que a lo dramático, con muy pocos elementos coloquiales en el diálogo y unas líneas didascálicas muy próximas al terreno narrativo. Sus obras, añaden, inciden en el drama psicológico y abordan temas que giran en torno a las relaciones familiares, además que optó a menudo por situaciones extraídas de los mitos clásicos griegos, trasladándolos a ambientes contemporáneos. Así, en “La hiedra” hace una incursión en el tema de “Fedra”, cuando “Hipólito”, que odia a su madrastra “Teresa” hasta el punto de verse obligado a alejarse de la familia, regresa convertido en un hombre y no la contempla ya como madrastra sino como una mujer deseable, a la que puede amar. Otras de sus piezas teatrales, caracterizadas por su lirismo y carga psicológica, son “Yerro candente” (1944) y “Tragedia de las equivocaciones”, que Villaurrutia no pudo ver representada, pues se estrenó después de su muerte, ocurrida el 25 de diciembre de 1950. Cultivó también géneros como el ensayo (“Textos y pre-textos”, 1949), guión cinematográfico (“La mujer de todos”, 1946), novela (“Dama de corazones”, 1928) y tradujo a numerosos autores, como André Gide, William Blake y Anton P. Chéjov. Destacó también como fundador de empresas teatrales, entre ellas el Teatro de Ulises y el Orientación, que por su carácter experimental tuvieron una indiscutible importancia en el desarrollo del teatro vanguardista mexicano. Esta tarea lo llevó a dirigir la sección teatral del Departamento de Bellas Artes.

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